El Diario Financiero
Desde la Academia con Claudia Heiss
Fecha : 13/6/2003
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University.

Cuando se discuten reformas al financiamiento de campañas electorales, es frecuente la propuesta de hacer públicos los montos y la identidad de los donantes, para que el público pueda fiscalizar. Por ejemplo, si un parlamentario recibe el apoyo de un inversionista pesquero y luego vota cambios a la ley de pesca que benefician a ese inversionista, el electorado podría presionar y, en última instancia, no reelegir al parlamentario, si detecta que está haciendo un uso indebido de su papel de representante.

Pero ¿qué pasaría si, en lugar de asegurar la publicidad en el financiamiento de campañas, se optara por el camino contrario: su total anonimato? Es lo que proponen los académicos de la Universidad de Yale Bruce Ackerman y Ian Ayres en su reciente libro “Voting with dollars” (Votando con dólares). La idea es que, así como el voto secreto eliminó las presiones indebidas sobre el elector, las contribuciones secretas serían una forma de evitar presiones de los donantes sobre los candidatos una vez electos.

Los autores critican los modelos de reforma al financiamiento electoral que se discuten hoy en Estados Unidos y que, por lo general, incluyen limitar el gasto en campañas, reemplazar lo más posible las donaciones privadas por financiamiento público, y exigir la total transparencia de los aportes. Todas, dicen, medidas que centralizan las decisiones, generan burocracia y suponen mecanismos de control muy difíciles de poner en práctica. Por eso, en lugar de seguir remando contra la corriente, proponen un cambio radical en la forma de enfrentar el asunto.

En su nuevo paradigma, los aportes serían tan secretos como el voto. Los electores recibirían cincuenta “dólares patrióticos” en una tarjeta de crédito especial, utilizables únicamente para contribuir a campañas políticas, a través del cajero automático. Si al contribuyente le parece que esa donación es insuficiente, puede agregar de su bolsillo contribuciones privadas, igualmente anónimas.

El resultado sería transformar el financiamiento electoral en una forma de participación política adicional al voto. “Nuestro nuevo paradigma hace del financiamiento de campañas una nueva ocasión para la soberanía ciudadana”, señalan. Una idea revolucionaria que ha despertado interés no sólo entre “policy-makers” de ambos lados del espectro político, sino que ha generado una interesante discusión teórica sobre la relación entre participación y financiamiento electoral.

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