Radio Cooperativa - Lo que queda del día: "En el Mundo"
Claudia Heiss, Jueves 06 Mayo 2004


La gente esta muy impactada con las noticias sobre la tortura de presos iraquíes en Abu Gharib.

A estas alturas está claro que Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva. La semana pasada el ex embajador Joe Wilson publicó un libro donde reitera que la administración Bush introdujo la información de que Irak estaba comprando uranio a Níger sabiendo que era falsa.

Lo único que le quedaba a Bush y a la opinión pública más informada era que, al menos, la guerra había librado al pueblo iraquí de un brutal dictador. Por eso el énfasis, al comienzo de los ataques, en mostrar las cámaras de torturas y denunciar los abusos de Huseein.

Para los estadounidenses, ha sido un golpe muy duro ver que ahora las torturas vienen de sus propias filas.

Los diarios de hoy vienen plagados de cartas que dicen que EEUU tiene que pedir perdón, y tomar las medidas para detener lo que parecen ser métodos que vienen de hace mucho tiempo.

El gobierno ha dicho que se trata de contratistas que no recibieron la instrucción militar estándar, que incluye las normas internacionales sobre los derechos de los prisioneros de guerra.

A raíz de estos hechos, el departamento de estado decidió no entregar todavía su informe anual al Congreso sobre apoyo a los derechos humanos y la democracia en el mundo.

Oficialmente se dijo que el retraso se debía a problemas técnicos que impidieron terminar el informe.

Un columnista de la revista The New Republic escribió: “un error técnico, ya saben, atasco de papel, falta de tóner, tortura…”. Colin Powell no quiso hacerse cargo del retraso, y dijo en el programa Larry King Live que era decisión de su asesor Richard Armitage.

Mi impresión es que la gente está muy avergonzada. Incluso personas que no se sienten identificadas con el gobierno, o que han rechazado la guerra.

El martes, Estados Unidos protestó -con justa razón- que Sudán obtuviera un asiento en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en momentos en que ese país está acusado de limpieza étnica.

Los Sudaneses respondieron echándole Abu Gharib en la cara a la delegación estadounidense. “Echan lágrimas de cocodrilo, pero hacen la vista gorda a las violaciones de derechos humanos de los iraquíes y la muerte de civiles” dijo el embajador de Sudán.

Aunque las comparaciones sean desproporcionadas, el hecho es que la situación de Abu Gharib ha sembrado dudas sobre el compromiso de EEUU con los derechos humanos.

Han aparecido entrevistas a soldados que han regresado de Irak, y hasta el momento todos afirman que no participaron ni presenciaron tratos crueles a los prisioneros.

Pero muchos piensan que el argumento de que se trata de contratistas no es más que una excusa y que en realidad las autoridades militares y políticas de EEUU aceptan los interrogatorios con tortura como una práctica inevitable en las actuales condiciones en Irak, cuando el objetivo es salvar las vidas de soldados estadounidenses.

La Cruz Roja ha dicho que tenía información de que se violaban los derechos humanos en Abu Gharib y le había pedido varias veces a EEUU que tomara medidas.

También han surgido cuestionamientos a los contratistas, cuyos antecedentes no siempre son los más adecuados. Por ejemplo, ha salido a la luz que algunas de las personas trabajando en fuerzas de seguridad en Irak fueron violadores de derechos humanos en la Sudáfrica del Appartheid, y se acogieron a la amnistía que ofrecía la Comisión de Verdad y reconciliación de ese país a cambio de entregar información.

Varios parlamentarios han pedido la renuncia del ministro de defensa a raíz de estos escándalos. Rumsfeld tiene que comparecer mañana ante un panel del Senado para tratar este tema.

Los abusos son un tremendo problema para Bush, cuando faltan seis meses para las elecciones presidenciales. Bush optó por el unilateralismo como política exterior. Hoy están más solos que nunca.

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