El Diario Financiero - Desde
la Academia
Fecha : 10/10/2003
Claudia Heiss. Political Science Department, New School University
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Joseph Nye, decano de la Kennedy School of Government de la Universidad Harvard, es más un actor de la política contingente y una figura en discusiones por la prensa que un académico en su torre de marfil. Durante el gobierno de Clinton, fue secretario adjunto de Defensa y dirigió el Consejo de Inteligencia Nacional. Bajo el gobierno de Bush, se convirtió en una de las voces guerreras de las «palomas», que defendían la búsqueda de una solución multilateral al problema de Irak, en contra de «halcones» como Condoleeza Rice, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz. Desde programas de televisión y comentarios en los diarios, Nye lleva ya varios años intentando sentar las bases para una política exterior multilateralista, basada en tres ejes: el poder militar, la economía y la cultura estadounidenses.
En “The Paradox of American Power” (Oxford University Press, 2002) Nye retoma su tesis de que existe un “poder duro”: el de las armas, y “poder blando”: el de la cultura y las ideas. “Poder blando” es la capacidad de hacer que otros quieran lo que uno quiere. Autores “realistas” como Robert Kagan (“Of Paradise and Power”, comentado en esta columna el pasado 11 de abril) pierden una parte importante de la escena al considerar sólo una dimensión, la del “poder duro”, en un mundo tridimensional. La superioridad militar no es suficiente, dice Nye. El “poder blando” de Estados Unidos es la fuerza de su sociedad abierta, sus universidades y su cultura popular, y las oportunidades económicas que ofrece. Pero esos atractivos pueden generar anticuerpos en grupos fundamentalistas. Y la forma de mitigar tal reacción es la cooperación.
A pesar de su incuestionable superioridad bélica, la superpotencia no puede enfrentarse sola al mundo. Debe formar coaliciones y entablar un diálogo multilateral. Nye no cuestiona la hegemonía estadounidense, pero cree que Estados Unidos debe al mismo tiempo liderar y cooperar. Por eso, advierte del peligro de una política exterior que combine unilateralismo, arrogancia y parroquialismo. La tentación del unilateralismo aparece como una amenaza que puede debilitar la posición de Estados Unidos. El combate al terrorismo, por ejemplo, requiere un esfuerzo conjunto de la comunidad internacional. La paradoja del poder norteamericano es que la Roma del siglo 21 no puede imponerse unilateralmente en un mundo global.
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