Miércoles 18 Octubre de 2000, 1ra Edición Diario de Cooperativa / Eugenio Sierralta
En un clima de solemnidad por la reciente muerte del gobernador de Missouri empezó la noche del martes el tercer debate y el último encuentro cara a cara hasta las elecciones del 7 de noviembre, entre los candidatos a la presidencia de Estados Unidos George W. Bush y Al Gore.
Duró 90 minutos y se realizó en Washington University, en la ciudad de St.Louis, Missouri.
Los asistentes guardaron un minuto de silencio y los candidatos dijeron palabras de condolencias por la muerte del gobernador y candidato a senador demócrata Mel Carnahan, su hijo Roger y su jefe de campaña Chris Sifford en un accidente aéreo ocurrido la noche del lunes.
La conducción estuvo, como en los debates anteriores, a cargo del periodista Jim Lehrer, de la cadena pública de televisión PBS.
El set tenía un estilo moderno, con paredes azules y una alfombra de color rojo intenso. Las preguntas fueron esta vez formuladas por el público, elegido entre habitantes de Saint Louis sin militancia política. Fue transmitido por cadena voluntaria de televisión.
Abrió las intervenciones el tema de la salud y la cobertura de los medicamentos que requieren prescripción médica. Gore partió con un tono arrogante y fue incapaz, en las primeras intervenciones, de restringirse a los dos minutos que tenían los candidatos por respuesta. Bush mostró una imagen de hombre llano y sincero, pero se quedó al principio corto de palabras, y se mantuvo con bastante nerviosismo a lo largo del debate.
Como la primera vez, predominiaron los asuntos de política local: salud, educación, impuestos.
Al llegar a la política exterior, Bush prometió liderazgo en las crisis internacionales y se comprometió con el combate al terrorismo. Gore volvió a mencionar su participación en Viet Nam y habló del compromiso con los derechos humanos en el mundo.
Bush se vio en aprietos cuando una mujer negra le preguntó por sus propuestas sobre diversidad. Bush dijo estar por el "acceso" afirmativo, refiriéndose a la iguladad de oportunidades en el acceso a los cargos públicos, pero fue rápidamente encarado por Gore, que es partidario de una norma específica de acción afirmativa, lo que implica discriminación positiva en favor de las minorías. También fue cuestionada la relación de Bush con el NRA, la agrupación nacional que defiende el uso privado de armas de fuego.
En los temas morales, ambos candidatos mostraron bastante concordancia: sobre la pena de muerte, un asistente preguntó a Bush si estaba orgulloso de tener el récord de ejecuciones en su estado, Texas. Bush respondió que la pena capital salva vidas. Al Gore mencionó la posibilidad del error judicial, pero dijo estar a favor, en general, de la pena de muerte.
También coincidieron en que la cultura popular puede afectar la educación de los niños, por lo que propusieron generar filtros que den control a los padres sobre la internet, películas, música y videojuegos.
La muerte del gobernador de Missouri hizo que los asesores de los candidatos consideraran la posibilidad de suspender el debate, pero resultaba muy caro y se dijo que el fallecido gobernador Carnahan no hubiera querido que eso ocurriera.
En el primer debate, en Boston el 3 de agosto, predominaron los temas económicos y un tono agresivo. El segundo round, la noche del miércoles 11 en Carolina del Norte, tuvo un tono informal y se habló de los conflictos internacionales y temas locales como la discriminación, el control de armas y el matrimonio homosexual. En política exterior hubo más acuerdos que discrepancias.
Esta vez, volvieron los temas internos y un tono menos conciliador, pero aunque las opiniones coinciden en que Bush parece más débil que Gore y Gore es más exagerado y pedante, la posición del electorado seguramente no sufrirá un cambio decisivo con este debate.
Cuando la opinión sigue dividida casi en partes iguales, parece que sólo en tres semanas, cuando lo digan las urnas, se sabrá si continúa el reinado demócarata en la figura del vicepresidente Al Gore o si regresan los días del gobierno republicano con el hijo de su último Presidente, el gobernador de Texas George W. Bush.
Desde Nueva York para Cooperativa, Claudia Heiss.