El Diario
Desde la Academia, por Claudia Heiss
Ph.D. Student Political Science
Fecha : 2/5/2003

El desacuerdo político puede ser una amenaza para la estabilidad del sistema democrático pero es, al mismo tiempo, su mejor garantía. Esa es la idea que, a través de casos emblemáticos del debate constitucional estadounidense, defiende Cass Sunstein en su último libro “Designing Democracy: What Constitutions Do” (Diseñando la democracia: lo que hacen las constituciones).

Con ejemplos en temas polémicos como los derechos religiosos, la discriminación étnica y la acusación constitucional contra el presidente, Sunstein reconstruye el papel que ha tenido el disenso en la democracia norteamericana.

Cuando el desacuerdo lleva a la ruptura del diálogo, se producen golpes de estado, guerras civiles y revoluciones. Pero es precisamente ese desacuerdo es el que permite establecer gobiernos limitados, a través de la separación de poderes y los sistemas de contrapeso institucional. La democracia descansa en las diferencias, y el rol de la constitución es convertir esas diferencias en una fuerza constructiva.

Alejándose de los estudios constitucionales más tradicionales, Sunstein afirma que, aunque debe garantizar los derechos fundamentales, la principal tarea de una constitución es promover la deliberación sobre cómo definir esos derechos. Subraya, así, la naturaleza esencialmente política de los asuntos constitucionales. A raíz de una reflexión sobre las nuevas cartas fundamentales de Europa del Este tras la caída del muro, y de Sudáfrica al término del régimen del Appartheid, Sunstein se pregunta cómo pueden las constituciones contribuir a establecer una democracia deliberativa.

El académico confía en el poder de los parlamentos para resolver las principales controversias de la sociedad, pero en ese punto se topa con el desafío de pasar de la teoría a la práctica. Porque en la vida real, el debate legislativo en las cámaras de diputados y senados del mundo se aleja bastante del ideal filosófico de deliberación política.

En este libro, Cass Sunstein retoma su genial idea de que la deliberación entre personas que piensan igual tiene un efecto negativo, reforzando prejuicios y agudizando la polarización. Esta vez, el autor busca en el diseño constitucional el marco capaz de evitar extremismos y de permitir una verdadera democracia deliberativa. La tarea de una constitución democrática es asegurar que personas distintas conversen entre sí, en lugar de escuchar sólo el eco de su propia voz.

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