La Cultura - Diario La Tercera - 04 noviembre 2006
Gurúes del progresismo
Claudia Heiss
Tres sociólogos europeos -el alemán Ulrich Beck, el español Manuel Castells y el británico Anthony Giddens-cargan con buena parte de la responsabilidad en la reinterpretación ideológica que ha asumido la izquierda socialdemócrata desde su quiebre definitivo con las vertiendes marxistas y el fracaso de los socialismos reales. En Chile, la tercera vía, la era de la información y la sociedad del riesgo no son sólo títulos de libros, sino conceptos de uso frecuente por asesores de gobierno y centros de estudio (o think tanks) de la izquierda renovada.
Lejos del perfil de intelectual sentado en su torre de marfil, han mantenido nexos con la política a través de asesorías, conferencias y figuración en la prensa. Sus trayectorias ideológicas no son muy diferentes de aquellas de seguidores que, desde Tony Blair a Michelle Bachelet, buscan transportar a la escena política sus formulaciones teóricas.
Castells partió al exilio en Francia a los 20 años por su participación en grupos anti-franquistas. De su paso por Chile a fines de los 60 surgió un estudio sobre movimientos sociales urbanos. Más recientemente, ha asesorado al PSOE en sus elaboraciones programáticas. Giddens es considerado el ideólogo del "nuevo laborismo" británico que encarna Tony Blair y su formulación de la tercera vía ha inspirado al Partido Demócrata de EE.UU. y a las socialdemocracias del mundo entero. Incluso visitó Chile a comienzos del gobierno de Ricardo Lagos.
A lo largo de sus carreras y de decenas de publicaciones, han buscado comprender los cambios que opera la globalización en las estructuras sociales y también en los proyectos políticos de la izquierda. Desde el enfoque en la redistribución de los recursos que caracterizó a la izquierda de la era industrial han transitado hacia las políticas de identidad, asumiendo como propia del progresismo la agenda de inclusión y reconocimiento vinculada con asuntos culturales, valóricos y con proyectos "parciales" como la agenda feminista y los partidos verdes.
El dessarrollo simultáneo de procesos de integración global y de redefinición identitaria a nivel local parece ser la clave de este realineamiento conceptual. Por eso la globalización juega un papel tan importante en sus trabajos.
Castells -criticado por algunos como un autor frívolo, reformulador de teorías de Alvin Toffler y otros-identifica una nueva relación entre lo global y lo local, a partir del uso de nuevas tecnologías de información y comunicación. Entiende las sociedades como fruto de la interacción entre valores y tecnologías. En ocasiones, las identidades y lo que llama "las redes" entran en conflicto. La reacción puede ser adptarse o rechazar la red a través de la reafirmación de la identidad. Tal choque puede fácilmente derivar en odio y violencia. Entre el individuo conectado a la red y los grupos comunitarios cerrados, el estado y la sociedad civil-que son formas de organización social de la extinta era industrial-se ven debilitados. La crisis de legitmidad -salvo los escandinavos, la mayoría de los ciudadanos del mundo no se considera representado por sus gobiernos- ofrece, según el autor, una nueva potencialidad a los movimientos sociales para inlfuir en la agenda de gobiernos y empresas. En suma, la tecnología genera un drástico cambio cultural y social, pero el contenido de ese cambio es indeterminado. Dependerá de su interacción con valores e identidades.
La incertidumbre y los peligros que encierra esta nueva es el tema de Ulrich Beck. En una mirada más apocalíptica, su obra La sociedad del riesgo describe la inseguridad que generan relaciones globales complejas, combinadas con la desregulación, el poder corporativo y la cooptación de la esfera política por la económica. En sociedades donde el trabajo es precario y los valores difíciles de identificar, la dimensión cívica del individuo tiende a desaparecer. La sociedad del riesgo trae aparejada la crisis de los sindicatos, de los partidos y de los mecanismos de representación en general. Su propuesta es una democracia cosmopolita consonante con las ideas de Jurgen Habermas y con la tercera vía de Giddens. Se trata de un nuevo pacto social, que contrarreste el excesivo peso del mercado y reduzca el riesgo y la incertidumbre.
El sistema de protección social de la tercera vía se propone fomentar la iniciativa, en lugar de desincentivarla. Giddens plantean una reestructuración del estado de acuerdo con la globalización y los cambios tecnológicos, en un reacomodo de las relaciones estado, organismos transnacionales y entidades de poder local. El objetivo es establecer un equilibrio entre el riesgo y la seguridad de las personas. Contra el neoliberalismo y la desregulación, los gurúes de la socialdemocracia proponen así políticas conservadoras, que den a las personas algo de seguridad en este nuevo escenario de cambio vertiginoso.