El Diario Financiero - Desde la Academia con Claudia Heiss
Fecha : 11/7/2003
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
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Los estadounidenses celebraron el viernes pasado 227 años de independencia nacional. Muchos se vistieron (literalmente) con las barras y estrellas de la bandera para ir a ver los fuegos artificiales con que tradicionalmente se festeja el 4 de julio. Las manifestaciones de fervor patriótico se han venido intensificando en los últimos años. En medio de las ruinas del World Trade Center, los rescatistas pusieron en forma espontánea una bandera. Después de los atentados del 11 de septiembre, las guerras en Afganistán e Irak contribuyeron a mantener presente la solemnidad de los símbolos patrios en la vida cotidiana de las personas.

¿Pero qué quieren decir estos símbolos? ¿Encierran realmente una visión compartida sobre lo que significa ser estadounidense? Es lo que discute la historiadora de la Universidad de Berkeley Cecilia O’Leary en su libro “To Die For: the Paradox of American Patriotism” (Morir por la patria: la paradoja del patriotismo americano).

El libro busca en el período que va entre la Guerra Civil de 1861 y la Primera Guerra Mundial las claves para entender cómo se han construido, en la historia de Estados Unidos, los conceptos de identidad nacional y lealtad a la patria. La autora se pregunta cómo han entendido hombres y mujeres, blancos y negros, su pertenencia y lealtad a los Estados Unidos. Y estudia dos instituciones surgidas tras la Guerra Civil para cultivar el heroísmo y camaradería de la guerra: el Gran Ejército de la República, una organización de veteranos fundada en 1866, y su equivalente para las mujeres, el Cuerpo Femenino de Socorro.

A partir de la guerra con España de 1898, el patriotismo inclusivo de la Guerra Civil pierde terreno en beneficio de una definición que equipara al patriota con el hombre blanco. “El Sur blanco ganó, en la arena cultural, lo que había perdido en el campo de batalla”, dice la autora.

O’Leary explora la relación entre nacionalismo y derechos ciudadanos, y concluye que los norteamericanos se debaten entre una imagen marcial y autoritaria de la patria, que considera todo cuestionamiento como una traición, y otra vinculada a valores nacionales como la equidad y la democracia. El patriotismo estadounidense es, finalmente, un fenómeno cultural y político en contínua redefinición, y en constante tensión entre una versión original integradora y otra, posterior, excluyente.

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