Radio Cooperativa - Lo que queda del día: "En el Mundo"
Claudia Heiss, Jueves 13 Mayo 2004


La opinión pública definitivamente ha perdido la inocencia.

Yo diría que ese el principal saldo de las aterradoras escenas del degollamiento del norteamericano Nick Berg y la confirmación de las torturas a presos en Irak por parte de las fuerzas estadounidenses.

Hasta los más críticos de la guerra, como el senador demócrata Tom Daschle, han dicho que no sería bueno que la gente tenga acceso a los cientos de fotos que el departamento de defensa mostró ayer en el capitolio, y que le causaron náuseas a más de un congresista.

Las terribles escenas de Nick Berg pocos momentos antes de ser degollado han generado un tremendo impacto.

Aunque los medios de comunicación son reacios a usar la palabra “tortura”, sí se habla de abusos y excesos de lo que el Presidente Bush calificó como un puñado de manzanas malas en las fuerzas de ocupación

Por lo que he podido escuchar de gente que llama a las radios y de entrevistas en diarios, el efecto de esta discusión ha sido polarizar la opinión sobre la guerra.

¿Son o no comparables estos dos hechos de violencia?

Mientras algunos creen que el degollamiento de Berg fue una represalia por las humillaciones en Abu Ghraib, otros dicen que se trata de una muestra más de la brutalidad de los terroristas, que reafirma que se necesita mano dura.

Las responsabilidades políticas apuntan contra el ministro de defensa Donald Rumsfeld, que hoy visitó Abu Ghraib, y fue vitoreado por las tropas como si se tratara de uno de los Beatles, según dijo un corresponsal del L.A.Times por la radio. En el peor momento de su carrera, la gente le pedía autógrafos.

La situación ha despertado una discusión de fondo sobre las implicancias éticas de la guerra como no se había visto hasta ahora. Después de todo, una justificación central tanto para el ataque a Afganistán como a Irak fue llevar el estado de derecho a esos países.

A pesar del asombro del público, hay quienes no se sorprenden de que las tareas de contrainsurgencia incluyan interrogatorios con distintos grados de uso de la fuerza.

Desde los atentados del 11 de septiembre del 2001, el Presidente Bush decidió no aplicar a los miembros de Al Qaeda las normas internacionales sobre el tratamiento a los presos de Guerra, establecidos en las Convenciones de Ginebra de 1949.

El argumento fue que los terroristas de Al Qaeda no son soldados enemigos, porque actúan en forma encubierta y no representan a un estado. Por eso, dos ciudadanos estadounidenses: José Padilla y Yasser Hamdi , llevan presos dos años sin derecho a asistencia legal, y casi 600 presos en la base naval de Guantánamo no han tenido acceso a la justicia.

El caso es que, más allá de las convenciones de Ginebra, las normas internacionales sobre tortura valen para todas las personas, sean o no presos de guerra. Y la CIA ha reconocido usar en sus interrogatorios técnicas como amenazar con ahogar a una persona en agua o privarlo de comida. También han enviado gente a otros países para ser torturada, lo que está expresamente prohibido por la Convención contra la Tortura.

Se están investigando las muertes de tres detenidos que estaban en manos de la CIA en Irak y Afganistán.

Una vez desaparecida la justificación de la amenaza inminente de las armas de destrucción masiva, la justificación moral de la guerra en Irak era deshacerse de un tirano que torturaba a sus ciudadanos. Pero esa premisa queda ahora cuestionada con las revelaciones sobre los métodos que usa Estados Unidos.

Los cuestionamientos actuales incluyen una distinción entre el combate contra los terroristas de Al Qaeda y la guerra en Irak, dos batallas que Bush ha tratado de combinar bajo la rúbrica de la Guerra Contra el Terrorismo, pero que obedecen a lógicas distintas.

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