El Diario Financiero - Desde la Academia, de Claudia Heiss. Fecha : 06/02/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University.


La idea de América Latina como una unidad cultural y geográfica es más visible desde fuera que desde dentro de la región. Por eso, los estadounidenses pueden darse el lujo de usar la categoría de “latino” para agrupar a personas de costumbres y hasta idiomas distintos, que no se consideran emparentadas entre sí.

Con todo, los países de la América española y portuguesa comparten una historia común. En los ejércitos patriotas de la Independencia, chilenos, argentinos y venezolanos peleaban juntos, y líderes como San Martín, Bolívar y José Artigas se desplazaban de lugar en lugar para luchar contra los monarquistas.

Esa historia común es la que relata el profesor de la Universidad de Berkeley Tulio Halperín Donghi en su “Historia Contemporánea de América Latina” (Alianza, 1967). El historiador argentino narra los principales hechos que han marcado a la región desde la Colonia hasta la década de 1980.

Esta versión es hoy en día una de las más habituales introducciones al estudio de América Latina en las universidades de Estados Unidos. Eso, a pesar de que la edición inglesa de Duke University Press apareció sólo en 1993.

El libro, que cuenta ya con 14 ediciones en castellano, es una traducción de la edición número 13 adaptada para el público no latino. Más que imponer una particular interpretación, el autor busca exponer eventos de manera más o menos neutral, para que el lector saque sus propias conclusiones.

El énfasis, sin embargo, apunta a la relevancia que han tenido hechos ocurridos hace cientos de años en el desarrollo posterior de América Latina. La dependencia económica de Europa o Estados Unidos aparece como una constante. La extracción de recursos mineros como motivación para la empresa colonial parece determinar la vida del subcontinente.

Como precaviendo el peligro de inducir a una mirada demasiado determinista, Halperín Donghi advierte al final del libro que América Latina sigue siendo una región joven e impredecible. La historia puede ayudar a explicar ciertos patrones en su desarrollo, pero no justificar la desigualdad o el retraso. Por el contrario, concluye que la experiencia ha sido zigzagueante: una prueba de que no existen soluciones simples para los problemas económicos, políticos y sociales.

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