El Diario Financiero
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Desde la Academia, de Claudia Heiss
Fecha : 3/10/2003
Claudia Heiss, Political Science Department
New School University
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Paul Krugman, el ácido columnista del New York Times, acaba de lanzar una recopilación de sus comentarios sobre política y economía publicados principalmente entre el 2000 y el 2003. Pero «The Great Unraveling: Losing Our Way in the New Century» (W.W. Norton, 2003) es mucho más que una suma de epítetos lanzados, en su momento, contra proyectos de ley para recortar impuestos al capital o contra las excusas para atacar Irak: es la triste historia de una gran oportunidad perdida.

Krugman se pregunta, exasperado, cómo pudo la máxima potencia mundial pasar de récords históricos de crecimiento, productividad y superávit a comienzos del milenio, a la catástrofe económica de hoy. El asunto, dice, va más allá de la burbuja de las punto com o las políticas de Alan Greenspan.

La sociedad estadounidense está a merced de élites empresariales y políticas que han perdido todo sentido de la decencia. El Presidente Bush miente, los errores no se pagan, los asesores de gobierno sortean escándalos por conflictos de intereses sin perder su puesto y los “CEOs”, hasta hace poco los héroes del milagro económico, muestran su verdadero rostro de villanos.

Desde mayorías en el Congreso, en la Casa Blanca y en el poder Judicial, la agenda de los neo-conservadores no se compone de medidas pragmáticas, sino que constituye un proyecto de largo plazo orientado a destruir los remanentes del estado de bienestar y el New Deal del Presidente Roosevelt. Y eso pasa por desmantelar la seguridad social, el seguro de desempleo y los programas de protección de salud.

Luego está la agenda religiosa. Algunos republicanos han dicho que defienden posiciones “bíblicas” y se han manifestado en contra de que se enseñe la teoría de la evolución en las escuelas.

En suma, Krugman cree que, ante la mirada ingenua del público moderado, la derecha radical está avanzando un proyecto revolucionario que amenaza seriamente la democracia estadounidense. Sus líderes “no aceptan la legitimidad del actual sistema político”, y no tienen problema en tergiversar sus objetivos con miras a avanzar su programa ideológico. El problema es que los estadounidenses, acostumbrados a la estabilidad política, simplemente se niegan a creer lo que está ocurriendo frente a sus narices.

La versión es apocalíptica. El tono quejumbroso no parece el más adecuado para motivar a la acción a esas masas cuya apatía saca de quicio al autor. Pero los argumentos esgrimidos en estas más de cien columnas son poderosos, y la articulada exposición de la introducción hacen que valga la pena su lectura, incluso para los krugmanianos que, con esta recopilación, se repiten el plato digerido de a poco en los últimos tres años.

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