El Diario Financiero
D
esde la Academia, de Claudia Heiss
Fecha : 25/7/2003
Claudia Heiss. Political Science Department
New School University
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El totalitarismo es un fenómeno del siglo XX. Lo que varios autores definen como el «siglo corto» se inicia en 1914, con la Primera Guerra, y termina en 1989, con la caída del muro de Berlín. En su libro «Terror and Liberalism» (W.W. Norton, 2003), Paul Berman afirma que esa errónea idea contribuye a la dificultad intelectual para entender el fanatismo islámico asociado al terrorismo suicida.

Berman, colaborador del World Policy Institute (afiliado a la New School University) y columnista de The New Republic, sostiene que esta mirada sesgada ha dado pie a que el liberalismo se autoproclame, injustificadamente, vencedor sobre los totalitarismos del pasado. En cambio, propone buscar en el romántico terrorismo anarquista de comienzos del siglo XX el origen de los métodos de lucha de los movimientos islámicos y pan-arábicos, y entender sus ideologías como una continuación en la zaga del estalinismo, el fascismo, el franquismo o el nazismo.

En textos del ideólogo egipcio Sayyid Qutb, Berman encuentra contundentes coincidencias con esas doctrinas occidentales. Todas ellas descansan en el mito de un pueblo de Dios (el proletariado o la raza aria), sus oponentes que comercian con los valores más sagrados y contaminan la sociedad (la burguesía o los judíos), y la promesa de un estado futuro de paz y armonía, tras la derrota de este enemigo (el Reino de Cristo o el Tercer Reich). “Franco se presentaba como un caballero medieval de la Cruzada Cristiana, y Sadam se presentaba como una figura del árbol familiar del Profeta Mahoma”, dice.

Los grupos terroristas islámicos y pan-arábicos deben tanto al mundo musulmán como a la educación occidental de sus líderes. La mayor parte de ellos han estudiado en las grandes capitales europeas y de Estados Unidos. Su justificación del terrorismo no es más que el regreso, a través de una mirada islámica, de conocidas doctrinas occidentales.

Aunque Berman es convincente con respecto a los fundamentos totalitarios occidentales del terrorismo islámico y nacionalista árabe, el libro no deja espacio para ninguna responsabilidad de las sociedades liberales en el desarrollo de estos movimientos. Berman afirma que “los movimientos patológicos de masas existen”, al tiempo que descarta como ingenuo cualquier intento por racionalizarlos. Como si fuera un sacrilegio sugerir que la exclusión y la marginalidad tienen relación con la expansión del terrorismo suicida.

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