Lo que queda del día. 25 junio 2003.

Hola, Iván.

Un tema que se está discutiendo mucho es el derecho preferente de la minorías étnicas a la educación superior, lo que se conoce como discriminación positiva.

Discriminación positiva significa que, entre dos candidatos igualmente calificados, se da preferencia al que pertenece a un grupo sub-representado en la sociedad. O sea, al estudiante negro, latino o indígena.

El tema es que, el lunes pasado, la Corte Suprema de Estados Unidos resolvió dos alegatos de estudiantes blancas que no fueron admitidas por la Universidad de Michigan, y que reclamaban haber sido discriminadas por ser blancas.

Las demandantes eran Jennifer Gratz, una escolar destacada cuya postulación al programa de pregrado fue rechazada en 1995, y Barbara Grutter, de 49 años, rechazada en 1997 por la escuela de derecho.

Los dos casos llegaron a la suprema el año pasado. Y esta semana, la Corte decretó que las universidades pueden usar la discrimación positiva para elegir a sus estudiantes, pero no de una manera automática, sino caso a caso.

Lo curioso es que el único juez negro de la Corte Suprema, Clarence Thomas, votó en contra del uso de la discriminación positiva en los dos casos.

Y eso que él es producto de esa misma política, que le permitió estudiar derecho en la universidad de Yale y le allanó el camino a la Suprema.

En su argumentación, el juez Thomas habló desde su experiencia personal. Dijo que los estudiantes admitidos por discriminación positiva no reciben un beneficio, sino un daño: el estigma de estar en la clase sin merecerlo.

Dijo que la discriminación positiva esconde la "Farza cruel de la dicriminación racial".

Argumentó que muchos de los estudiantes seleccionados por este mecanismo fracasan en sus carreras, porque no están calificados para la dura competencia que enfrentan una vez admitidos en la universidad.

Algunos han dicho que esta opinión encarna las contradicciones que genera el tema. Otros, que el juez no soporta la idea de que está donde está gracias a su color, y no sólo a sus méritos.

El argumento de la Suprema a favor de la discriminación positiva es que la diversidad en la sala de clases tiene un valor social.

Pero la Corte aclaró que la pertenencia étnica no puede ser el factor determinante en que una persona entre o no a la universidad, porque eso sería incostitucional.

En los últimos años, las políticas de discriminación positiva en las universidades han sido muy importantes en abrir oportunidades a los estudiantes latinos en Estados Unidos.

Este año, el 9 % de los 5 mil alumnos que entraron a la U. De Michigan fueron afroamericanos, el 6 % latinos, y el 2% americanos nativos.

La decisión de la C. Suprema significa que la discriminación positiva sigue vigente y que es constitucional. El precedente, que es válido para todas las universidades públicas como Michigan, va a tener además impacto en las universidades privadas, en otras instituciones públicas y hasta en el mundo empresarial.

O sea, la Suprema ha dictado la pauta de cómo promover la diversidad sin violar la garantía constitucional de no discriminación.

Estas demandas a la U. de Michigan son el test más importante que ha sufrido la discriminación positiva de las últimas décadas.

Las políticas de discriminación positiva empezaron en EEUU el año 1961, bajo la presidencia de John F. Kennedy, cuando por primera vez se usó el término (que en inglés es affirmative action).

En 1964, después del asesinato de Kennedy, el presidente Lyndon Johnson firmó el Acta de los Derechos Civiles, donde se prohíbe la discriminación racial en la educación.

Pero ya desde mediados de los 70 hubo casos en que estudiantes blancos alegaban tener mejores credenciales que miembros de minorías étnicas aceptados en las universidades.

Como la constitución garantiza la igual protección de la ley a todos los ciudadanos, estos estudiantes que se han sentido perjudicados tienen el derecho a entablar demandas por violación de sus garantías constitucionales.

NOTAS 1. Votación : Pregrado: 6-3, Escuela de Derecho: 5-4 2. El presidente Bush, un claro oponente de la discriminación positiva, acaba de anunciar que su próximo nominado a la Suprema va a ser el juez Alberto Gonzales, un latino. Nada que ver con el voto hispano en la próxima elección...

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