El Diario Financiero
Desde la Academia con Claudia Heiss
Fecha : 20/6/2003
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
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El culto a los “padres fundadores” y la veneración de la Constitución de 1787 son los pilares de la cultura política estadounidense. Quién mejor que Robert Dahl, un reconocido experto en teoría democrática, para la herejía de cuestionar los textos sagrados.
En su último libro “How Democratic is the American Constitution?” (¿Cuán democrática es la Constitución Americana?), Dahl sostiene que la Constitución estadounidense fue producto del trabajo de un grupo de hombres notables, pero no infalibles. ¿Por qué, si el sistema presidencial estadounidense es bueno y estable, no ha sido copiado por ninguna democracia avanzada en el mundo?, se pregunta.
En un país que, por ostentar el título de primera democracia moderna, se ha auto-impuesto la tarea de exportar el modelo, no está de más la observación de que el sistema democrático republicano tiene muchas formas distintas de expresarse. Y en varios aspectos, la experiencia de otros países desarrollados ofrece mejores soluciones que la Constitución estadounidense.
Dahl cuestiona la igual representación de los Estados en el Senado, que sub-representa a los ciudadanos de los estados más poblados. Critica el sistema de colegios electorales para la elección presidencial, que hace que en ocasiones el candidato con menos votos se convierta en presidente. Y sostiene que la capacidad de juzgar la constitucionalidad de la ley otorga a la Corte Suprema un poder desmedido y sin contrapesos que se traduce, en la práctica, en una facultad casi legislativa. En última instancia, no son los deberes y derechos escritos en un papel, ni la sabiduría de quienes los escribieron, los que dan fuerza a la Constitución, sino la cultura democrática de los estadounidenses. “Fue el pueblo americano, y los líderes que respondían a él, lo que determinó que la nueva república se convirtiera pronto en una república democrática”, dice Dahl.
Las imperfecciones de la Constitución de Estados Unidos son, en este libro, una forma de mostrar que la verdadera legitimidad de las instituciones está en su capacidad de dar respuesta a las necesidades de participación democrática e igualdad política. Cuando se trata de estudiar reformas constitucionales, el análisis de Dahl apunta a una mirada a estos elementos, más que a los intentos por permanecer fieles al origen y a las intenciones de los constituyentes.