Hola Iván, hola Paula,
Aquí estamos, listos para escuchar al presidente Bush anunciar mañana el fin de las acciones militares de la guerra en Irak.
Va a hablar desde el portaaviones nuclear Lincoln, de regreso desde el Golfo, en el océano pacífico.
Con esto empieza una etapa en que EEUU tendrá que preocuparse de la reconstrucción económica y el futuro político del país.
Mientras, las noticias locales se han vuelto hacia el barrio chino de Nueva York, el Chinatown, donde el SARS, la desconocida enfermedad respiratoria que se detectó a fin del año pasado en el sur de China, está creando serios problemas.
Los alredor de 300 restoranes en torno a la calle Canal, al sur de Manhattan, están casi vacíos porque la gente tiene miedo de acercarse a cualquier cosa que se relacione con China.
Ya el barrio había enfrentado las consecuencias de los atentados terroristas, que dejaron por meses deshabitado el sur de Manhattan. Las calles estuvieron cerradas primero, y luego obstruidas por los trabajos de limpieza.
Después vino la guerra en Irak y la crisis económica.
En marzo, para el año nuevo chino, hubo un respiro, porque unas 500 mil personas llegaron hasta el barrio para los festejos. Pero después vinieron los rumores del SARS y volvieron los problemas.
Estos rumores han perjudicado a los restoranes de Chinatown desde comienzos de abril, cuando empezó el pánico por posibles contagio.
Se empezó a comentar que el dueño de un restorán de la calle Bayard había muerto de SARS, lo que resultó ser falso.
Las autoridades tratan de decir que es totalmente seguro ir a Chinatown, pero la gente tiene miedo.
El alcalde Bloomberg comió la semana pasada en un restoran del barrio, y el senador Chuck Schumer fue a cenar con su familia a un restorán que se llama Ping. Pero los clientes no vuelven.
Hasta el momento, no se han visto restoranes cerrados, pero sí están despidiendo gente y reduciendo las horas de atención.
El problema es que el arriendo de los locales no ha bajado de precio. (unos mil dólares al mes).
Los restorantes son un cuarto de la actividad ecnómica del barrio.
El temor es que si empiezan a cerrar, se van a convertir en tiendas de regalos, que emplean a unas 4 o 5 personas en lugar de 20 o 30.
El miedo es que la nueva epidemia se convierta en otra versión de la peste negra, la viruela, o el sida.
La pregunta es si va a quedar en la actual categoría de epidemia, o va a alcanzar niveles globales de pandemia.
A pesar del pánico por el SARS, sus consecuencias no le llegan ni a los talones a la gripe, que mata a unas 30 mil personas al año en EEUU. En contraste, el SARS ha matado a menos de 300 en el mundo en los cinco meses desde que se detectó en el sur de China. En China se han detectado unos 3,450 casos, de 5,462 en el mundo.
Mientras el resfío es fatal sólo en casos de personas delicadas de salud, en especial niños y ancianos, el SARS es mortal para personas en perfectas condiciones de salud.
La alta tasa de mortalidad y lo contagiosa que es hicieron que la Orgabización Mundial de la Salud la declarara la primera nueva enfermedad severa del siglo 21 con riesgo de convertirse en epidemia global.
El cambio de estación va a ayudar a combatir el virus en las próximas semanas. Es un pariente hasta ahora desconocido del resfrío común, y las enferemedades respiratorias tienden a disminuir cuando mejora el clima. Por otro lado, el peligro es que siga mutando y produciendo nuevas variantes de las enfermedad.