“Lo que queda
del día”, Martes 05 de Septiembre 2000
Más vale
prevenir que curar. Y cuando se trata de drogas, prevenir significa aprovechar
mejor los siempre escasos recursos públicos. Tras la visita de Bill Clinton a
Colombia la semana pasada, el presidente de ese país, Andrés Pastrana, dijo que
el problema no está allá, donde se produce la cocaína, sino aquí, donde se la
consume.
Por
eso la DEA, la agencia estadounidense para el control de la droga, ha salido al
paso diciendo que ellos no sólo meten gente a la cárcel, sino que también le
han dado duro al frente interno, el de los consumidores.
Según
las cifras que entregó el Gobierno, el consumo de cocaína en Estados Unidos ha
bajado un 70% en los últimos 15 años. También ha disminuido el consumo general
de drogas entre los menores de 17 años, aunque sigue aumentando entre los
jóvenes de 18 a 25 años, a un menor ritmo, eso sí, que en el pasado.
Los
programas de la DEA incluyen desde anuncios contra la droga en los cines hasta
agentes federales que dan charlas en parques y colegios sobre el peligro de consumirlas.
En
1990 Charles Hynes, el entonces nuevo Fiscal de Brooklyn, creó un plan pionero
en la prevención del consumo de drogas, que recordó a la luz de esta discusión:
convencido de que el trabajo policial no bastaba para resolver el
problema, decidió atacarlo desde el punto de vista de la demanda.
Así
surgió un programa que permite a las personas convictas por cargos relacionados
con drogas optar entre ir a la cárcel o someterse a un tratamiento de
rehabilitación, siempre que su delito no haya involucrado violencia.
En
estos diez años de funcionamiento, la mitad de los que fueron a la cárcel han
vuelto a prisión al cabo de tres años, mientras que menos de una cuarta parte
de quienes fueron a rehabilitación volvieron a delinquir. Esto significa un
enorme ahorro para el fisco, porque es mucho más barato financiar la
rehabilitación que la cárcel.
Desde Nueva York infromó la corresponsal Claudia Heiss