“Lo que queda del día”, Oscar Pastén. Miércoles 27 septiembre 2000

 

Los norteamericanos, padres, profesores, sicólogos y legisladores, han discutido intensamente, en las últimas semanas, el problema de los medios de entretención infantil con contenido violento.

 

Un juego de video en el que perder significa que la cabeza de un personaje explote en mil pedazos puede parecer algo fuerte, no sólo para un niño. De hecho, mientras los padres se preocupan del efecto sicológico que estas entretenciones pueden tener, normalmente el muchacho o la muchacha que juega sólo lamenta no haber logrado pasar a la etapa siguiente.

 

La discusión se instaló, en el Senado, en la Comisión de Comercio, que intenta regular la publicidad y distribución de estos productos, incluidos los juegos de video, películas y música.

 

Los parlamentarios, naturalmente, buscan los votos de sus electores, que son adultos. Su posición ha sido proclive a las restricciones.

 

Los niños, en cambio, aseguran que juegan porque les gusta y algunos sicólogos infantiles han señalado que ellos saben distinguir la fantasía de la realidad y que, más que prohibir, lo importante es conversar y estar al día de sus intereses.

 

En la sesión del Capitolio, la sede del senado norteamericano, ejecutivos de Hollywood dijeron este miércoles que el problema es de quienes publicitan películas con contenido violento entre audiencias menores de edad y que los padres tienen la responsabilidad de evitar que los niños vean esas películas.

 

El vicepresidente de Paramount, Rob Friedman, reconoció que no siempre han sido todo lo cuidadosos que podrían, pero consideró adecuadas las propuestas de fortalecer los indicadores que permiten a los padres regular qué ven sus hijos.

 

El martes, la asociación de productores de cine de Estados Unidos propuso un plan de 12 puntos para responder a las acusaciones de los senadores, que habían dicho que Hollywood, de manera deliberada y agresiva, estaba promoviendo música, videojuegos y filmes violentos entre niños de sólo nueve años, expandiendo de esa manera su mercado hacia los más jóvenes.

 

En respuesta, las empresas propusieron eliminar de los estudios de audiencia a los menores de 17 años, dejándolos, en el futuro, fuera de sus “focus group” y aumentar la información que se entrega con la calificación cinematográfica.

 

El senador de Arizona John McCain consideró estas propuestas vagas e insuficientes, y dijo que simplemente los productos violentos deben eliminar de sus campañas publicitarias a los menores de 17.

 

Pero las compañías prefieren analizar las películas caso a caso, porque algunas, como “Rescatando al soldado Ryan”, son violentas y al mismo tiempo pueden verlas los adolescentes mayores, según argumentaron.

 

Aunque algunas empresas como Time-Warner y Walt Disney comprometieron esfuerzos que van más allá de lo que actualmente exige la ley, el presidente de la Twentieth Century Fox, que adhirió a esta acción voluntaria, dijo que por más que haya buena voluntad, las compañías no pueden estar en cada living, boletería o tienda de videos. “Al final, nuestro éxito siempre depende de lo involucrados que estén los padres”, dijo.

 

La verdad es que el papel de la familia no lo discute nadie. Y aunque a unos les interesa ganar votos y a otros vender productos de entretención, la pregunta que queda sin responder es si la responsabilidad por la educación de los niños es finalmente de los padres o del estado.

 

Desde NY para lo que queda del día, Claudia Heiss.

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