Lo que queda del día, Miércoles 26 marzo 2003
Hola Iván, hola Paula
Los ánimos por acá andan más bien decaídos. Yo diría que la gente no está en pánico ni nada por estilo. Pero se da cuenta de que la guerra va a ser más larga de lo que pareció en los primeros días.
La prensa muestra, día tras días, escenas en el desierto, muchas veces a oscuras, por la diferencia de hora que tenemos con Irak.
Como el reporteo de la TV se basa en lo que ven los corresponsales, cuesta armarse la imagen general de qué está pasando.
Horas de exposición a estas escenas de tanques en la arena y corresponsales mal iluminados y con el temor de un ataque con armas químicas no sólo han generado un estado depresivo en la gente, sino también en los mercados.
En Wall Street, que reaccionó bien a los primeros días tras el ataque, las acciones no han hecho más que seguir cayendo.
Ahora, como comentaban ustedes, el Congreso rechazó los nuevos recortes presupuestarios que impulsaba el Presidente Bush, y que se suponía podían ayudar a reactivar la economía.
Y además, ya empieza a discutirse cómo financiar la reconstrucción de Irak.
El problema humanitario en Irak ha adquirido enormes dimensiones desde que se suspendió el programa petróleo por alimentos que administraba Naciones Unidas y que llevaba agua y comida a cerca de la mitad de los iraquíes.
Así que al comenzar la guerra, antes de que se disparara una sola bala, la crisis humanitaria ya era enorme por el sólo retiro de esa ayuda.
En medio de este complejo escenario, están empezando a destaparse conflictos de intereses entre funcionarios del Gobierno que apoyaron la guerra.
Esto resta legitimidad a una intervención que ya ha sido cuestionada por los problemas de legitimidad del propio Presidente Bush, que ganó el gobierno a pesar de no tener la mayoría de los votos de la gente.
El escándalo en cuestión afecta ahora al Presidente del Comité Asesor de Política de Defensa, Richard Perle, que fue uno de los más entusiastas de la acción bélica.
Un reportaje en la revista The New Yorker, seguido de varias columnas y editoriales en otros diarios, han sacado a la luz que Perle instaló una empresa de inversiones en seguridad nacional después de los atentados del 2001, y que está involucrado en empresas de telecomunicaciones con intereses en la reconstrucción de Irak.
Además del problema económico y de las críticas a la legitimidad de la guerra, las noticias acerca de las primeras víctimas y los efectos de la violencia empiezan a impactar a la opinión pública.
A menos de una semana de que empezaran los ataques, esta baja en la moral de la gente ya se nota en las encuestas.
Una encuesta de CBS y el New York Times publicada hoy muestra que la opinión de la mayoría de los estadounidenses es que esta guerra va a ser más larga y más cara de lo que pensaron inicialmente.
Según esta encuesta, ha aumentado también el temor de represalias terroristas en territorio estadounidense.
La presencia de la guardia nacional, soldados con boina negra, traje camuflado y ametralladoras, en el metro, plazas y otros lugares públicos, puede que aumente la sensación de protección en alguna gente, pero también es una escena que hace imposible olvidar la locura de los tiempos que estamos viviendo.
Ese es, yo diría, el ambiente que se vive en Nueva York estos días.
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