LA RELIGION Y LA CULTURA MESOPOTAMICAS


El caudal religioso es de origen sumerio. Los nombres de los dioses, sus atributos, los mitos que se les atribuyen, han atravesado los milenios sin grandes variaciones. La lengua ritual es el sumerio, y lo seguirá siendo incluso cuando las lenguas semíticas conquisten toda Mesopotamia.

Sin embargo, de Sumer a Accad se produce una importante transformación, relativa al espíritu religioso: los sumerios profesaban el culto de las fuerzas de la naturaleza; en cambio, los semitas ven en los dioses el fundamento de la armonía natural y de la vida moral.

Las religiones de Mesopotamia son politeístas. Como cada ciudad tiene sus propios dioses, el panteón es de una terrible complejidad, y las listas de divinidades plantean numerosos problemas a los investigadores. Un mismo dios puede tener varios nombres, y cada denominación indica una de las funciones del dios. Marduk e Istar, por ejemplo, han absorbido progresivamente la personalidad de diferentes divinidades.

En la época del Antiguo Imperio babilónico, los escribas y los sacerdotes emprenden un esfuerzo de síntesis que da como resultado un sistema coherente, aunque artificial.

El politeísmo evoluciona en dos direcciones: hacia un cierto monoteísmo, cuando el dios Marduk de Babilonia llega a ser el dios mesopotámico por excelencia, y hacia un culto astral, también de origen babilonio.

Hombre revestido con los despojos de un pez. Tal vez se trate de un sacerdote al servicio de Ea, dios de las aguas. Siglo VIII y VII a. de J.C.


El panteón y la mitología de Mesopotamia


A los dioses se les puede nombrar indistintamente por su nombre sumerio o por su nombre semita. Hemos elegido, sin comentarios, el más extendido, puesto que el estudio de las equivalencias pertenece al dominio de la erudición. En los textos cuneiformes, los nombres de los dioses van casi siempre precedidos del determinativo, cuya forma ha evolucionado en el transcurso del tiempo.

Este signo se lee DINGIR en sumerio y el en acadio; se transcribe convencionalmente con una letra pequeña, anotada antes del nombre del dios (como en el caso de los determinativos).

d Enlil por DINGIR Enlil, el Asur, etc.

El poema de la creación empieza con las palabras Enuma elish ("cuando en lo alto..."), que le sirven de título. Este texto babilónico fue escrito para ensalzar al dios de Babilonia, Marduk, y nos ofrece el punto de partida de las genealogías divinas:

Cuando en lo alto aún no se nombraba al Cielo
y cuando abajo la Tierra no tenía nombre, del Apsú
primordial, su padre,
y de la tumultuosa Tiamat, la madre de todos,
las aguas se confundían en una sola cosa.
.....
Entonces, cuando ningún dios era nombrado,
ni ningún destino fijado, fueron creados los dioses

Tiamat es el agua salada, personificación del caos primordial; Apsú es el agua dulce. De su unión nace, primero, la pareja Lahmú y Lahamú, que cae en el olvido, y después, Anshar y Krishar, "la totalidad de arriba" y "la totalidad de abajo".

Esta pareja divina da el ser a los tres primeros dioses del panteón mesopotámico: Anu, Enlil y Ea, y, más tarde, a los demás dioses.

Apsú y Tiamat deciden aniquilar a los dioses que conspiran contra ellos. Ea, dios de la sabiduría, se apodera de Apsú, hace que Tiamat tome otro nuevo esposo, Kingú, y lanza contra los dioses unos monstruos, que son combatidos por Marduk (quien antes ha exigido a las otras divinidades que le reconozcan como su jefe).

Vencedor, Marduk se apodera de las Tablillas de los Destinos y, separando el caos en dos, crea el Cielo y la Tierra (la estrella Marduk -el planeta Júpiter-, regula el curso de los demás astros): Luego, mezclando su sangre con arcilla, Marduk crea el hombre, que es destinado al servicio de los dioses.

Cuando todo ha terminado, las divinidades se reúnen en Esagil (templo celestial) para un gran banquete, y confieren a Marduk "50 nombres", reunidos todos en él.


La epopeya de Gilgamesh
Es un extenso poema cuyas primeras compilaciones se remontan a 2500 años a. de J. C., y que fue hallado en la biblioteca de Asurbanipal. Gilgamesh es un héroe sumerio que entabla un combate gigantesco contra su amigo Enkidú, antes de luchar, en compañía de éste, contra el dueño del país de los cedros, el gigante Humbada.

Este poema mezcla la epopeya con la alegoría (mito de Enkidú, que simboliza el paso del estado natural al civilizado; mito de Gilgamesh, héroe en busca de la salvación y de la inmortalidad), y se le añadió -tardíamente- un episodio recogido luego por la Biblia: La historia del Diluvio.

Gilgamesh, en el transcurso de los viajes, encuentra a Utnapishtim, el Noé babilonio, que le cuenta cómo, por orden del dios Ea, ha construido una nave para escapar del Diluvio:

Cuanto yo tenía, lo cargué; ordenó que metiesen en el interior de la nave toda simiente de vida, toda mi familia, los rebaños de mis campos, los animales y los artesanos. Les hice subir a todos...

Seis días y seis noches sopló el viento, y el diluvio y el huracán dominaron el país. Al amanecer del séptimo día, el huracán se apaciguó, el diluvio paró... el mar se aquietó, el viento malo se calmó...

Toda la Humanidad se había convertido en barro.


Clero y edificios religiosos en Mesopotamia


El templo es la morada del dios; la palabra que sirve para designarlo es e, que significa también "casa".

Al lado del templo se levanta una construcción de pisos superpuestos, a la manera de las pirámides de gradas de los egipcios. Estas torres de pisos son llamadas zigurats y difieren de las pirámides egipcias en que no son tumbas.

Los antiguos creyeron que se trataba de observatorios astronómicos, e incluso de la tumba del dios Marduk. Actualmente se cree que eran lugares de culto. En lo más alto del edificio, un santuario permitía al dios posarse cuando bajaba a la Tierra y, a la vez, quedar al abrigo de las miradas humanas.

El zigurat más antiguo se encuentra en Ur, en el país sumerio. El mejor conservado es el de Choga-Zembil (en Irán, cerca de Susa), que data del siglo XIII a. de J.C.

Pero el más famoso es el citado en la Biblia como torre de Babel; el Etemenanki de Babilonia, hoy desaparecido por completo (altura: cerca de 90 m; longitud de la base: 90 m). Heródoto lo describe así:

En el centro se levanta una sólida torre que tiene un estadio de longitud y de anchura. Sobre esta primera torre se ha edificado otra; una tercera sobre ésta, y así sucesivamente, hasta ocho.

Se puede subir a la cúspide por una rampa que circula por el exterior de cada una de ellas. A mitad de camino están dispuestos un lugar de descanso y unos asientos en los que pueden sentarse los que suben.

En la última se encuentra una gran capilla, donde se ve una cama muy ancha, magníficamente cubierta, cerca de la cual hay una mesa de oro. Por lo demás, no se ve allí ninguna imagen de divinidades. Nadie pasa la noche en este lugar, a no ser una mujer sola que debe ser elegida por el dios y que designan los caldeos, sacerdotes de Belos.

Estos sacerdotes dicen, y a mi juicio eso es increíble, que el dios en persona va al templo y allí descansa en la cama que le está preparada, lo mismo que, según los egipcios, ocurre en Tebas, donde una mujer pasa también la noche en el templo de Júpiter tebano (Heródoto, I, 181-182 a. de J.C.)

El clero está dirigido por el rey, vicario de dios en la Tierra. Cada santuario tiene un gran sacerdote (enú) y sacerdotes especializados (shangú): los conjuradores (ashippú), los adivinos (barú) y los cantores.

Los adivinos predican el porvenir según varias técnicas: por el examen de las vísceras de los animales (en especial, del hígado), de las formas que toma una gota de aceite vertida en el agua (lecanomancia), de las anomalías del nacimiento, de los sueños y de los astros.

He aquí, por ejemplo, la interpretación de un sueño del rey Gudea:

En medio de mi sueño, un hombre, cuya estatura igualaba a la del Cielo, cuya altura a la de la Tierra; un hombre que, por la tiara que llevaba en la cabeza, era un dios, y al lado del cual estaba el pájaro divino, Impig, al pie del cual estaba un huracán, a derecha e izquierda del cual estaba echado un león, me ha ordenado que edifique mi casa.
No le he reconocido.

El Sol se levantó de la Tierra. Una mujer -¿quién no era?, ¿quién era?- tenía en la mano un cálamo puro; llevaba la tablilla de la buena estrella de los cielos; se aconsejaba ella misma. Una segunda imagen, la de un guerrero... tenía en la mano una tablilla de lapislázuli y hacía el plano de un templo. Delante de mí estaba colocada una almohadilla pura; el molde puro estaba dispuesto encima; el ladrillo del destino se hallaba en el molde; el [laguna] sagrado colocado delante de mí... un asno echado en el suelo a la derecha de mi rey.

La interpretación del sueño es de la "madre intérprete de los sueños", Nina:

Yo voy a explicarte tu sueño: en cuanto al hombre cuya altura igualaba al cielo... es mi hermano Ningirsú; él te ordenaba que edificases su casa del E-Ninnú.

El Sol que se levantaba delante de ti es tu dios Ningizida: sale de la tierra como el Sol.

La mujer joven es mi hermana Nisaba... el segundo hombre es Nindub... la almohadilla... el molde... el ladrillo... es el ladrillo sagrado del E-Ninnú.

En cuanto al [laguna] sagrado colocado delante de ti... significa que, para que construyas el templo, ningún placer habrá de entrar en tu presencia. En cuanto al asno echado en el suelo a la derecha de tu rey, eres tú, en el E-Ninnú, como...tú te tiendes en tierra.

Otra de las creaciones de Mesopotamia es la astrología: El porvenir del hombre leído en los astros.

Esta superstición, ligada al culto de los dioses astrales, llevó a los mesopotámicos a hacer observaciones astronómicas extremadamente precisas.

La sacerdotisa es también un personaje importante del culto; en sumerio se le llama Nindingir-ra, "la esposa del dios".

El Código de Hammurabi precisa la condición jurídica de estas mujeres, reclutadas entre las familias más nobles de la ciudad. Cerca del templo de Istar se hallaba la casa de las prostitutas sagradas, el gagum.


Creencias y cultos en Mesopotamia


La naturaleza humana
Para los babilonios, el hombre es creado por un dios más poderoso que los otros (Marduk), quien, con tierra y su propia sangre, amasa una forma a su imagen.

Esta creación es utilitaria: El hombre ha sido puesto en la Tierra "para que los dioses habiten en una morada que alegre el corazón".

Si la humanidad no cumple esta tarea y deja de estar al servicio de los dioses, afluyen los castigos: diluvio, epidemia, sequía, hambre, enfermedad, etc. Cada hombre tiene un dios particular que le protege o castiga, según los casos; en Babilonia, muchos nombres propios comprenden la palabra ili ("mi dios"): ili-amranni ("dios mío mírame") ilima-abi ("dios es mi padre"), etc. (compárese con Diosdado, Diosteguarde, etc.).

La oración y los sacrificios
Un texto babilonio dice:

Rinde cada día homenaje a tu dios: Sacrificios, oraciones, digno incienso. Delante de tu dios, ten un corazón puro: eso es lo que agrada a la divinidad.

La súplica, la oración y la prosternación se los tributarás cada mañana, y él te otorgará tesoros: el temor engendra la benevolencia, el sacrificio aumenta la vida, la oración libra del pecado

El sacrificio consiste en ofrendas de alimentos a la divinidad, mientras se queman en su honor plantas aromáticas. Este ritual varía según el fin que se pretende alcanzar o el dios al que se quiere honrar.

He aquí, por ejemplo, un sacrificio ofrecido a Shamash, dios del Sol, por un hombre piadoso:

Delante de Shamash, de Adad, de Marduk y de otras divinidades menos importantes, se colocan sendos hornillos y detrás de cada hornillo cuatro cántaros de vino de sésamo, tres docenas de panes, miel, mantequilla y sal. El sacerdote toma al fiel de la mano y dice:

¡Que Fulano, tu servidor, pueda en las horas de la mañana ofrecerte un sacrificio! ¡Que eleve el cedro y permanezca ante tu augusta divinidad! ¡Que sea agradable a tu augusta divinidad, por la virtud de esta oveja, que se compone de carne perfecta y de formas perfectas!

Entonces el animal es inmolado, y el dios recibe la pierna derecha, los riñones y un asado.

Cada divinidad tiene derecho a porciones de alimentos bien determinadas (dieciocho jarros de bebida para Anú, doce para Istar, diez para Nana, ninguno para Antú, etc.). Ciertos días de fiesta eran celebrados según un minucioso ritual.

El más importante era el Akitú (Año Nuevo babilonio, que coincidía con el segundo día del mes de Nisán). He aquí su descripción, según Thureau-Dangin (Rituales acadios):

El gran sacerdote se levanta antes de que acabe la noche, se purifica en el agua del río y recita secretamente una oración a Marduk.

Al día siguiente, tres horas después de la puesta del Sol, tres artistas y un tejedor fabrican dos estatuillas sagradas, de una altura de siete dedos.

El cuarto día se celebra una ceremonia secreta: purificación del templo por el gran sacerdote, ayudado por dos personajes más que inmolan un cordero y, saliendo al campo cargados con el cuerpo del animal, van a tirarlo al Eufrates.

Estos dos hombres, símbolos de la impureza que han llevado con ellos, se quedarán fuera de la ciudad mientras dure la fiesta sagrada. Después se va en busca del rey y se le introduce en el Esagil.

El gran sacerdote despoja al príncipe de sus insignias reales y las deposita ante la estatua de Marduk, y, seguidamente, golpea al rey en la mejilla y le hace arrodillarse ante el dios, tirándole de las orejas.

El rey hace entonces una confesión negativa, declarando no haber pecado, ni destruido su ciudad, ni quebrantado el templo del Esagil, ni causado humillación.

El gran sacerdote devuelve sus insignias al rey después de haberle perdonado en nombre del dios, y le golpea de nuevo (este último rito es importante; si brotan las lágrimas del rey, es buena señal; si no, es mal augurio: El dios está encolerizado).

Después de la puesta del Sol del mismo día, es inmolado un toro blanco. Finalmente, el último día, el dios deja su santuario y, atravesando la ciudad, en procesión dirigida por el rey, es llevado a otro lugar sagrado, el templo de las oraciones, donde permanece hasta el día 11 del mes. De allí regresa a su santuario del Esagil, en una procesión inversa, al final del onceno día.

El pecado y la penitencia.
El hombre que no sirve a su dios como es debido es castigado (los demonios habitan en su cuerpo, le abruman con toda clase de males) y debe hacer penitencia confesando sus faltas al dios.

De ello provienen los salmos de penitencia que se cuentan entre los textos religiosos más originales del Antiguo Oriente:

Señor, mis pecados son numerosos y mis faltas son graves;
dios mío, mis pecados son numerosos y mis faltas son graves;
mi diosa, mis pecados son numerosos y mis faltas son graves.

¡Oh dios, a quien conozco o no conozco... que la cólera se apacigüe con el miedo al señor!
Que el dios a quien conozco o no conozco se apacigüe.
Que la diosa a quien conozco o no conozco se apacigüe.

Después de la muerte, el alma se separa del cuerpo y se convierte en espíritu maléfico (edimmú), hasta que el cadáver es enterrado.

Entonces, el edimmú desciende a la morada de Nergal, "la casa de la que no se sale jamás", donde los muertos, vigilados por Nergal y Alatú, se alimentan de barro y de polvo, y desde donde no pueden volver a la Tierra para atormentar a los vivos.

Esta morada de los muertos, en la que buenos y malos se encuentran y que prenuncia el Sheol de los hebreos, está especialmente descrita en el Poema de la bajada de Istar a los Infiernos.


La ciencia mesopotámica


Creada sin duda por los sumerios, y transmitida a los semitas, que la desarrollaron, la ciencia mesopotámica es particularmente notable, no sólo por su contenido, sino también por su actitud.

Hasta principios del siglo XX se atribuía al milagro griego la elaboración del espíritu científico y del pensamiento racional; el Atica, según frase de Sartre en Las moscas, era el país donde la razón tenía razón; antes de los griegos se señalaban ya algunos rudimentos de conocimientos científicos, de tipo práctico, en Egipto, pero nada que pueda compararse con los Elementos de Euclides, con el Almagesto de Tolomeo o con la Aritmética de Diofanto.

En realidad, parece cada vez más cierto que el pensamiento griego, especialmente el pensamiento científico, no deja de estar relacionado con la ciencia mesopotámica. Los intermediarios pudieron haber sido, sucesivamente, los hititas, los fenicios y los lidios.

Las matemáticas
Poseemos millares de tablillas matemáticas cuneiformes, en sumerio o en asirio-babilonio.

Se distribuyen del siguiente modo:
- Gran número de tablas numéricas (tablas de multiplicación, de división, de logaritmos, de cuadrados y raíces cuadradas, de cubos y raíces cúbicas, etc.).

Estas tablas eran un instrumento de cálculo indispensable: El sistema de numeración -por perfeccionado que sea- siempre resulta molesto de manejar. Lo que más llama la atención, cuando examinamos las tablillas, es su orden metódico constante, señal de un pensamiento científico bien estructurado.

Textos que proponen problemas, enunciándolos de la manera siguiente:

He sumado 8 veces el lado de mi campo (cuadrado) y 3 veces su superficie, y me ha dado 80. ¿Cuál es el lado de mi campo? El lado de mi campo es igual a 4.

Para justificar este resultado se propone después una serie de cálculos que corresponden a las etapas de la resolución de la ecuación de segundo grado, según el método que estudian aún nuestros bachilleres (sea x el lado del campo; 8 veces el lado = 8 x; 3 veces la superficie = 3x2 , de ahí la ecuación 3x2 + 8x = 80; la fórmula empleada por los escribas es la de Diofanto:

Todos estos problemas (hay centenares de ellos) están construidos sobre el mismo esquema y conducen a ecuaciones de primero y segundo grado, a sistemas de varias incógnitas, etc.

No se trata de textos concretos, que correspondan a preocupaciones prácticas (agrimensura, particiones, etc.), sino de verdaderos ejercicios en los que el mismo método es aplicado a diversos casos que sólo difieren en los datos numéricos.

Los babilonios, conscientes de la generalidad de su método, fueron los inventores del álgebra, que llevaron hasta un grado de perfeccionamiento técnico ignorado por la Grecia clásica.

Los textos geométricos dan testimonio de un conocimiento de las reglas de cálculo relativas a las superficies y a los volúmenes, del valor aproximado del número (generalmente considerado igual a 3), de las propiedades fundamentales de las líneas proporcionales y del teorema de Pitágoras (los tres lados a, b, c de un triángulo rectángulo corresponden a la relación: a2 = b2 + c2 ).

La astronomía
Nació de las supersticiones astrológicas. Persuadidos de la existencia de una relación entre la posición de los astros en el firmamento y el destino de los hombres, los mesopotámicos observaron detenidamente la bóveda celeste.

Anotaron día tras día la posición de las estrellas y de los planetas, intentaron establecer una ley aproximada del movimiento de la Luna, confeccionaron tablas de eclipses, etc.

Fueron maestros en el arte de estudiar los astros (hasta tal punto que en Roma, al referirse a un astrólogo, decían un caldeo) y dejaron millares de observaciones, que Tolomeo utilizó más tarde, cuando elaboró su teoría del sistema solar.

La medicina
Llevó muy lejos el arte del diagnóstico, y las numerosas recopilaciones de textos médicos nos proporcionan descripciones clínicas de gran valor.

Sin embargo, el estudio de los síntomas, el pronóstico de evolución de la enfermedad, la terapéutica (basada en ingredientes minerales, vegetales o animales), seguían siendo muy particulares.

El médico babilonio no es un biólogo, sino un observador minucioso que busca un método eficaz de curación y no una teoría de los fenómenos de la vida.

La frontera entre la medicina y la magia es difícil de trazar; la enfermedad es señal de la presencia de un demonio en el cuerpo del enfermo, y el médico es asistido en muchos casos por un conjurador.


La literatura


Poseemos gran número de tablillas escolares, testimonios de los estadios por los que pasaba un escriba cuando aprendía a leer y a escribir en cuneiforme.

Estos textos nos revelan las equivalencias fonéticas y las reglas fundamentales de la gramática, del cálculo, etc. También se han encontrado léxicos.

En la escuela de los escribas (la Casa de las Tablillas), el empleo del tiempo es riguroso, y los alumnos jóvenes están asistidos por los mayores (los Hermanos Mayores).

Un célebre texto sumerio cuenta los recuerdos de un estudiante escriba:

He recitado mi tablilla, luego he almorzado, he preparado mi tablilla, que he llenado de escritura, y la he terminado. Más tarde me han indicado mi lección y, por la tarde, mi deber de escritura... De nuevo en su casa, el escolar se acuesta temprano y se levanta temprano.

Si acaso llega tarde a la escuela, un vigilante le amonesta. El maestro, para castigarle, le impone una corrección. Después, un vigilante disciplinario le castiga porque su presentación es inconveniente. Es castigado constantemente (a golpes) por hablar, por salir, o por levantarse sin permiso.

Los textos literarios (es decir, los que no son tablillas de contabilidad, de contratos o de listas de personajes) fueron objeto de una lenta elaboración, que se detuvo en la segunda parte del I milenio a. de J. C. y así quedó hasta la época de Asurbanipal.

Los textos históricos (Anales, textos que describen las victorias de un rey, Crónicas) son numerosos. El rey asirio Asurnasirpal II relata así la represión de una rebelión:

... (En el año que lleva mi nombre) estando yo aún en Nínive, me dieron la noticia de que los asirios y su gobernador Hulai, a quienes Salmanasar, rey de Asiria, príncipe que me ha precedido, había establecido en Halzidifa (esos asirios, digo) se habían rebelado y habían marchado contra Damdamusa, la ciudad real, para apoderarse de ella.

Siguiendo las palabras de Asur, de Istar y de Abad, mis dioses protectores, reuní mis carros y mis tropas.

En la fuente de Subnat, donde estaban las imágenes de Tiglat-Pileser y Tukulti-Ninurta, reyes de Asiria, mis padres, hice una imagen de mi real persona y la erigí allí.

En aquel tiempo recibí el tributo del país de Itsala, ganado mayor y menor, y vinos. Atravesé la montaña de Kashiari y avancé hacia Kinabú, fortaleza de Hulai. Con la multitud de mis tropas, en un choque impetuoso como la tempestad, caí sobre la ciudad y la conquisté.

Seiscientos de sus guerreros fueron pasados a cuchillo, 3.000 prisioneros fueron entregados a las llamas; no dejé con vida ni a uno solo para que sirviera de rehén. A Hulai, su gobernador, le cogí vivo con mis propias manos.

Apilé sus cuerpos en montículos, y entregué a sus muchachos y muchachas a las llamas. A Hulai, su gobernador, le despellejé y extendí su piel sobre la muralla de Damdamusa. Destruí, saqueé e incendié la ciudad.

La ciudad de Marirú, que formaba parte del mismo distrito, fue conquistada por mí. Pasé a cuchillo a cincuenta de sus guerreros; entregué a las llamas a doscientos prisioneros; maté 332 soldados del país de Nirbú, en un combate a campo raso, y me llevé sus despojos, y su ganado mayor y menor. Las gentes de Nirbú .. se habían coligado y se habían encerrado en Thela, su fortaleza.

.. La ciudad, poderosa y fuerte, estaba rodeada de tres murallas; sus gentes, confiadas en las resistentes murallas y en las numerosas tropas, no acudieron a echarse a mis pies. Con batalla y matanza asalté la ciudad y la conquisté.

Pasé por las armas a 3.000 guerreros suyos; entregué muchos de ellos a las llamas e hice un gran número de prisioneros; a unos les corté las manos y los dedos; a otros, la nariz y las orejas; a muchos les saqué los ojos; hice un montón con los vivos y otro con las cabezas; até sus cabezas en cepas de viña alrededor de la ciudad. A sus muchachos y muchachas los arrojé al fuego.


La literatura religiosa y la correspondencia epistolar


Los textos religiosos o filosóficos son una herencia sumeria, modificada al correr de los años por las aportaciones personales de los escribas y recitadores. Los dos textos más célebres son el Poema de la Creación y la Epopeya de Gilgamesh.

A la misma categoría pertenece un texto, llamado comúnmente Poema del justo doliente:

Apenas he llegado a la vida cuando ya he franqueado el tiempo fijado.
Me he vuelto: ¡es el Mal, siempre el Mal!
¡Mi opresión ha aumentado y no he encontrado mi derecho!
He llamado a mi dios, y él no ha mostrado su faz.
He invocado a mi diosa, y su cabeza ni siquiera se levanta...
He mirado atrás: La desgracia me ha perseguido.

Como si a mi dios no le hubiera ofrecido el sacrificio regular,
como si mi diosa no hubiera sido conmemorada en el ágape,
como si mi rostro no se inclinara y mi adoración no fuese advertida...

Sobre mi lecho, aniquilado como un buey.
Estoy inundado por mis excrementos como un cordero.
Mis músculos enfermos han preocupado al mago...
El hechicero no ha aclarado el estado de mi enfermedad...
Mi dios no ha venido en mi ayuda, ni ha cogido mi mano...
El sepulcro está abierto, se ha tomado posesión de mi morada".


Finalmente hay que subrayar que los mesopotámicos conocieron la Poesía gnómica, que existía también en Egipto: Proverbios, fábulas, etc.

La correspondencia epistolar
Los grandes personajes y los comerciantes escribían cartas, a menudo muy extensas, en tablillas de arcilla, las cuales iban encerradas en una envoltura de arcilla que había que romper para enterarse del mensaje.

El estudio de esta correspondencia nos muestra todos los aspectos de la vida social y material de Mesopotamia.

Así, por ejemplo, la carta escrita por Hammurabi al gobernador de Larsa, Sin-Idinnam, nos muestra cómo dirigía el rey sus provincias desde la capital. Hablando de un asunto de corrupción, exclama:

Al recibo de esta carta, haz una investigación. Si hay corrupción, toma el dinero o lo que haya sido dado como regalo, séllalo y mándamelo

A propósito de unos impuestos mal cobrados por un recaudador llamado Shep-Sin, que tarda en mandar al rey el sésamo y el dinero pagado por los contribuyentes, el rey de Babilonia escribe:

Tan pronto como veas esta tablilla que te dirijo, manda a Babilonia a Shep-Sin, el recaudador jefe, con 1.800 gurs de sésamo y 19 minas de plata que adeuda, y a Sinmushtal, el recaudador jefe, con 1.800 gurs de sésamo y 7 minas de plata que adeuda.

Que los acompañe tu fiel guardia y que. con todo su haber, vengan a presentarse ante mí.

Asimismo, las cartas descubiertas en Tell-el Amarna (Egipto) ponen de manifiesto la política de las grandes potencias con relación a Canaán y al País del Oeste (Amurru).


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