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Las diferentes etapas prehistóricas se designan por el nombre del lugar en que la civilización correspondiente ha sido reconocida por primera vez; por ejemplo, la civilización natufiana (cazadores-pescadores que practicaban la recolección) toma su nombre de Ued-el-Natuf (Palestina), donde fueron halladas herramientas características (hoces con hoja de sílex), aunque haya otras agrupaciones de tipo natufiano incluso a orillas del mar Rojo.
Estas lenguas (muertas) se caracterizan por un cierto número de raíces invariables, a las que se añaden prefijos, sufijos o infijos (partículas gramaticales colocadas dentro de un vocablo), que los transforman en verbos o sustantivos e indican el género, el número y la función de las palabras (hallamos estos mecanismos lingüísticos en algunos idiomas actuales del Cáucaso). Estos hombres han sido llamados sumerios (por el nombre de la región donde se asentaron: Sumer). Se mezclaron con los campesinos que participaban de la civilización de El-Obeid y se encontraron también con los primeros semitas venidos de Arabia y establecidos más al norte (en el curso medio del Eufrates). Los sumerios perfeccionaron la civilización agrícola indígena, desarrollaron el arte del regadío e introdujeron el trabajo del cobre. Hacia 3500 a. de J.C. inventaron la escritura (primeramente para hacer los inventarios de sus riquezas. Más tarde para perpetuar sus hechos y sus ideas). Vivieron en ciudades en las que levantaron templos monumentales: Ur, Uruk (Warke) Lagash (Tello), Aumana, Larsa, Eridú, Shuruppak, etc. Su autoridad se extendió hasta Nippur. Más allá, hacia el noroeste, los semitas (acadios) limitaron su expansión y, sin duda menos civilizados que ellos, copiaron su sistema de escritura. La historia de las ciudades sumerias es confusa: Estaban continuamente en guerra, y es imposible hablar de un "imperio" sumerio. La dominación más duradera no pasó de veinticinco años. Fue la del rey Lugal-Zaggassi (hacia 2300 a. de J.C.), que ejercía autoridad sobre "cincuenta príncipes" y se proclamaba "rey del país". Por su brillante civilización intelectual, los sumerios desempeñaron un importante papel: transmitieron su cultura a los acadios y a los semitas, que dominarían Mesopotamia hasta las conquistas persas. Aunque a otra escala, los sumerios fueron para estos pueblos lo que los griegos para los romanos. Los primeros momentos de la historia de la Humanidad respiran ya un ambiente "cultural". El remoto pueblo del Valle del Indo debió comerciar con Mesopotamia hacia el año 2500 a.de J.C.: por tierra, a través de Beluchistán, y posiblemente por mar entre las desembocaduras del Eufrates y el Indo. Este cuenco de piedra, hecho de esteatita de color gris oscuro, presenta una escena en relieve, con rasgos que sugieren francamente la influencia hindú. Observemos una pieza de piedra tallada perteneciente a este antigüo pueblo: A la izquierda destaca un toro hindú. A continuación, destaca una figura masculina, con la falda festoneada, que está de pie sobre los cuerpos de dos leonas, y agarra con cada mano una serpiente. En otra parte del dibujo -no visible aquí-, un buitre y un león atacan a un toro tendido en el suelo. Todo ello es característicamente hindú,
y el toro recuerda los principales motivos de los sellos hindúes.
La figura del varón no es típicamente mesopotámica.
Este cuenco data de los años 2500-2700 a. de J.C..
Ur-Nina (de Lagash) fue un príncipe pacífico que contribuyó a establecer la prosperidad de la ciudad. Sus sucesores (Akurgal, Eanatum) aseguraron la hegemonía de Lagash sobre Sumer, sobre la ciudad acadia de Kish e incluso sobre Elaur, hasta donde Eanatum llevó la guerra. El monumento conocido con el nombre de Estela de los buitres celebra la victoria de este príncipe sobre la ciudad de Umma. Entonces se pudo decir: "Ningirsú (el dios de la ciudad) ama a Eanatum". Urukagina de Lagash (antes de 2300) fue, igualmente, un
rey reformador y edificador. Las inscripciones nos dicen que combatió
la corrupción de los sacerdotes y de los funcionarios principales:
En tiempos de Urukagina, las retribuciones al clero y a los funcionarios fueron reducidas. Se obligó a los adivinos a que sus consultas fueran gratuitas, y se reprimió buena parte de los abusos habituales. El rey pudo entonces vanagloriarse de haber "establecido la libertad" en su Estado. Lugal-Zaggassi, ishakku (gobernador) de Umma, violando
lo pactado con Lagash, devastó la ciudad del rey Urukagina, lo
cual provocó las lamentaciones de los lagashenses. Lugal-Zaggassi dominó también Ur, Kish y
Uruk, y efectuó algunas incursiones a Siria.
Durante un siglo, aproximadamente, los reyes de esta dinastía mantienen hábilmente su autoridad sobre un territorio que se extiende desde el golfo Pérsico hasta Mari y Assuf; es decir, sobre un territorio que corresponde al futuro imperio de Hammurabi. Para ello han de luchar, sobre todo, contra las invasiones de los asirios y los elamitas, y más especialmente, de los amorritas, que, llegados de las estepas sirias, establecen sobre las ruinas de Ur dos reinos: el de Isin (dinastía amorrea) y el de Larsa, cuyo quinto rey, Gungunum, acabó atribuyéndose, hacia 1870 a. de J.C., el título de rey de Sumer y de Accad. En realidad, el país está aún dividido y no hay un verdadero imperio que pueda compararse con el de Sargón. Dos hechos, acaecidos hacia 1830 a. de J.C., merecen ser recordados: La intervención de los asirios en el norte y el establecimiento en Babilonia del rey amorrita Sumu-Abum, que acaba con las dinastías de Isin y de Larsa y pone fin a la época sumerio-acadia. Los sumerios van a ser aniquilados o asimilados por los semitas. El nombre mismo de Sumer desaparecerá; la región va a llamarse "País de Accad". El Antiguo Imperio babilónico está a punto de nacer. En total, la historia sumeria ha durado cerca de 2.000 años.
A veces, el mismo signo ideográfico designa la ciudad y el dios al que está consagrada, que es su verdadero dueño: Nippur es la ciudad del dios Enlil, Lagash es la de Inurta, llamado también Ningirsú ("el señor de Girsú"; Girsú era el barrio del templo). La ciudad está gobernada por un representante del dios: el rey o ishakku, que acumula las funciones de jefe religioso y jefe civil; tiene a sus órdenes un cuerpo de funcionarios y un clero más o menos importante, según las ciudades. (Lagash, en la época de Gudea, tiene 216.000 habitantes y 35 templos.) El régimen político es despótico. No parece que haya habido ninguna institución análoga al "consejo de ancianos" de las ciudades sumerias. Sin duda, la escritura fue creada precisamente para regentar el templo, verdadero centro económico adonde concurrían los productos de la actividad de la ciudad. La división del trabajo estaba muy adelantada. Había intendentes, ministros, gobernadores de ciudades, correos y una enorme burocracia: jueces, escribanos, guardianes de granero, vigilantes, etc. Parece ser que las mujeres participaron también en la vida de la ciudad, como sacerdotisas y funcionarias. La familia es, en principio, monógama; pero el
varón puede mantener legalmente a una o varias concubinas. La mujer
tiene poco más o menos los mismos derechos económicos y
sociales que el hombre, quien le debe respeto (una "ley" sumeria
obligaba al seductor de una virgen a casarse con ella, bajo pena de muerte).
Por comparación con los pueblos asiáticos poco semitizados (p.e., los de Asia Menor), se puede decir que en el país de Sumer hubo, primero, un culto naturalista: adoraban las divinidades que simbolizaban la fecundidad y la fertilidad, y cada ciudad tenía su dios, su dueño y protector, considerado el más grande entre todos los dioses: Enlil (dios del cielo y de la tierra) en Nippur; Anu (dios del cielo) e Innana (diosa de la fecundidad), en Uruk; Enki (semítico Ea), dios de las aguas, en Eridú, etc. Estas divinidades también se encontraban en los pueblos semitas; los sacerdotes babilónicos de la primera dinastía establecieron una clasificación por familias de los dioses sumerio-acadios. Los dioses sumerios tienen forma humana, y además están dotados de símbolos en relación con sus funciones. Innana, por ejemplo, tenía como emblema un elemento que representaba una choza primitiva (es la diosa de la fecundidad y preside el crecimiento de las familias). Asimismo, tienen asignados diversos animales que representan la fuerza o la fertilidad (león, toro, becerro). Los dioses tienen las virtudes y los vicios de los hombres, pero están dotados de un poder supremo y son inmortales. Las numerosas leyendas que se cuentan de ellos forman el núcleo de la futura mitología semítica, que tomó de Sumer los nombres y la personalidad de sus dioses, así como su lengua ritual (en la época babilónica, los textos religiosos utilizan los ideogramas en vez de los signos cuneiformes silábicos). El culto comprende los sacrificios para establecer la comunión entre los dioses y los hombres y las fiestas que conmemoran simbólicamente el ciclo agrícola: el dios de la vegetación, que muere en verano quemado por el Sol, renace después del invierno.
En Sumer se encuentran también estatuas metalizadas. El bajorrelieve (aislado, en forma de estela o cubriendo una pared) y la glíptica (grabado de sellos) nos proporcionan centenares de temas religiosos o históricos. La arquitectura concierne a los templos y a los palacios. El material más utilizado es el ladrillo de arcilla seca (la madera es rara); las murallas son gruesas y carecen de ventanas. La construcción de un templo es una empresa colosal (el gran templo de Anu, en Uruk, exigió el trabajo de 1500 hombres durante cinco años, a razón de diez horas diarias). Señalemos que los sumerios fueron los constructores de las primeras torres de pisos (zigurats). La vida intelectual era brillante, pero sólo podemos imaginarla, pues los textos sumerios que poseemos son tardíos (época babilónica). Es bastante probable que los conocimientos matemáticos de los asiro-babilonios, conocimientos realmente deslumbrantes, provengan de los sumerios, que habían inventado la numeración sexagesimal y el álgebra. En el IV milenio a. de J.C., el inicio de la metalurgia
permite fabricar gran número de objetos.
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