Lo que queda del día, Radio Cooperativa
Viernes 12 de septiembre de 2003

Hola Iván, hola Cecilia,

Anoche hubo dos columnas de luz más o menos en el lugar donde estaban las torres gemelas.

Como ustedes vieron, ayer los niños que perdieron familiares en los atentados fueron los protagonistas de las conmemoraciones.

A diferencia de lo que ocurrió el año pasado, este aniversario no trajo un aumento en la alerta pública por la amenaza terrorista.

Yo por lo menos no vi nada fuera de lo usual: ni los perros policiales, ni la vigilancia, ni los helicópteros que se hicieron notar el año pasado.

Además, el Presidente Bush pareció querer bajarle el perfil a la conmemoración: no hizo discursos, ni siquiera vino a Nueva York.

Las cosas han cambiado mucho desde el primer aniversario, el año pasado.

La aprobación del Presidente por su combate al terrorismo bajó del 70% en septiembre del año pasado a un 52%.

Después del atentado, el 2001, el director del diario francés Le Monde publicó un editorial bajo el título “Todos somos americanos”, “nous sommes tous Américains”.

Poco después, las papas fritas, que se conocen aquí como French fries, quedaron eliminadas de la jerga patriótica, porque Francia se negó a respaldar, en la ONU, la propuesta estadounidense de atacar Irak.

La guerra en Irak terminó por disolver la solidaridad que el mundo le expresó a EEUU tras los atentados.

Y ahora la reconstrucción del país está resultando más costosa de lo que se pensó.

Ya han muerto más soldados estadounidenses desde el fin de los enfrentamientos que en su corta duración.

La violencia entre israelíes y palestinos obligó a Bush a intervenir en un conflicto que había jurado mirar desde la tribuna.

Si al principio pareció que EEUU estaba imponiendo su voluntad en el Medio Oriente, ahora más parece que el Medio Oriente está dictando la agenda de EEUU.

Ideas como la guerra preventiva contra el terror y la existencia de un eje del mal, se han tenido que enfrentar con realidades como el déficit presupuestario y el alto costo de la guerra, tanto en plata como en popularidad.

Los iraquíes en vez de agradecidos están indignados. Hussein todavía no aparece y hace rato que EEUU dejó de buscar armas de destrucción masiva. La infraestructura del país es un desastre y la inseguridad es creciente.

Para colmo de males, el inexistente vínculo entre Iraq y Al Qaeda que Bush usó para justificar el ataque se está haciendo realidad.

Por todo esto, al final, resultó una conmemoración mucho más de los familiares de las víctimas y de los neoyorkinos que de los políticos.

La noche anterior, hubo una gran marcha con velas. Como al final se decidió que la gente no usara velas porque era peligroso, anadaban todos con unas luces fluorescentes, y las pusieron en cambuchos de papel para que se vieran más como velas.

También ha estado presente estos días el “otro 11 de septiembre”, o sea, el chileno.

Se han publicado al menos cinco artículos desde el domingo sobre la situación de los derechos humanos en Chile y los actos para recordar el 11.

La prensa estadounidense ha resaltado los paralelos entre las dos fechas: que en los dos casos, el ataque fue un martes en la mañana. Y que aviones destruyeron, desde el cielo, edificios simbólicos: en Chile, La Moneda y en EEUU las Torres Gemelas.

La prensa estadounidense destaca, sobre todo, los cambios en la sociedad chilena estos últimos 30 años, los avances por mejorar la justicia y hacerle el quite a la Ley de Amnistía, y la reivindicación de la figura del Presidente Salvador Allende.

También ha habido varios foros y debates, algunos organizados por chilenos y otros en instituciones académicas. Yo fui a uno el miércoles, en la City University of New York, donde hablaron tres profesores estadounidenses. Y en un curso sobre la justicia en las transiciones, en la Escuela de Derecho de la New York University, la clase de ayer estuvo completamente dedicada al caso chileno.

 

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