“Lo que
queda del día”, Viernes 22 de septiembre de 2000
Buenas
Tardes.
En Estados
Unidos, alrededor del 60 por ciento de la gente está a favor de que exista la
pena de muerte y la mayor parte de los estados la contempla en su legislación.
Sin embargo, estadísticas del Gobierno y una encuesta realizada por el New York
Times muestran que hay menos homicidios en los estados que no tienen pena de
muerte que en los que sí la tienen.
Mientras en
10 de los 12 estados que no tienen la pena capital las tasas de homicidio están
por debajo de la media nacional, los estados que tienen pena de muerte
presentan entre un 50 y un 100 por ciento más de asesinatos.
Según un
experto en criminología de la universidad estatal de Nueva York, Steven
Messner, este estudio sugiere que la amenaza de la pena de muerte no disuade a
los criminales. “Cualquiera que sean los factores que modifican la tasa de
homicidios, no parecen verse afectados por la presencia o ausencia de la pena
de muerte”, dice.
En los
estados que no tienen pena de muerte se argumenta que no afecta las cifras de
criminalidad y que la justicia puede cometer errores. También que es caro el
proceso judicial y que, por lo tanto, la cadena perpetua sin posibilidad de
reducir la pena es un castigo más eficiente.
Los estados
que la defienden, en cambio, reconocen que es difícil afirmar que tiene efecto
disuasorio, pero argumentan que la rehabilitación no funciona y por lo tanto la
pena de muerte es a veces la única adecuada para crímenes horribles. Sostienen
que la sociedad necesita una reparación y que la pena de muerte tranquiliza a
los familiares de las víctimas. La mayor parte de las personas y de las leyes
estatales comparten esa visión.
Pero para
el gobernador de Michigan, un republicano, es un orgullo que su estado haya
abolido la pena de muerte en 1846 y se haya negado hasta ahora a reinstaurarla.
Sus razones son morales y prácticas, y no le preocupa que el 60 por ciento de
sus electores no esté de acuerdo, porque si se trata de eso, el 100 por ciento
no quisiera pagar impuestos.
Los casos
que involucran la pena de muerte en Estados Unidos son caros porque requieren
más tiempo y trámites de abogados, testigos, jueces, expertos en ADN y
sicólogos.
Por otro
lado, el fiscal de distrito de Milwakee, con 32 años en el cargo, afirma que la
pena de muerte se aplica mucho más a las minorías. Según él es muy poco
probable que un hombre blanco de buena situación económica sea ejecutado.
“Quienes se
desempeñan hace tiempo en el sistema de justicia criminal saben, por numerosos
estudios y por su experiencia personal, que se les carga más la mano a los
negros en los juicios penales y, sobre todo, en los casos de pena de muerte”,
dice.
Sergún el
fondo nacional para la educación y defensa legal de este grupo de la población,
un 43 por ciento de los sentenciados que hoy está en la llamada “fila de la
muerte” son afroamericanos.
Los número también indican que es más frecuente la pena de muerte cuando
la víctima del crimen es blanca. En el 82 por ciento de los casos en que se aplica
la pena capital, la víctima del crimen es blanca. La cantidad es desmedida si
se considera que sólo la mitad de las personas que mueren asesinadas cada año
en Estados Unidos son blancas.
Mientras los 12 estados que no tienen pena de muerte insisten en que no
se trata de hacer proporcionales crimen y castigo, la encuesta difundida por el
New York Times parece dar la razón al director del instituto de investigación
sobre la violencia de la universidad Carnegie Mellon, Alfred Blumstein, quien
señala que es claro que los estados con pena de muerte la defienden porque
tienen más homicidios. Lo que no está claro es que esto los ayude a
combatirlos.
Para “Lo que queda del día”, desde NY, Claudia Heiss.