Sociedad inca Originarios de una pequeña isla del lago Titicaca, en el altiplano de Bolivia, los incas se expandieron hasta las tierras de Chile y la selva amazónica. Su último emperador, Atahualpa, murió víctima de la invasión castellana en el año 1533. Los incas desconocían la escritura pero conservaron su historia a través de los "evocadores", hombres que podían recitar todos los hechos del pasado gracias a su prodigiosa memoria. Si son ciertos sus relatos, el primer emperador inca se llamó Manco Capac y vivió hacia el año 1200 de nuestra era. Le sucedieron otros 12 que reinaron sucesivamente hasta la época de la colonización española, en el siglo XVI. La agricultura inca había alcanzado un desarrollo sorprendente. Cultivaban hasta cuarenta variedades distintas de legumbres y cereales e idearon un magnífico sistema de irrigación. Entre sus manjares favoritos estaban la cobaya (los conejillos de Indias) y el pato, pero, a diferencia de otras civilizaciones americanas, aborrecían la carne de perro. Sus casas eran de piedra, estaban organizadas casi siempre en grupos de seis, y tenían un patio en el centro y un muro a su alrededor. El ejército en cambio, habitaba en unas curiosas tiendas de campaña. Usaban (al igual que nosotros) sillas pero estaban reservadas a los nobles. Sin duda, lo que más sorprende de esta civilización es el trazado de caminos que construyeron a lo largo de la costa y en el interior. El más importante tiene una longitud de 1.200 kilometros y una anchura de 7 a 8 metros, está revestido de un pavimento muy sólido y, aunque actualmente no queden restos de ellos, estaba jalonado por múltiples hospedajes donde era posible dormir y comer. Esta obra extraordinaria impresiona todavía más si tenemos en cuenta que los incas desconocían la rueda y, por consiguiente, el carro. Los caminos eran usados para el paso de ejércitos o de ganado y también para los itinerarios a pie. Los viajes reales se realizaban en literas que eran transportadas a hombros por robustos sirvientes.
La base de la organización era la existencia de un "instituto de estadística" dirigido por un cuerpo de funcionarios especializados. Aún no existía un registro civil propiamente dicho y el funcionario encargado del censo (el quipu camáyoc) se limitaba por lo general a clasificar los habitantes en función de su edad aparente y de su aptitud para el trabajo. De este modo se consideraban diez clases de edad, y los incas estaban en situación de conocer las fuerzas humanas de que disponían para emprender sus obras públicas o sus expediciones militares. División de las tierras El tercero estaba reservado al mantenimiento y a la subsistencia del pueblo (vemos así cómo se dibuja una división de la sociedad en nobleza, clero y tercer estado). No existía la propiedad privada, a excepción de algunas donaciones excepcionales realizadas por el inca y de las pocas cabañas, animales domésticos e instrumentos de trabajo que el pueblo estaba autorizado a poseer. Todo pertenecía al Estado, personificado por el inca (aquí también puede establecerse una comparación con el sistema del antiguo Egipto). La organización del trabajo era colectiva y se basaba en la prestación personal. Todo hombre casado quedaba sujeto a ella y debía participar en los trabajos colectivos. La tierra del inca era trabajada por las comunidades rurales. La cría de ganado (rebaños de llamas y de alpacas) tenía lugar en las altiplanicies. Los productos de los campos del inca y del dios Sol se almacenaban en vastos graneros, cercanos a vías de comunicación de gran importancia (los incas construyeron 20.000 km de caminos), y eran utilizados en caso de malas cosechas; también servían para el mantenimiento de los funcionarios, de los trabajadores y del ejército. La vida religiosa En todas las regiones y las provincias conquistadas, se edificaron templos a la gloria del Sol. Los días de fiesta religiosa eran numerosos. Las más solemnes de estas fiestas se celebraban en septiembre. El pueblo procedía a la purificación ritual y alejaba con sus oraciones los males que podían abatirse sobre el país. En algunas ocasiones, se efectuaban sacrificios humanos, aunque sin llegar jamás a la amplitud que estos tuvieron en las civilizaciones azteca y maya. Además de Inti, los incas adoraban a otras dos divinidades: Viracocha, el creador, e Illapa, el trueno y el dispensador de la lluvia. Numerosos templos estaban consagrados a este último dios, y las oraciones que se le dirigían eran sumamente fervorosas, en particular cuando la sequía se hacía amenazadora. La muerte del imperio inca coincidió con la llegada de Francisco Pizarro. El conquistador aprovechó las disensiones armadas que reinaban entre los hermanastros Huáscar y Atahualpa, y logró, taimadamente, capturar al inca Atahualpa. Al quedar privado de su jefe y de la casta que lo administraba, el imperio se derrumbó de golpe. Más tarde se producirían en los Andes algunos intentos de restauración incaica, pero no tuvieron consecuencias.
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