Miércoles 4 de Octubre de 2000, "Lo que queda del día" / Oscar Pastén
Buenas Tardes
El debate presidencial de anoche se esperaba con bastante ansiedad entre un público norteamericano acostumbrado a la apatía política. Pero las intervenciones del vicepresidente Al Gore y del gobernador de Texas George W. Bush no rompieron el virtual empate que hasta ahora muestran las encuestas.
La empresa Gallup difundió un estudio por CNN y USA Today que da como ganador del debate a Gore, por un margen de 48% contra 41%. Pero la misma encuesta indicó que mientras el 34% de los estadounidenses inscritos para votar que presenciaron el debate terminaron con una opinión más favorable de Bush, sólo un 27% de los televidentes mejoró la opinión que tenían de Gore.
Y lo que es más importante, un 96% de los entrevistados indicó que el debate no les había hecho cambiar su opinión respecto al voto que emitirán el 7 de noviembre.
No hubo novedades respecto de lo anunciado en los propgramas de campaña. Pero como en muchos casos el voto se determina por el bolsillo, los dos candidatos insistieron en las bondades de sus propuestas de reducir impuestos. Ese tema es, en realidad, el corazón de las campañas republicana y demócrata.
Por eso el peridódico financiero The Wall Street Journal publicó hoy, en su edición por internet, una planilla de cálculo que permite al usuario ingresar sus datos y saber cuánto bajarían realmente sus impuestos si el plan de Bush y el de Gore fueran aprobados.
El programa de Al Gore descansa principalmente en otorgar créditos a los sectores de ingresos bajos y medios. Por eso no beneficiaría a los grupos más ricos, en especial si no tienen niños. Gore y sus asesores reconocen abiertamente que las familias que ganan más de cien mil dólares al año (casi 60 millones de pesos chilenos), y que son el 8% de más alto ingreso en el país, recibiría poco de su plan.
Es decir, Gore quiere seguir el camino de la administración Clinton en el sentido de dejar la mayor parte de la carga tributaria a los grupos de mayor ingreso.
El plan de Bush, en cambio, sería más generoso con los sectores acomodados. Con sólo mirar su plan de recortes tributarios se nota esa generosidad con los ricos, porque propone eliminar un impuesto a los bienes raíces que hoy sólo paga el 2% de las propiedades, las más caras.
Pero aunque baja en forma pareja los impuestos de todos, el programa de reducción del impuesto a la renta de Bush no hace exactamente todo lo que parece prometer, porque se le interpone el Impuesto Mínimo Alternativo.
Este es una especie de impuesto en la sombra que ataca cuando una persona deduce demasiados tributos por otras vías. Si todos empiezan a pagar menos con el plan de Bush, incluso la clase media se vería afectada por este impuesto y el número de personas afectas a él sería el doble del proyectado actualmente.
Para una familia típica americana, con dos niños y un ingreso anual de 43 mil dólares anuales (unos 25 millones de pesos chilenos, que es el ingreso familiar promedio en Estados Unidos), ambos planes serían beneficiosos. El de Gore es mejor para una familia que tiene gastos de educación, o que ahorra mucho. El de Bush beneficia a los que no tienen niños o gastan más en seguros de salud.
En un nivel promedio de ingreso, las rebajas impositivas de Bush normalmente serían anuladas por los generosos créditos de Gore. Eso no ocurre a medida que aumenta el nivel de ingresos. O sea, la clase media y baja debería verse más inclinada a votar por el plan de Gore y los sectores altos, por el de Bush. La elección de noviembre mostrará la racionalidad del votante americano, y si la política es realmente "business as usual", simplemente negocios.
Desde NY para Lo que queda del día, Claudia Heiss.