La religión hitita


Es interesante conocerla porque los hititas acogieron en su panteón elementos muy dispares, que luego adaptaron. En su mitología aparecen, en especial, relatos que hacen referencia a los conflictos entre los primeros dioses y que no difieren de las genealogías del Hesíodo.

Parece seguro que los hititas, tanto por su situación geográfica como por su cometido histórico, fueron uno de los principales puentes entre la Antigüedad oriental y el mundo egeo de los griegos.

El panteón hitita es innumerable: cada ciudad y cada aldea tenía sus dioses protectores. A medida que el poder central se fortalecía, se producía un reagrupamiento, y se constituyeron relatos tradicionales y más generales (en particular, el mito del dios fértil que aparecía en primavera, símbolo de la riqueza vegetal, y desaparecía en otoño).

Cuando acabó esta síntesis, los sacerdotes pusieron por encima de todos los dioses a una Gran Diosa solar, adorada en el santuario de Arinna (Anatolia), que fue proclamada "reina del país de Hatti". Esta Gran Diosa tomó después distintas figuras, la última de las cuales fue la de la Cibeles de los romanos.

A la diosa de Arinna correspondía un dios masculino (el dios Sol). Otras dos parejas divinas dominaban además el panteón: la de Teshub (dios de la tempestad y de las tormentas) y Hepa; la de Telepinu (antiguo dios anatolio de la fertilidad) y Shaushka (equivalente hurrita de Istar).


Los frigios y los lidios


Después del hundimiento del Imperio hitita, en Asia Menor aparecieron nuevos pueblos: frigios, cimerios, lidios.

Poco sabemos de los Estados más o menos estables que crearon. Sin embargo, a excepción de los lidios, no parece que se sintieran particularmente atraídos por las orillas del mar Egeo.

El pueblo lidio -situado entre el mar Egeo y el río Halys- estuvo desde el siglo IX a. de J.C. en relación con las ciudades griegas de Jonia.

Gracias a él, el mundo helénico llegó a conocer el arte, la técnica, la religión y las ciencias del Oriente Próximo.

Heródoto, nuestra principal fuente de información sobre la historia de Lidia, nos dice que el Estado lidio fue construido a lo largo de los años por los reyes Giges (687-652 a. de J.C.), Aliates (605-560 a. de J.C.) y Creso (560-546 a. de J.C.).

La riqueza del país y de su capital (Sardes) era proverbial en la Antigüedad; esta riqueza la obtuvo gracias a una intensa actividad comercial.

Los lidios fueron los inventores de la moneda (las primeras monedas, aparecidas alrededor de 630 a. de J.C., eran una aleación de oro y plata llamada electrón).

Ciro II, al vencer a Creso, puso fin a la independencia de Lidia, que pasó a ser una de las numerosas satrapías del Imperio persa.

 


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