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Sin embargo, de Sumer a Accad se produce una importante transformación, relativa al espíritu religioso: los sumerios profesaban el culto de las fuerzas de la naturaleza; en cambio, los semitas ven en los dioses el fundamento de la armonía natural y de la vida moral. Las religiones de Mesopotamia son politeístas. Como cada ciudad tiene sus propios dioses, el panteón es de una terrible complejidad, y las listas de divinidades plantean numerosos problemas a los investigadores. Un mismo dios puede tener varios nombres, y cada denominación indica una de las funciones del dios. Marduk e Istar, por ejemplo, han absorbido progresivamente la personalidad de diferentes divinidades. En la época del Antiguo Imperio babilónico, los escribas y los sacerdotes emprenden un esfuerzo de síntesis que da como resultado un sistema coherente, aunque artificial. El politeísmo evoluciona en dos direcciones: hacia un cierto monoteísmo, cuando el dios Marduk de Babilonia llega a ser el dios mesopotámico por excelencia, y hacia un culto astral, también de origen babilonio. Hombre revestido con los despojos de un pez. Tal vez se trate de un sacerdote al servicio de Ea, dios de las aguas. Siglo VIII y VII a. de J.C.
Este signo se lee DINGIR en sumerio y el en acadio; se transcribe convencionalmente con una letra pequeña, anotada antes del nombre del dios (como en el caso de los determinativos). d Enlil por DINGIR Enlil, el Asur, etc. El poema de la creación empieza con las palabras Enuma elish ("cuando en lo alto..."), que le sirven de título. Este texto babilónico fue escrito para ensalzar al dios de Babilonia, Marduk, y nos ofrece el punto de partida de las genealogías divinas: Cuando en lo alto aún no se nombraba al Cielo Esta pareja divina da el ser a los tres primeros dioses del panteón mesopotámico: Anu, Enlil y Ea, y, más tarde, a los demás dioses. Apsú y Tiamat deciden aniquilar a los dioses que conspiran contra ellos. Ea, dios de la sabiduría, se apodera de Apsú, hace que Tiamat tome otro nuevo esposo, Kingú, y lanza contra los dioses unos monstruos, que son combatidos por Marduk (quien antes ha exigido a las otras divinidades que le reconozcan como su jefe). Vencedor, Marduk se apodera de las Tablillas de los Destinos y, separando el caos en dos, crea el Cielo y la Tierra (la estrella Marduk -el planeta Júpiter-, regula el curso de los demás astros): Luego, mezclando su sangre con arcilla, Marduk crea el hombre, que es destinado al servicio de los dioses. Cuando todo ha terminado, las divinidades se reúnen en Esagil (templo celestial) para un gran banquete, y confieren a Marduk "50 nombres", reunidos todos en él.
Este poema mezcla la epopeya con la alegoría (mito de Enkidú, que simboliza el paso del estado natural al civilizado; mito de Gilgamesh, héroe en busca de la salvación y de la inmortalidad), y se le añadió -tardíamente- un episodio recogido luego por la Biblia: La historia del Diluvio. Gilgamesh, en el transcurso de los viajes, encuentra a
Utnapishtim, el Noé babilonio, que le cuenta cómo, por orden
del dios Ea, ha construido una nave para escapar del Diluvio: Seis días y seis noches sopló el viento, y el diluvio y el huracán dominaron el país. Al amanecer del séptimo día, el huracán se apaciguó, el diluvio paró... el mar se aquietó, el viento malo se calmó... Toda la Humanidad se había convertido en barro.
Al lado del templo se levanta una construcción de pisos superpuestos, a la manera de las pirámides de gradas de los egipcios. Estas torres de pisos son llamadas zigurats y difieren de las pirámides egipcias en que no son tumbas. Los antiguos creyeron que se trataba de observatorios astronómicos, e incluso de la tumba del dios Marduk. Actualmente se cree que eran lugares de culto. En lo más alto del edificio, un santuario permitía al dios posarse cuando bajaba a la Tierra y, a la vez, quedar al abrigo de las miradas humanas. El zigurat más antiguo se encuentra en Ur, en el país sumerio. El mejor conservado es el de Choga-Zembil (en Irán, cerca de Susa), que data del siglo XIII a. de J.C. Pero el más famoso es el citado en la Biblia como
torre de Babel; el Etemenanki de Babilonia, hoy desaparecido por completo
(altura: cerca de 90 m; longitud de la base: 90 m). Heródoto lo
describe así: Se puede subir a la cúspide por una rampa que circula por el exterior de cada una de ellas. A mitad de camino están dispuestos un lugar de descanso y unos asientos en los que pueden sentarse los que suben. En la última se encuentra una gran capilla, donde se ve una cama muy ancha, magníficamente cubierta, cerca de la cual hay una mesa de oro. Por lo demás, no se ve allí ninguna imagen de divinidades. Nadie pasa la noche en este lugar, a no ser una mujer sola que debe ser elegida por el dios y que designan los caldeos, sacerdotes de Belos. Estos sacerdotes dicen, y a mi juicio eso es increíble,
que el dios en persona va al templo y allí descansa en la cama
que le está preparada, lo mismo que, según los egipcios,
ocurre en Tebas, donde una mujer pasa también la noche en el templo
de Júpiter tebano (Heródoto, I, 181-182 a. de J.C.) El clero está dirigido por el rey, vicario de dios en la Tierra. Cada santuario tiene un gran sacerdote (enú) y sacerdotes especializados (shangú): los conjuradores (ashippú), los adivinos (barú) y los cantores. Los adivinos predican el porvenir según varias técnicas: por el examen de las vísceras de los animales (en especial, del hígado), de las formas que toma una gota de aceite vertida en el agua (lecanomancia), de las anomalías del nacimiento, de los sueños y de los astros. He aquí, por ejemplo, la interpretación
de un sueño del rey Gudea: El Sol se levantó de la Tierra. Una mujer -¿quién
no era?, ¿quién era?- tenía en la mano un cálamo
puro; llevaba la tablilla de la buena estrella de los cielos; se aconsejaba
ella misma. Una segunda imagen, la de un guerrero... tenía en la
mano una tablilla de lapislázuli y hacía el plano de un
templo. Delante de mí estaba colocada una almohadilla pura; el
molde puro estaba dispuesto encima; el ladrillo del destino se hallaba
en el molde; el [laguna] sagrado colocado delante de mí... un asno
echado en el suelo a la derecha de mi rey. La interpretación del sueño es de la "madre
intérprete de los sueños", Nina: El Sol que se levantaba delante de ti es tu dios Ningizida: sale de la tierra como el Sol. La mujer joven es mi hermana Nisaba... el segundo hombre es Nindub... la almohadilla... el molde... el ladrillo... es el ladrillo sagrado del E-Ninnú. En cuanto al [laguna] sagrado colocado delante de ti...
significa que, para que construyas el templo, ningún placer habrá
de entrar en tu presencia. En cuanto al asno echado en el suelo a la derecha
de tu rey, eres tú, en el E-Ninnú, como...tú te tiendes
en tierra. Otra de las creaciones de Mesopotamia es la astrología: El porvenir del hombre leído en los astros. Esta superstición, ligada al culto de los dioses astrales, llevó a los mesopotámicos a hacer observaciones astronómicas extremadamente precisas. La sacerdotisa es también un personaje importante del culto; en sumerio se le llama Nindingir-ra, "la esposa del dios". El Código de Hammurabi precisa la condición jurídica de estas mujeres, reclutadas entre las familias más nobles de la ciudad. Cerca del templo de Istar se hallaba la casa de las prostitutas sagradas, el gagum.
Esta creación es utilitaria: El hombre ha sido puesto en la Tierra "para que los dioses habiten en una morada que alegre el corazón". Si la humanidad no cumple esta tarea y deja de estar al servicio de los dioses, afluyen los castigos: diluvio, epidemia, sequía, hambre, enfermedad, etc. Cada hombre tiene un dios particular que le protege o castiga, según los casos; en Babilonia, muchos nombres propios comprenden la palabra ili ("mi dios"): ili-amranni ("dios mío mírame") ilima-abi ("dios es mi padre"), etc. (compárese con Diosdado, Diosteguarde, etc.). La oración y los sacrificios La súplica, la oración y la prosternación
se los tributarás cada mañana, y él te otorgará
tesoros: el temor engendra la benevolencia, el sacrificio aumenta la vida,
la oración libra del pecado El sacrificio consiste en ofrendas de alimentos a la divinidad, mientras se queman en su honor plantas aromáticas. Este ritual varía según el fin que se pretende alcanzar o el dios al que se quiere honrar. He aquí, por ejemplo, un sacrificio ofrecido a
Shamash, dios del Sol, por un hombre piadoso: ¡Que Fulano, tu servidor, pueda en las horas de
la mañana ofrecerte un sacrificio! ¡Que eleve el cedro y
permanezca ante tu augusta divinidad! ¡Que sea agradable a tu augusta
divinidad, por la virtud de esta oveja, que se compone de carne perfecta
y de formas perfectas! Entonces el animal es inmolado, y el dios recibe la pierna derecha, los riñones y un asado. Cada divinidad tiene derecho a porciones de alimentos bien determinadas (dieciocho jarros de bebida para Anú, doce para Istar, diez para Nana, ninguno para Antú, etc.). Ciertos días de fiesta eran celebrados según un minucioso ritual. El más importante era el Akitú (Año Nuevo babilonio, que coincidía con el segundo día del mes de Nisán). He aquí su descripción, según Thureau-Dangin (Rituales acadios): El gran sacerdote se levanta antes de que acabe la noche, se purifica en el agua del río y recita secretamente una oración a Marduk. Al día siguiente, tres horas después de la puesta del Sol, tres artistas y un tejedor fabrican dos estatuillas sagradas, de una altura de siete dedos. El cuarto día se celebra una ceremonia secreta: purificación del templo por el gran sacerdote, ayudado por dos personajes más que inmolan un cordero y, saliendo al campo cargados con el cuerpo del animal, van a tirarlo al Eufrates. Estos dos hombres, símbolos de la impureza que han llevado con ellos, se quedarán fuera de la ciudad mientras dure la fiesta sagrada. Después se va en busca del rey y se le introduce en el Esagil. El gran sacerdote despoja al príncipe de sus insignias reales y las deposita ante la estatua de Marduk, y, seguidamente, golpea al rey en la mejilla y le hace arrodillarse ante el dios, tirándole de las orejas. El rey hace entonces una confesión negativa, declarando no haber pecado, ni destruido su ciudad, ni quebrantado el templo del Esagil, ni causado humillación. El gran sacerdote devuelve sus insignias al rey después de haberle perdonado en nombre del dios, y le golpea de nuevo (este último rito es importante; si brotan las lágrimas del rey, es buena señal; si no, es mal augurio: El dios está encolerizado). Después de la puesta del Sol del mismo día, es inmolado un toro blanco. Finalmente, el último día, el dios deja su santuario y, atravesando la ciudad, en procesión dirigida por el rey, es llevado a otro lugar sagrado, el templo de las oraciones, donde permanece hasta el día 11 del mes. De allí regresa a su santuario del Esagil, en una procesión inversa, al final del onceno día. El pecado y la penitencia. De ello provienen los salmos de penitencia que se cuentan
entre los textos religiosos más originales del Antiguo Oriente:
¡Oh dios, a quien conozco o no conozco... que la
cólera se apacigüe con el miedo al señor! Entonces, el edimmú desciende a la morada de Nergal, "la casa de la que no se sale jamás", donde los muertos, vigilados por Nergal y Alatú, se alimentan de barro y de polvo, y desde donde no pueden volver a la Tierra para atormentar a los vivos. Esta morada de los muertos, en la que buenos y malos se encuentran y que prenuncia el Sheol de los hebreos, está especialmente descrita en el Poema de la bajada de Istar a los Infiernos.
Hasta principios del siglo XX se atribuía al milagro griego la elaboración del espíritu científico y del pensamiento racional; el Atica, según frase de Sartre en Las moscas, era el país donde la razón tenía razón; antes de los griegos se señalaban ya algunos rudimentos de conocimientos científicos, de tipo práctico, en Egipto, pero nada que pueda compararse con los Elementos de Euclides, con el Almagesto de Tolomeo o con la Aritmética de Diofanto. En realidad, parece cada vez más cierto que el pensamiento griego, especialmente el pensamiento científico, no deja de estar relacionado con la ciencia mesopotámica. Los intermediarios pudieron haber sido, sucesivamente, los hititas, los fenicios y los lidios. Las matemáticas Se distribuyen del siguiente modo: Estas tablas eran un instrumento de cálculo indispensable: El sistema de numeración -por perfeccionado que sea- siempre resulta molesto de manejar. Lo que más llama la atención, cuando examinamos las tablillas, es su orden metódico constante, señal de un pensamiento científico bien estructurado. Textos que proponen problemas, enunciándolos de la manera siguiente: He sumado 8 veces el lado de mi campo (cuadrado) y 3 veces su superficie, y me ha dado 80. ¿Cuál es el lado de mi campo? El lado de mi campo es igual a 4. Para justificar este resultado se propone después una serie de cálculos que corresponden a las etapas de la resolución de la ecuación de segundo grado, según el método que estudian aún nuestros bachilleres (sea x el lado del campo; 8 veces el lado = 8 x; 3 veces la superficie = 3x2 , de ahí la ecuación 3x2 + 8x = 80; la fórmula empleada por los escribas es la de Diofanto: Todos estos problemas (hay centenares de ellos) están construidos sobre el mismo esquema y conducen a ecuaciones de primero y segundo grado, a sistemas de varias incógnitas, etc. No se trata de textos concretos, que correspondan a preocupaciones prácticas (agrimensura, particiones, etc.), sino de verdaderos ejercicios en los que el mismo método es aplicado a diversos casos que sólo difieren en los datos numéricos. Los babilonios, conscientes de la generalidad de su método, fueron los inventores del álgebra, que llevaron hasta un grado de perfeccionamiento técnico ignorado por la Grecia clásica. Los textos geométricos dan testimonio de un conocimiento de las reglas de cálculo relativas a las superficies y a los volúmenes, del valor aproximado del número (generalmente considerado igual a 3), de las propiedades fundamentales de las líneas proporcionales y del teorema de Pitágoras (los tres lados a, b, c de un triángulo rectángulo corresponden a la relación: a2 = b2 + c2 ). La astronomía Anotaron día tras día la posición de las estrellas y de los planetas, intentaron establecer una ley aproximada del movimiento de la Luna, confeccionaron tablas de eclipses, etc. Fueron maestros en el arte de estudiar los astros (hasta tal punto que en Roma, al referirse a un astrólogo, decían un caldeo) y dejaron millares de observaciones, que Tolomeo utilizó más tarde, cuando elaboró su teoría del sistema solar. La medicina Sin embargo, el estudio de los síntomas, el pronóstico de evolución de la enfermedad, la terapéutica (basada en ingredientes minerales, vegetales o animales), seguían siendo muy particulares. El médico babilonio no es un biólogo, sino un observador minucioso que busca un método eficaz de curación y no una teoría de los fenómenos de la vida. La frontera entre la medicina y la magia es difícil de trazar; la enfermedad es señal de la presencia de un demonio en el cuerpo del enfermo, y el médico es asistido en muchos casos por un conjurador.
Estos textos nos revelan las equivalencias fonéticas y las reglas fundamentales de la gramática, del cálculo, etc. También se han encontrado léxicos. En la escuela de los escribas (la Casa de las Tablillas), el empleo del tiempo es riguroso, y los alumnos jóvenes están asistidos por los mayores (los Hermanos Mayores). Un célebre texto sumerio cuenta los recuerdos de un estudiante escriba: He recitado mi tablilla, luego he almorzado, he preparado mi tablilla, que he llenado de escritura, y la he terminado. Más tarde me han indicado mi lección y, por la tarde, mi deber de escritura... De nuevo en su casa, el escolar se acuesta temprano y se levanta temprano. Si acaso llega tarde a la escuela, un vigilante le amonesta. El maestro, para castigarle, le impone una corrección. Después, un vigilante disciplinario le castiga porque su presentación es inconveniente. Es castigado constantemente (a golpes) por hablar, por salir, o por levantarse sin permiso. Los textos literarios (es decir, los que no son tablillas de contabilidad, de contratos o de listas de personajes) fueron objeto de una lenta elaboración, que se detuvo en la segunda parte del I milenio a. de J. C. y así quedó hasta la época de Asurbanipal. Los textos históricos (Anales, textos que describen
las victorias de un rey, Crónicas) son numerosos. El rey asirio
Asurnasirpal II relata así la represión de una rebelión:
Siguiendo las palabras de Asur, de Istar y de Abad, mis dioses protectores, reuní mis carros y mis tropas. En la fuente de Subnat, donde estaban las imágenes de Tiglat-Pileser y Tukulti-Ninurta, reyes de Asiria, mis padres, hice una imagen de mi real persona y la erigí allí. En aquel tiempo recibí el tributo del país de Itsala, ganado mayor y menor, y vinos. Atravesé la montaña de Kashiari y avancé hacia Kinabú, fortaleza de Hulai. Con la multitud de mis tropas, en un choque impetuoso como la tempestad, caí sobre la ciudad y la conquisté. Seiscientos de sus guerreros fueron pasados a cuchillo, 3.000 prisioneros fueron entregados a las llamas; no dejé con vida ni a uno solo para que sirviera de rehén. A Hulai, su gobernador, le cogí vivo con mis propias manos. Apilé sus cuerpos en montículos, y entregué a sus muchachos y muchachas a las llamas. A Hulai, su gobernador, le despellejé y extendí su piel sobre la muralla de Damdamusa. Destruí, saqueé e incendié la ciudad. La ciudad de Marirú, que formaba parte del mismo distrito, fue conquistada por mí. Pasé a cuchillo a cincuenta de sus guerreros; entregué a las llamas a doscientos prisioneros; maté 332 soldados del país de Nirbú, en un combate a campo raso, y me llevé sus despojos, y su ganado mayor y menor. Las gentes de Nirbú .. se habían coligado y se habían encerrado en Thela, su fortaleza. .. La ciudad, poderosa y fuerte, estaba rodeada de tres
murallas; sus gentes, confiadas en las resistentes murallas y en las numerosas
tropas, no acudieron a echarse a mis pies. Con batalla y matanza asalté
la ciudad y la conquisté.
A la misma categoría pertenece un texto, llamado
comúnmente Poema del justo doliente: Como si a mi dios no le hubiera ofrecido el sacrificio
regular, Sobre mi lecho, aniquilado como un buey.
La correspondencia epistolar El estudio de esta correspondencia nos muestra todos los
aspectos de la vida social y material de Mesopotamia. A propósito de unos impuestos mal cobrados por
un recaudador llamado Shep-Sin, que tarda en mandar al rey el sésamo
y el dinero pagado por los contribuyentes, el rey de Babilonia escribe:
Que los acompañe tu fiel guardia y que. con todo
su haber, vengan a presentarse ante mí.
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