| Despert� desnuda, tumbada sola con mi cuerpo encima de la cama. Sin saber qu� me hab�a llevado a encontrarme en aquella situaci�n, busqu� mi ropa, dipersa entre tantos vasos, s�banas, mu�ecos, y me vest�.
Sal� de la habitaci�n y por el pasillo me encontr� a algunos bailando, riendo y hablando entre tanto barullo con la copa en la mano.
Por fin d� con el sal�n y all� se encontraban los dem�s, me sent� y les empec� a observar. Uno a uno miraba detenidamente, hasta que record�. Record� lo que horas o minutos antes me hab�a hecho gozar tanto, alc� la vista y encontr� su atenta mirada.
En medio de tanta gente y de esta tan extra�a situaci�n, empec� a notar que esa suave mirada me desnudaba con una gran delicadeza y muy pausadamente.
Sus ojos fijos en los mios, mis ojos fijos en los suyos empezaron a pedir. Ped�an con gran ansia poder dehacerse de aquel c�mulo de deseos y sensaciones.
Ellos ped�an y nosotros como objetos de aquel deseo, levantamos nuestros cuerpos y nos dirijimos sin mediar palabra alguna a la habitaci�n.
Aquel pasillo se hac�a interminable, ellos ped�an cada vez con mayor fuerza y todas aquelllas risas, gritos que revoloteaban por el sal�n parec�an ya no existir.
La habitaci�n cada vez estaba m�s cerca, cerramos la puerta.
La oscuridad era la reina junto con aquel desenfreno de pasi�n en aquellos momentos.
Yo inm�vil, apoyada en la puerta ped�a a gritos, pero muda, que aquellos labios rozasen los mios. �l pareci� oir lo que yo no dije, se acerc�, alz� sus brazos y los pos� sobre la puerta. Parec�a que me retuviera, cuando lo �nico preso de m� era el deseo. Su rostro se confundi� con los rizos de mi pelo al acercarse a mi oido, roz� su nariz y fue cuaidadosamente arrastrando sus labios hasta encontrarse con los mios.
Empezamos a besarnos cada vez con mayor ansia. Sus manos me empezaron a acariciar por todo el cuerpo, mis manos empezaron a acariciar todo su cuerpo, y poco a poco empezamos a sentir m�s y m�s calor.
Completamente desnudos en aquella oscuridad y en aquel gran vac�o nos tumbamos en la cama.
Sus manos apretaban con gran fuerza mi pecho, notaba una gran presi�n, pero me gustaba.
Las mias mientras se entreten�an en aquello que poco a poco aumentaba cada vez m�s.
Empez� a besarme por el cuello, mi cuerpo o algo de �l ped�a m�s. Baj� y empez� ahora a besarme los pechos, se deten�an con mayor ansia y pasi�n en los pezones. Su lengua y sus labios parec�an no tener control sobre �l.
En un arrebato le cog� con gran fuerza e hice que rotara sobre la cama hasta que yo qued� due�a de �l.
Cog� el cubata que durante toda la noche me acompa��, me roci� entre las piernas con el maravilloso VOZKA-NARANJA hasta que me encontr� bastante h�meda.
De nuevo con el vaso, ech� hasta la gota final su entrepierna.
�l abajo, yo arriba y como despedida un �ltimo beso en los labios.
Me d� la vuelta, ya no ten�a en frente su cara, pero si algo que agradaba mis encantos.
De repent� not� que los mismos labios y la misma lengua que antes ocupaban mis pezones, ahora lo hac�an mucho m�s abajo.
Sin tiempo que me dejara sentir, yo besaba o dejaba que entrara en m� aquello que poco antes hab�a mojado con el que hab�a sido mi fiel acompa�ante.
La rapidez con la que actu�bamos era cada vez mayor, los altos grados de temperatura parec�an abrazarnos cada vez con mayor fuerza,y aquella oscuridad que al principio reinaba parec�a tener su fin.
Cada vez quedaba menos, cada vez est�bamos m�s cerca...
La culminaci�n de aquel deseo tan perseguido acababa con el suspiro m�s grande que se pueda dar.
Vencidos por aquel gran juego, termin� tendida sobre �l; desnudos en la cama, con mi pecho contra el suyo, me arrop� con todo el calor de sus brazos, y con un �ltimo beso en la frente, caimos juntos en aquella perdici�n.
|