El Diario Financiero. Desde la
Academia, de Claudia Heiss
Fecha : 17/10/2003
Claudia Heiss. Political Science Department, New School University
Muchos están enojados con The New Republic. Tanto, que el editor de esa prestigiosa revista política fundada en 1914 se sintió compelido a dirigir una carta a los lectores aclarando su línea editorial. «Hacemos algo subversivo: pensamos por nosotros mismos», ecribió Peter Beinart, a cargo de la sección de opinión desde hace cuatro años.
Pero el origen de la polémica: la posición de la revista sobre la guerra en Irak, se relaciona al parecer con otro nombre más antiguo y más influyente en círculos demócratas: el académico de Harvard Martin Peretz, director de TNR desde 1974, y actualmente retirado del campo de batalla editorial, que reemplazó por un cómodo segundo plano como miembro del directorio.
La palabra “liberal”, que en Estados Unidos se usa como sinónimo de “progresista”, fue la que usó Beinart para defender el ataque al gobierno represivo de Saddam Hussein, es decir, para justificar una guerra de liberación. Pero los suspicaces opinan que la razón de fondo es la cercanía de Martin Peretz con la política israelí.
Como sea, el público lector se sintió estafado. Los jerarcas demócratas no tardaron en acusar alta traición, y la prensa de derecha alabó, por primera vez, los “excelentes” argumentos de The New Republic.
A poco andar, sin embargo, la revista lanzó una portada con la palabra “mentiroso” en grandes caracteres junto a la foto del presidente Bush. Y se tiró en picada contra los débiles argumentos para atacar Irak, el escándalo por la información errónea sobre la compra de uranio africano y la persistente ausencia de las armas de destrucción masiva.
Mientras los medios de comunicación conservadores reaccionaban indignados, la revista trató de abuenarse con sus lectores, alegando su total independencia para opinar. Pero revistas como “The Nation”, en la izquierda, “The New Republic”, en la centroizquierda y “National Review” en la derecha, tienen el fuerte compromiso de un público que busca en ellas razonamientos inteligentes que respalden su visión del mundo.
Sin duda, la calidad de la revista y de sus análisis la hacen atractiva para una gama amplia de lectores.
No hay que concordar en un cien por ciento para apreciar un buen argumento. Pero la polémica por la posición de TNR sobre la guerra en Irak parece indicar que, en esta oportunidad, la revista llevó muy lejos la falta de sintonía con su público, y tal vez tenga razones para arrepentirse.