El Diario Financiero
Desde la Academia con Claudia Heiss
Fecha : 27/6/2003
Claudia Heiss, Political Science Department New School University

En 1963, a sólo tres años de asumir la presidencia y a sus 45 de edad, fue asesinado el presidente John F. Kennedy. Más de 60 libros sobre el más glamoroso de los presidentes de Estados Unidos han tratado de explicar el proceso social que desencadenaron fenómenos tan marcadores como la Crisis de los Misiles de 1962, el desastre de Bahía de Cochinos y la guerra de Vietnam.

Así como en Chile seguimos tratando de entender el golpe militar de 1973, un tema recurrente en la producción bibliográfica, los estadounidenses vuelven una y otra vez a su presidente-príncipe. El último episodio de esta interminable zaga es la nueva biografía "An Unfinished Life" (Una vida inconclusa), del historiador de la Universidad de Boston Robert Dallek. Pero a estas alturas, ¿qué de nuevo se puede decir sobre JFK y su gobierno?

El libro atrajo la atención pública por la nueva información sobre un affair entre Kennedy y una estudiante en práctica en la Casa Blanca de 19 años. Pero su principal aporte son los inéditos detalles sobre la salud del Presidente. Dallek tuvo acceso por primera vez a los registros médicos de Kennedy, y se encontró con cosas sorprendentes. Problemas intestinales, fuertes dolores de espalda y la enfermedad de Addison mantenían al presidente en permanente dolor y lo obligaban a tomar más de diez medicamentos al día, alguno de ellos adictivos.

Kennedy no podía darse vuelta en su cama, ni ponerse los calcetines, ni estirarse para alcanzar un papel en su escritorio. Los problemas de salud que lo aquejaron desde la adolescencia fueron sigilosamente ocultados por la familia. Dallek discute cómo este hombre tan enfermo se convirtió en la imagen del vigor y la salud ante millones de norteamericanos. Y especula cómo se las arregló para realizar las proezas sexuales que lo hicieron famoso, estando casi inmovilizado por el dolor.

El autor detalla los riesgos que corría Kennedy por sus aventuras amorosas, alaba su actuación en la Crisis de los Misiles y describe sus fracasos legislativos, en particular en el tema de los derechos civiles. Pero concluye que su mala salud y arriesgada conducta sexual no afectaron su desempeño en la Casa Blanca, y que más bien merece un reconocimiento al estoicismo con que soportó el dolor físico que sufría. Una afirmación que ya está siendo cuestionada por otros historiadores estadounidenses.

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