Desde la Academia
Fecha : 5/3/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
Samuel Huntington, director del Instituto de Estudios Internacionales de Harvard, es lo más cercano a una celebridad que tiene el mundo de la ciencia política. Su libro de 1996 “The Clash of Civilizations” llegó hasta los primeros lugares en las listas de los más vendidos después de los atentados de 2001 y, todavía más impresionante, a las estanterías de los aeropuertos.
Sus textos se estudian en relaciones cívico militares, política estadounidense y democratización. Huntington acuñó la idea de una “tercera ola” de democratizaciones en los ’90. Su próximo libro, “Who We Are” (Simon & Schuster, 2004), anunciado para mayo próximo, es sobre la inmigración hispana en EE.UU. y sus efectos en la sociedad estadounidense.
Parte del argumento es que los mexicanos son una amenaza para la cultura anglo-protestante del país (una cultura que, debo decir, no es muy prominente aquí en Nueva York), por su bajo nivel cultural, dificultad para asimilarse y rápida tasa de reproducción. Como avance del libro, el último número de la revista Foreign Policy publica un extenso artículo donde Huntington expone sus principales ideas. El texto completo está disponible en www.foreignpolicy.com.
Aunque todo lo que publica Huntington parece destinado a acaparar titulares, la reacción a este libro que aún no sale de imprenta ha sido impresionante: desde profesores y líderes políticos que acusan a Huntington de xenofobia hasta un columnista del Miami Herald que censuró no sólo al autor, sino también a la editorial, asegurando que si se tratara de los negros en lugar de los latinos, habría protestas callejeras en todo el país.
Una sólida crítica al argumento es la falta de datos empíricos. Varios estudios muestran que los hispanos, en contra de lo que dice Huntington, sí se asimilan: en la segunda generación la mayoría habla inglés, y un 63% de los latinos que vive en EE.UU. son bilingües.
La idea de que los mexicanos mantienen mayores lazos con su país de origen que otros grupos queda refutada con la inmigración italiana. Además, el autor no se detiene a analizar las diferencias entre mexicanos y otros grupos de latinos, lo que quita fuerza a sus generalizaciones. Habrá que estar atentos, en el próximo número de Foreign Policy, a la sección de cartas. La revista ya ha recibido toneladas de airadas reacciones.