El Diario Financiero - Desde
la Academia, de Claudia Heiss. Fecha : 30/1/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University.
Normalmente, un libro muy comentado es el que llega a los primeros lugares de ventas, encabeza las críticas literarias y monopoliza las vitrinas de las librerías. Menos frecuente es que una publicación motive titulares y sea acusada de revelar información oficial clasificada. Y ese es justamente el caso de las memorias del ex Secretario del Tesoro Paul O’Neill, “The Price of Loyalty”.
El libro, escrito por el periodista del Wall Street Journal y ganador del premio Pulitzer, Ron Suskind, se basa en entrevistas con O’Neill y en 19 mil documentos del Departamento del Tesoro. Esa secretaría acusa ahora a su ex jefe de revelar información clasificada. El problema surgió cuando un programa de televisión transmitió, en horario estelar, una entrevista donde aparecía uno de los documentos con la palabra “SECRET” estampada en grandes letras.
Suskind asegura que la imagen mostraba la cubierta de un documento clasificado, pero que el documento mismo no venía en el paquete que le entregaron a O’Neill sus colegas del Departamento del Tesoro. El famoso documento se refería a una reunión del Consejo de Seguridad Nacional de febrero del 2001, siete meses antes de los atentados, donde se discutieron planes militares para el manejo de crisis en el Irak post-Hussein.
Haya o no violación del secreto de estado, O’Neill afirma con una autoridad de “insider” de la Casa Blanca que los planes para derrocar a Hussein empezaron en las primeras semanas del gobierno de Bush. Sus comentarios fueron como una puñalada por la espalda para la administración.
El libro no sólo acusa al Presidente de usar el 11-9 como excusa para atacar Irak. Lo describe como una persona incapaz de interactuar con sus ministros: “un ciego en una pieza llena de sordos”. De esta última frase O´Neill ha dicho arrepentirse. Pero no de mostrar públicamente su desencanto con el actual gobierno.
Veterano republicano, ex asesor de Nixon y Ford, O´Neill se sintió defraudado por la política económica de Bush, que considera más fundada en excesos ideológicos que en decisiones técnicas. Y la lealtad a un gobierno por el que volvería a votar, asegura, no puede llevarlo a callar sus convicciones.