Lo que queda del día
Miércoles 16 abril 2003
Hola Iván, hola Paula,
Hoy día el Ministerio de Seguridad Doméstica bajó la alerta antiterrorista del código naranja, “alto”, al amarillo, “elevado”. Además, el Pentágono dio a conocer las primeras cifras globales sobre cuánto le ha costado, hasta el momento, esta guerra a Estados Unidos: 20 mil millones de dólares.
El punto álgido de los temores por la guerra ya pasó.
Lo que viene ahora es la discusión sobre sus repercusiones internas y sus efectos en las relaciones entre los distintos países.
Desde la academia y desde la prensa, se han sugerido paralelos históricos con situaciones en que Estados Unidos impuso o intentó imponer un régimen desde arriba.
Pero hasta para los más optimistas parece evidente que imponer un nuevo régimen político en Irak así, de la noche a la mañana, no es tarea fácil.
Estados Unidos declaró su intención de devolverle los destinos del país a los Iraquíes, permitiendo que por primera vez sean autoridades democráticamente electas las que gobiernen Irak.
Pero ¿qué pasaría si la voluntad popular de los iraquíes se contrapone con los intereses de Estados Unidos?
¿Cómo podría el gobierno de Bush justificar ante la opinión pública y ante los familiares de los soldados americanos que todo este esfuerzo sirvió para sacar a Saddam Hussein, pero hay que entregarle el poder a otro enemigo?
No parece probable que Estados Unidos haya peleado la guerra para luego dejar a Irak en manos de alguien que no sea de su agrado.
Entonces, ¿Cómo se puede conjugar ese hecho innegable con las declaraciones del gobierno de Bush sobre llevar democracia y autogobierno a la región? Hasta aquí, no he escuchado ninguna respuesta.
La reconstrucción de Irak va a ser un proceso largo. En noviembre del 2004, Bush va a buscar la reelección en las presidenciales.
Sumando dos más dos, parece evidente que lo que pase con Irak va a repercutir fuertemente en la campaña presidencial.
Y como hasta ahora el tema de la guerra ha beneficiado electoralmente a los republicanos, puede que este escenario bélico se perpetúe. Que se plantee el triunfo en Irak como sólo el principio de un proyecto más ambicioso de rearmar el mapa mundial. Y ahí, que se preparen Siria, Irán y Corea del Norte.
Hasta aquí, lo que se ha visto es un deterioro de las relaciones entre EEUU y los gobiernos y la opinion pública europeos.
Lo que viene ahora es un esfuerzo de reconstrucción de Irak que va a ser lento y costoso. Decenas de miles de soldados van a quedar a cargo del orden público. Habrá que organizar sistemas que provean servicios básicos a la gente. Habrá que mantener a flote la estructura productiva del país. Y además de todo eso, reformular el sistema politico y las instituciones.
O sea, la administración Bush va a tener que mostrar eficiencia en un proceso de reconstrucción nacional, lo que en el lenguaje de las relaciones internacionales se llama Nation Building, un concepto que Bush había rechazado drásticamente desde que llegó al gobierno.
Para ganar las elecciones del 2004, Bush necesita tener algo que mostrar. Pero la experiencia de los intentos de reconstrucción en Afganistán muestra que ni en un año ni en dos se puede reconstruir un país.