La Cultura - Diario La Tercera - 06 octubre 2007

Rumbo al Estado Cosmopolita

El sello británico Routledge publica un volumen del sociólogo chileno Daniel Chernilo, quien aborda la crisis del Estado-nación en un mundo globalizado, estableciendo entre otras cosas que tal crisis se viene anunciando desde hace largo. Aunque en otros términos.

Claudia Heiss

Los estados son, según una definición tradicional, entidades jurídicas con límites reconocidos por otros estados y con instituciones políticas capaces de ejercer autoridad sobre quienes viven dentro de esas fronteras. Mucho más difícil es decir dónde empieza y dónde termina una nación. Más allá de la geografía y la administración política, la idea de nación tiene un sesgo psicológico y afectivo sobre el que pesan lazos de identidad cultural, lingüística y religiosa, por nombrar algunos.

A raíz del fenómeno de globalización, que por un lado trasciende los estados nacionales y por el otro refuerza las identidades locales, se ha vuelto un lugar común hablar de la crisis del estado-nación. Los viejos estados nacionales parecen amenazados desde dentro por regionalismos separatistas y desde fuera por instituciones transnacionales que ponen en jaque su autonomía. Para sociólogos como Ulrich Beck, esta crisis del estado-nación pone al mismo tiempo en jaque a la sociología como disciplina, al cuestionar su principal objeto de estudio.

La crisis contemporánea del estado-nación y su relación con esta supuesta crisis de la sociología es el tema que el chileno Daniel Chernilo -Ph.D. de la universidad inglesa de Warwick y director del doctorado en sociología de la U. Alberto Hurtado- aborda en su recién publicado libro "A social theory of the nation-state: The political forms of modernity beyond methodological nationalism" (Londres: Routledge, 2007)

Chernilo rechaza esa mirada apocalíptica señalando a La Tercera-Cultura que "el estado-nación, como concepto, siempre ha sido opaco y difícil de teorizar". Para demostrar que no existe tal crisis en la sociología, su libro aborda el trabajo de representantes del cánon sociológico -desde Marx, Weber y Durkheim hasta Habermas-mostrando cómo cada uno de ellos ha contribuido a desarrollar la disciplina estudiando distintas tensiones inherentes a la idea de estado-nación. "Las identidades nacionales han sido siempre porosas y los sociólogos permanentemente han hablado de ello", apunta el autor.

Ya en el siglo XIX, Karl Marx -para quien los estados se desarrollan en el contexto de la expansión del capitalismo-anunció que el estado estaba siendo reemplazado por el Imperio, a nivel supra nacional, y la Comuna como entidad sub-nacional. A comienzos del siglo XX, Max Weber escribe, a raíz de sus estudios sobre la unificación alemana, que es imposible hacer coincidir la nación como comunidad cultural con el estado como entidad jurídica. Y es Emile Durkheim quien desarrolla el debate sobre cosmopolitismo, al afirmar que el vínculo entre miembros de una nación debe basarse en una idea amplia de derechos humanos.

Esta última tensión, entre los principios universales del cosmopolitismo y los fundamentos particulares del nacionalismo, anticipa gran parte del debate contemporáneo de la filosofía política. Durkheim reconoce que un cosmopolitismo puro, sustentado en la mera pertenencia al género humano, no es capaz de generar nexos de solidaridad como los que surgen de la identidad nacional. Por otro lado, si la nación se funda sólo en su componente particularista, el resultado inevitable es la guerra y la xenofobia. Los pueblos pueden, en esta perspectiva, competir por el orgullo de tener la constitución más democrática, ser la nación más libre o más respetuosa de derechos. Es decir, acercarse al principio universal del cosmopolitismo.

Chernilo identifica así una línea directa desde la idea de "Paz Perpetua" de Emmanuel Kant a Durkheim, y de allí al concepto de Patriotismo Constitucional desarrollado por el filósofo alemán Jürgen Habermas. Este último discute la tensión entre principios universales y particulares en su trabajo sobre la Constitución europea, que según él debe por un lado ser un reflejo de la identidad particular de Europa pero también contener elementos universalistas en términos de derechos sociales (estado de bienestar), civiles (libertades) y políticos (defensa de la democracia), proponiendo una noción federalista de cosmopolitismo.

El libro concluye que los principios universales que encarna el cosmopolitismo no son inmunes a una manipulación estratégica, pero aún así son necesarios como referente moral. Nociones como la inclusividad, los derechos de las minorías étnicas o sexuales y los derechos sociales no sólo son compatibles con el particularismo del estado-nación, sino indispensables para su preservación. Es decir, defiende una idea que a primera vista parece una contradicción en los términos: la de una nación cosmopolita. "El estado siempre parece disolverse, pero no termina de hacerlo", señala Chernilo. Y la sociología, lejos de desvanecerse con el estado-nación, parece nutrirse de su permanente condición de crisis.

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