La Cultura - Diario La Tercera - 07 Octubre 2006
Stiglitz contraataca
A cuatro años del lanzamiento de su best seller La Globalización y sus Descontentos, el Nobel 2001 y ex economista jefe del Banco Mundial publica una secuela donde ahonda en sus críticas a los "fundamentalismos" del mercado.
Claudia Heiss*
Para que la globalización mundial no termine en una reversión proteccionista es necesario nivelar la cancha. Porque ¿cómo podría no generar rechazo puede un proceso de integración que trae pobreza en vez de riqueza y donde los países subdesarrollados sólo tienen que perder y nada que ganar? Así lo ve Joseph Stiglitz. En su nuevo libro "Making Globalization Work" (Norton, 2006) el Nobel de Economía propone algunas reformas que considera cruciales para que no se vaya al tacho un proceso que ya nadie defiende como antes, cuando parecía despuntar el horizonte una aldea global próspera y feliz.
Stiglitz impactó con sus estudios sobre asimetrías de información. Si yo quiero comprar un auto usado pero no sé nada de mecánica, no puedo determinar su valor. El vendedor sabe qué desperfectos tiene, yo no. En esa condición asimétrica se necesita la intervención de un tercero para que las leyes del mercado funcionen y se fije un precio razonable del producto. Los estudios sobre este tema le valieron el Nóbel de economía 2001. Poco antes había salido estrepitosamente del Banco Mundial, e iniciado una brillante carrera como crítico descarnado del sistema financiero internacional, en especial del FMI.
Aunque las malas lenguas aseguran que su cruzada contra las instituciones de Bretton Woods tiene mucho que ver con su breve paso por ellas, es innegable que Stiglitz tiene un punto cuando dice que las reglas del juego global no son iguales para todos. Se pide a los gobiernos de Asia, Africa o América Latina que reduzcan el aparato público, que privaticen, que abran sus economías y dejen morir industrias no competitivas. Sin embargo los europeos y norteamericanos no necesitan dejar de subsidiar su agricultura ni privatizar la seguridad social para conservar sus privilegios o su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Los países desarrollados fijan para los demás reglas que ellos mismos no cumplen.
En blanco y negro
En una especie de secuela de su best seller de 2002 La Globalización y sus Decontentos, Stiglitz propone ahora algunas recetas para salvar a la globalización de las contradicciones que la encaminan a su autodestrucción. En su papel de "intelectual público", el profesor de Columbia y ex asesor del presidente Clinton está más preocupado por difundir su visión política que por los tecnicismos propios de la academia, convencido de que sólo reformas radicales pueden corregir las desigualdades del modelo actual. Por eso recorre salones promoviendo su idea de que el fundamentalismo neoliberal está arruinando no sólo al tercer mundo, sino al fenómeno mismo de globalización.
Stiglitz quiere más, no menos, libre comercio, sin resquicios ni excepciones para el lobby empresarial y los países ricos. Rechaza el celo de las normas de propiedad intelectual porque generan monopolios. Propone una contabilidad "verde" que incluya en el cálculo del PGB elementos como la extracción no sustentable de recursos y el daño ecológico. Sugiere combatir la corrupción con mayor transparencia en las finanzas internacionales, y defiende los perdonazos de deuda como parte de una responsabilidad compartida entre acreedor e inversionista. Señala que sólo con procedimientos más transparentes, participación de las ONGs, fin del secretismo, o sea, con más democracia se puede combatir el proteccionismo antiglobalización.
Lo que Stiglitz ofrece es un mundo en blanco y negro de países ricos contra países pobres, donde el Consenso de Washington se opone a la justicia social y la protección del medio ambiente. Algo de eso hay. Pero también hay pobres en los países ricos y ricos en los países pobres.¿Será que cuando el FMI estrangula a una economía en desarrollo estrangula más bien a sus élites que a sus pauperizados ciudadanos? ¿Qué significa, entonces, nivelar la cancha global? ¿Nivelarla para quiénes? En el frente interno, el autor receta una modernización de las economías atrasadas con la ayuda, y siguiendo el modelo, de las más avanzadas. Es cierto, no importa cuánto esperemos los efectos del "chorreo", el mercado no logrará por sí solo una globalización más equitativa. Pero tampoco se ve cómo estas recetas bien-intencionadas, aunque paternalistas y de un optimismo ingenuo, puedan contribuir a ello.
* Cientista política, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UDP.