El Diario Financiero - Desde la Academia
Fecha : 12/3/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
La marca del Sueño Americano es que, en la tierra de la libertad, cualquiera que trabaje duro podrá forjarse una vida digna. La idea de que no son los apellidos ni los contactos, sino el esfuerzo y la propia capacidad los que determinan el grado de bienestar que una persona puede alcanzar ha traído hasta Estados Unidos a millones de inmigrantes, desde los tiempos de los primeros peregrinos. La movilidad social se suele dar por sentada.
“The Working Poor: Invisible in America” (Alfred A. Knopf, 2004), el último libro del periodista y ganador del premio Pulitzer David K. Shipler, desafía la noción, impresa en la mente de los estadounidenses, de que el sudor siempre paga y el “self-made man” está al alcance de todos. Y por añadidura, aproxima a Estados Unidos, al menos conceptualmente, a sus vecinos del sur del Río Grande.
Tal vez la insólita realidad de que tener un empleo de tiempo completo no basta para salir de la pobreza sea lo que ha llevado al libro al nivel de súperventas. La verdad es que en la primera potencia mundial viven 35 millones de pobres. Muchos de ellos trabajan dura y honradamente por ganarse el sustento, sin conseguirlo. Con mucha humanidad y poca ideología, Shipler retrata fragmentos de la vida de algunas de estas personas.
Su cuidadosa investigación periodística incluye el seguimiento de casos por hasta siete años. Aunque entre los pobres la tasa de afro-americanos y madres solteras está sobrerrepresentada, lo cierto es que la pobreza en Estados Unidos es tan diversa como el resto de la población.
Lo que para otros serían pequeños obstáculos
-un problema dental, un vehículo descompueesto- se convierte, en estos
dramáticos relatos, en episodios capaces de desencadenar trágicas
consecuencias. La precariedad de estas vidas hace de la lucha diaria por
desafiar la pobreza una empresa gigantesca y sin esperanzas, una especie de
tragedia clásica.
La inusual y acertada combinación de cifras económicas con íntimos retratos
personales ha contribuido al éxito del libro. Shipler atrae la atención
pública a esta “masa invisible” de trabajadores que no logran superar el
círculo de la pobreza.
Si hay alguna conclusión que extraer de esta lectura es que el Estado tiene una responsabilidad en socorrer a quienes ejercen tareas que, siendo fundamentales, no permiten alcanzar niveles de susbsistencia. Para romper el inexorable círculo vicioso, la acción pública tiene que ser integral, y abordar simultáneamente los distintos problemas que genera y reproduce la pobreza.