Lunes 06 de noviembre, "El diario de Cooperativa" y "Lo que queda del día" / Mario Gutiérrez.

Buenas Tardes,

Desde hace algunos días, la elección presidencial del martes parece ser lo único en los medios de comunicación norteamericanos. Las series de TV que inauguran estos días sus nuevas temporadas y los comerciales tienen alusiones a la estrecha carrera entre Bush y Gore a la Casa Blanca.

Pero a pesar dal estrecho margen entre los candidatos, se espera una participación alrededor del 50% del electorado, similar a las últimas 3 elecciones presidenciales.

Estados Unidos elegirá mañana a su próximo presidente, y renovará la Cámara de representantes y un tercio del senado. Se espera que en el senado sigan dominando los republicanos, pero los demócratas probablemente adquieran mayoría en la Cámara.

La guerra sucia en la propaganda electoral se ha agudizado desde fines de octubre, con descalificaciones del adversario y campañas de desprestigio. En Nueva York, el republicano Rick Lazio se ha lanzado en picada contra Hillary Clinton para decir que no conoce Nueva York, y que recibió fondos para su campaña de grupos fundamentalistas islámicos. La Primera Dama tiene buenas chances de ganar ese sillón en el Senado. Las elecciones, eso sí, se definen en las urnas, así que la última palabra la tendrán los norteamericanos el martes.

En estas últimas horas antes de la gran final, el gobernador George W Bush se concentró en el electorado del estado de Florida, y el vicepresidente Al Gore trabajó tres estados: Pennsylvania, Minnesota y Wisconsin.

En el intento por marcar sus diferencias, Bush ha tratado de caricaturizar a Gore como un demócarata a la antigua, inclinado a la burocracia y a un estado intervencionista. Gore, por su parte, se ha dedicado a descalificar a Bush como un hombre que no representa a la gente, sino los grandes intereses económicos del país.

Aunque hay algo de cierto en ambos estereotipos, es mucho lo que tienen de falso. Durante sus 8 años en la administración Clinton, Al Gore redujo el número de funcionarios públicos en forma significativa, mientras que Bush ha dado un rol central en su plataforma de campaña a la prevención de salud y a la Seguridad Social, algo que los republicanos de hace 100 años consideraban una forma de socialismo y, por lo tanto, una aberración.

Hoy, republicanos y demócratas proponen recortes tributarios, eficiencia en la administración del gasto público, reducción de la deuda fiscal, mejor cobertura de salud y educación. Claro que Bush quiere que el aporte estatal a la educación primaria sirva para escuelas públicas o privadas, según la decisión de los padres, mientras que Gore defiende la subvención exclusiva para las escuelas públicas.

En las materias llamadas morales, siguen siendo más liberales los demócratas y más conservadores los republicanos, aunque Bush ha hecho notorios esfuerzos por mostrarse sensible a los problemas de las minorías y los homosexuales, mientras que Gore ha marcado su apoyo a la pena de muerte y a las medidas de control de los contenidos de las películas, juegos, música y otros entretenimientos infantiles. Su esposa Tipper, de hecho, fue la promotora de la regulación para catalogar los discos con una advertencia para los padres sobre su contenido violento.

A pesar de las diferencias en sus plataformas programáticas, para la política interna norteamericana es casi tan relevante si el Presidente y la mayoría en el Congreso son del mismo partido como si gana uno u otro candidato.

En política exterior, Bush ha dicho que quiere centrarse en el país y sus aliados, mientras que Gore ha defendido una política norteamericana a nivel global, con presencia en otros estados en defensa de la democracia y el respeto a los derechos humanos.

Aunque esta es la eleccióon más estrecha en los últimos 40 años, parece una ironía que el vicepresidente Al Gore no haya logrado capitalizar la buena situación económica del país y la populariad de la administación Clinton.

En un esfuerzo que ha sido muy criticado por los comentaristas, Gore hizo lo posible por distanciarse del Presidente y sus escándalos. Pero parece que a los ciudadanos de Estados Unidos les importa más el estado financiero del país que la estatura moral de su presidente.

Así las cosas, el candidato que logre entusiasmar a sus adherentes y consiga llevar más gente a votar mañana será el que tenga las de ganar.

Desde NY para Cooperativa, Claudia Heiss

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