“El diario de Cooperativa” – 1ra edición, Viernes 8 de Septiembre 2000
Los problemas del mundo se reunieron los últimos tres días en una cuadra de la ciudad de Nueva York. 150 jefes de Estado vinieron desde todos los rincones del planeta para intervenir durante cinco minutos en la Asamblea del Milenio de las Naciones Unidas. La mayoría de los mandatarios, como el Presidente Ricardo Lagos, ya han regresado a sus países.
"Ustedes tienen la autoridad para representar y la facultad de transformar las vidas de seis mil millones de personas” les dijo el miércoles el Secretario General de Naciones Unidas Kofi Annan en un almuerzo que reunía a gran parte de la élite política del planeta.
Aunque los asuntos de política internacional que se volcaron en esta Cumbre han acaparado la atención del mundo, la prensa de Estados Unidos sigue dando amplia cobertura a temas como las plataformas electorales de los candidatos presidenciales Bush y Gore o el escándalo de los neumáticos defectuosos fabricados por Firestone.
Las desviaciones del tránsito y las medidas de seguridad han afectado estos días a quienes circulan por el lado este de la ciudad, pero ni la isla de Manhattan es Nueva York ni Nueva York es Estados Unidos.
El más grande encuentro de Presidentes de la historia en la ciudad más cosmopolita del mundo es la continuación física de la interdependiente política internacional del año 2 mil. Porque lo que ha ocurrido en Nueva York es una etapa más de largos procesos bi o multilaterales. Lo importante no está en las sesiones de la Asamblea General, sino en reuniones privadas en hoteles y sedes diplomáticas.
Fidel Castro, conocido por sus largos discursos, inició su intervención cubriendo el reloj que marcaba su tiempo con un pañuelo. La gente se rió. Puede que esto afecte de alguna forma la percepción que tienen los críticos del mandatario cubano. Es indudable que la presencia de todos estos presidentes ha generado un clima particular.
Pero las preocupaciones de fondo son las de siempre. La desigualdad entre países ricos y pobres; un mundo en el que trabaja un cuarto de los niños menores de 14 años y donde cada cinco minutos (el tiempo que toma una de estas intervenciones presidenciales) mueren 10 personas de malaria, una enfermedad que es prevenible y curable.
En sus cinco minutos, los presidentes se las han arreglado para hablar de cambios en los procedimientos administrativos y representativos de la ONU, de los desafíos de la globalización y para proponer iniciativas en las áreas tradicionalmente reservadas a la política exterior: economía y defensa.
Mientras, en la plaza de Washington Square, al sur de Manhattan, los estudiantes de la Universidad de Nueva York y los ancianos observan tranquilamente la gran fuente de agua y disfrutan de los últimos días del verano.
Desde NY para el diario de Cooperativa informó Claudia Heiss