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El delta del Nilo, en forma de abanico, constituye el Bajo Egipto. Al sur de Menfis, ciudad situada en el vértice del delta, se encuentra el Alto Egipto, cuya zona de cultivo pocas veces alcanza los 10 km. En este país, aislado del resto del mundo por el Mediterráneo y por los desiertos, se desarrolló durante 3.000 años una brillante civilización cuyo estudio es el objeto de la egiptología.
- Principales estaciones prehistóricas: No han sido hallados restos humanos. Unicos testigos del paso del hombre: sílex y útiles encontrados por todas partes, en el limo del río. - Industrias: Objetos varios de sílex tallado, de cuarzo, etc. (hachas de mano, cuchillos, etc.). - Arte y civilización: Los cazadores nómadas que vivieron en aquella época en esta región no dejaron ningún vestigio comparable al arte de las cavernas que hallamos en la Europa del paleolítico. NEOLITICO - Principales estaciones prehistóricas: Es la época de la población de Egipto. Los lugares son abundantes y, a menudo, están sumergidos en el limo del Nilo, lo que imposibilita las excavaciones. Lugares no hundidos en la arena: El-Omari, Merindé, Beni-Salam, lugares del Alto Egipto (Taza, Tukt, etcétera). - Industrias: Armas de sílex (lanza, flecha) y,
sobre todo el hacha pulimentada de sílex, característica
de esta época. - Arte y civilización: Los nómadas de convierten en sedentarios. Aparición de la agricultura (trigo candeal, mijo, cebada) y domesticación de los animales. Aldeas construidas con cabañas de caña aislada; existencia de pequeños recintos en forma de óvalo que sirven de abrigo. Las necrópolis se hallan fuera de la aldea;los muertos son colocados en posición fetal y descansan sobre el costado izquierdo. Ajuar funerario rudimentario (vasijas), que parece indicar que los hombres del aquel período creían en alguna forma de existencia después de la muerte. La civilizavión parece estar más desarrollada en el norte (Merindé, El Fayum, El Omari) que en el sur. ENEOLITICO - Industrias: Empleo simultáneo del sílex y del cobre (batido: enseres numerosos y diversos, más trabajados que en la edad precedente). Tejido del lino; vestidos de cuero (como en la edad anterior).
- Arte y civilización: La edad eneolítica es la prolongación de la precedente: las habitaciones son, sin embargo más cuidadas; las necrópolis se encuentran separadas de los poblados y los muertos, envueltos en esteras, son colocados en sarcófagos de barro cocido o de madera. Es la época en que los nomos se agrupan en dos
reinos (del Norte y del Sur), cuyo rey es llamado Nesut en el sur, y Bilt
en el norte. Después de la fusión de los dos reinos, el
rey único -el faraón- lleva un emblema que combina las dos
coronas: El pschent. El norte prepondera, tanto en civilización
como en orden político. Principales temas tratados: figuras humanas (mujeres desnudas, hombres barbudos, brazos pegados al cuerpo), animales (arte muy evolucionado), amuletos y arte ornamental.
La unificación definitiva habría sido realizada por el fundador de la primera dinastía: Menes, según la lista de Manetón, y Narmer, según una tablilla encontrada en Hierakónpolis. La aparición de los reyes-dioses estuvo señalada por el advenimiento de Narmer (hacia el 3200 a. de J.C.). Los poblados prehistóricos se concentraban alrededor de una aldea, bajo la dirección de un jefe. Pero hacia el fin de la Prehistoria podemos observar ya los comienzos de un proceso que habría de repetirse una y otra vez en la historia de Egipto: el afán de los principales del Sur por dominar zonas cada vez más extensas del valle del Nilo. Pero Egipto era aún conocido por sus propios habitantes como los Dos Países: el Norte, el más desarrollado culturalmente, y el Sur, más disciplinado desde el punto de vista político. Hasta el 3200 antes de Jesucristo no se realizó por primera vez la unificación de todo el país. Fue el rey-Escorpión, quizás el inmediato predecesor de Narmer, quien extendió vigorosamente el país hacia el Sur, y en cuya maza real se recoje el momento en que, cubierto con la corona del Alto Egipto, se dispone a excavar un canal. El resultado fue una solución típicamente africana a los problemas de gobierno, ya que los monumentos primitivos nos muestran que el Rey era considerado más como un dios que como el agente humano de un dios. Mientras Mesopotamia seguía siendo todavía un conglomerado de ciudades-Estados rivales, Egipto había de desarrollar la maquinaría política del gobierno centralizado. El jefe prehistórico, hechicero con poder mágico sobre el tiempo y la lluvia, y capaz, por tanto, de mantener a su pueblo en buen estado de salud y prosperidad, habíase convertido en el faraón, un ser divino que tenía poder sobre el Nilo y podía sustentar y proteger a la nación. Una realeza de tal modo identificada con el bienestar del país y reforzada por el mito de Osiris, de la sucesión divina, formó una ideología lo suficientemente poderosa para dominar la vida del pueblo egipcio por espacio de tres mil años. Un vívido documento del rey Narmer ha sobrevivido es esta paleta bellamente esculpida que reproducimos en las siguientes imágenes, encontrada en Hieracómpolis (Alto Egipto). Se considera que en ella se celebra la victoria del rey del Sur sobre el país del Norte. Con ella la unificación, tan importante para el avance civilizador, se hace realidad. En la parte superior, en el centro, aparece el nombre del Rey dentro del edificio de un palacio. A cada uno de los dos lados vemos la cabeza de la diosa madre, Hathor, con rostro de mujer y orejas y cuernos de vaca. Debajo del nombre del Rey, en el anverso de la paleta, hay tres fajas con figuras. El Rey, ostentando la corona roja de las ciudades del Delta, Buto y Sais, se acerca, en procesión a dos filas de cadáveres de rebeldes indígenas, con los brazos atados y las cabezas cortadas, depositadas entre sus pies. Detrás del Monarca marcha su portador de sandalias y lavador de pie; delante de él van su sacerdote y cuatro portaestandartes con fetiches, todos ellos personajes importantes de su Corte. La franja central contiene una concavidad circular, a cuyo alrededor se hallan colocadas la figuras mitológicas de dos serpopardos, con los hombres encargados de su cuidado. Estas figuras entrelazadas aparecen no sólo en otros objetos egipcios, sino también en antiguos sellos cilíndricos de Babilonia. Se ha sugerido que pueden simbolizar la unión de los Egiptos Alto y Bajo. En la parte inferior de la paleta, el Rey en forma de vigoroso toro, irrumpe en una ciudad y pisotea a un enemigo vencido. En el reverso de la paleta, Narmer ostenta la corona blanca de Afroditópolis. Golpea a un enemigo, al que tiene cogido por el pelo, y encima de su víctima hay un jeroglífico que parece significar: Faraón, encarnación del dios-halcón Horus, con su poderosa diestra, conduce cautivos a los moradores de los Pantanos. El Rey es asistido por su portador de sandalias. En la parte inferior de la paleta vemos los cadáveres de dos extranjeros. La paleta se usó para fines religiosos, dedicada probablemente a la diosa Hathor. En ella se registra claramente el punto culminante del movimiento hacia la unidad política en el Antiguo Egipto, aunque puede deducirse un más profundo significado del gran tamaño del Rey, comparado con el de sus súbditos y de sus enemigos. La escena aparece dominada por el divino poder de Narmer. Los caracteres jeroglíficos hacen de esta paleta uno de los primeros documentos de la historia escrita de Egipto y el testimonio más directo del monarca unificador, generalmente identificado con el Menes de las listas históricas de época grecorromana. Esta paleta constituye otro sorprendente ejemplo del desarrollo de la escultura en relieve. En la composición del Rey, que tiene a su vencido enemigo agarrado por el cabello, en su percepción de la forma humana -la cabeza, las caderas y las piernas, de perfil; el ojo y el tórax, de frente-, el artista emplea elementos que habrán de considerarse adecuados mientras dure el arte faraónico.
Sobre una gran piedra (de origen desconocido) y de la que se conserva un fragmento en Palermo y cuatro en El Cairo (la piedra de Palermo), se halló grabada la historia, año por año, de las cinco primeras dinastías: Las guerras, las festividades religiosas, la fundación de las ciudades, el nivel del Nilo, etc., descritos con más o menos detalle, según los medios de información de los escribas que la grabaron. Esta piedra nos ofrece datos fundamentales sobre los siervos de Horus y los reyes tinitas. Según el examen de varios documentos proporcionados por la arqueología, pueden considerarse de la época tinita los siguientes hechos: - El uso del pschent (doble corona, blanca para el Alto Egipto y roja para el Bajo Egipto). - El título de Nesut-bit ("el que pertenece a la caña -planta del Sur- y a la abeja -símbolo del Norte-"), atribuido al faraón. - La fiesta de sed, celebración de los treinta años de reinado. - El creciente desarrollo de Menfis, futura capital. Los reyes tinitas organizaron la monarquía egipcia. El faraón es un ser divino identificado con Horus, el dios halcón. Está bajo la protección de la diosa del Norte (Nekhebt, la diosa buitre) y de la del Sur (Uadjet, la diosa Uranus). Por esta razón lleva, además del título de Nesut-bit, un segundo título: Nebti ("el que pertenece a las dos diosas"). La existencia de una jerarquía de funcionarios está demostrada, pero ignoramos el principio de la administración general del país, dividido desde la época predinástica en nomos. Sabemos que, desde la primera dinastía, se mide cada año la crecida del Nilo y que cada dos años se realiza el censo de la población: Gobernar consiste en prever la abundancia y la escasez, establecer el número de bocas que deben ser alimentadas y fijar el número de contribuyentes... Los reyes tinitas tienen, sin duda, ministros, tribunales y ejército; pero la organización de estas instituciones sigue siendo un misterio. También parece que la vida religiosa está ya muy desarrollada en esta época.
No ha sido hallada ninguna ciudad tinita; los sepulcros son aún muy toscos (cámaras rectangulares de ladrillo, que algunas veces son compartimientos para las ofrendas). En la tumba de Hemaka (alto funcionario de la I dinastía) fueron descubiertos numerosos objetos (armas, utensilios, etcétera) que atestiguan la gran habilidad de los artesanos tinitas. |
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