LQQD - 10 de diciembre 2002
Hola Paula, hola Iván.
El tráfico es siempre un tema en esta ciudad. Pero desde anoche, los neoyorkinos están consternados por el anuncio de un paro de la locomoción colectiva para el próximo lunes.
Siete millones de personas circulan todos los días por esta red de transporte público, que es la más grande de todo Estados Unidos.
Lo más grave es que se suspenda el metro, que no son unas pocas líneas, como en Santiago, sino una red como las venas de Nueva York.
Los titulares de los diaros de hoy anuncian el caos, y el gobernador del Estado, George Pataki, dijo que mandaría tropas de la Guardia Nacional a las calles de la ciudad para apoyar a la policía.
La alerta empezó el sábado, con una gran reunión en el Centro de Convenciones Javits. Ahí el Sindicato de Trabajadores del Transporte, que representa a 34 mil trabajadores, planteó ir a paro. Y ayer en la tarde, el anuncio fue oficial.
La pesadilla es una ciudad paralizada, llena de autos que no se mueven, donde las ambulancias y los carros bomba no pueden circular y la gente no puede llegar a sus trabajos.
Muchos se acuerdan que en 1980, una huelga de 11 días repletó las calles de Nueva York de patinadores y ciclistas.
Claro que entonces los patines tenían cuatro ruedas y las chascas eran más abultadas.
Y la respuesta del alcalde Michael Bloomberg va por esa línea. Dijo que él, personalmente, se iba a comprar una bicicleta y pedalear desde su casa en la calle 79 hasta la municipalidad. Le preguntaron si iba a pedalear con o sin escolta...
Pero los últimos días el frío ha llegado a diez grados bajo cero, así que los patines y las bicis yo creo que están descartados.
Bloomberg dijo que la gente tiene que ser solidaria: acarrear a sus vecinos, recoger personas que hagan dedo, tomar taxi de a varios. Todo esto, muy en contra del espíritu neoyorkino, yo encuentro.
En todo caso, si hay paro, el alcalde va a incrementar los servicios de ferry, restringir la circulación a autos con más de cuatro pasajeros, reforzar el transporte escolar e instaurar vías reversibles en algunos puentes y túneles.
Acuérdense que el barrio de Manhattan, que es donde trabaja la mayoría de la gente de Nueva York, es una isla. Así que los puentes y túneles se congestionan mucho.
Además, el alcalde Bloomberg dijo que va a emprender acciones legales contra los responsables, porque las leyes del Estado de Nueva York prohíben el paro de la locomoción colectiva.
Pero en realidad la pelota no la tiene el alcalde, sino el Gobernador Pataki.
Los contratos del sindicato son con la Autoridad Metropolitana del Transporte, que depende del Gobernador. Duran tres años, y vencen el domingo.
La posición de Pataki ha sido dura. Mucha gente la apoya porque un paro empeoraría una economía que viene deprimida desde los atentados del 11 de septiembre del año pasado.
Y resulta que la huelga le costaría a la ciudad de Nueva York entre 100 y 350 millones de dólares por día. Justo en vísperas de Navidad, que la época en que todo el comercio espera recuperarse un poco.
Los puntos de conflicto entre el sindicato y la autoridad del Estado para renovar los contratos son los sueldos, las pensiones, la cobertura de salud y las normas de disciplina laboral.
Como el Estado de Nueva York tiene un déficit presupuestario de 10 mil millones de dólares, propuso que en este nuevo contrato por tres años, los reajustes se produzcan a partir del segundo año, o sea, congelar los sueldos el primer año. Además, quiere aumentar la parte que ponen los trabajadores para sus sistemas de previsión y salud.
Estos datos son ciertos. Pero también es verdad que los dirigentes sindicales han exagerado las cifras frente a los trabajadores.
Esta es la primera negociación de una nueva dirigencia en el sindicato de trabajadores de transporte, que representa al sector más duro.
Roger Toussaint, el nuevo presidente del sindicato, salió electo hace dos años, con una plataforma que criticaba a la directiva anterior por ser demasiado complaciente con las autoridades.
Así que esta vez, la difícil situación económica se combina con una nueva dirigencia sindical que, con una postura intransigente en las negociaciones, está tratando de demostrar que es diferente de su antecesora, y que puede conseguir mejores condiciones de trabajo para sus afiliados.