Organización política del Imperio Persa
Cada provincia vivía, pues, bajo un régimen particular determinado por las circunstancias, por las intenciones políticas del Gran Rey, etcétera. Sea como fuere, el imperio estaba dividido en unidades administrativas, llamadas satrapías (su creación es debida a Ciro II y su organización a Darío). En todo el imperio, las satrapías llegaron a ser treinta. Cada una de ellas tenía al frente un sátrapa, representante de la autoridad del Gran Rey. Siempre era un persa, y su independencia llegaba a ser tanta que, en algunos casos, constituía una amenaza para el equilibrio político interior. El sátrapa era un gobernador civil y judicial que disponía a su arbitrio en materia de impuestos y en la administración de justicia de su provincia. No obstante, el poder militar no dependía del sátrapa y estaba en manos de otro dignatario ario: El jefe de las tropas. Y como siempre es de temer una alianza entre estos dos poderes, Darío les había agregado un tercer alto funcionario, el secretario de Estado, llamado el ojo y el oído del rey, que sin duda tenía a sus órdenes una especie de policía secreta. Evidentemente, las satrapías estaban relacionadas con la administración central de Susa por medio del sistema postal descrito antes. Cada satrapía debía proveer con regularidad un contingente de hombres para la guerra y asegurar la recaudación de impuestos, que eran muy fuertes. Las leyes promulgadas por Darío son poco conocidas. En 519 a. de J.C. había establecido una Ordenanza de buenas normas, basada, según parece, en el Código de Hammurabi. En cada satrapía existía, en efecto, una justicia real, que juzgaba al mismo tiempo en función de las leyes nacionales. Esta tendencia a la unificación, que apareció
también en el plano religioso, contribuyó, en el aspecto
material (moneda, unificación del sistema de pesas y medidas. etc.),
a la formación de lo que hoy se llamaría espíritu
nacional, que provocaba el asombro de Heródoto:
La arquitectura de estos palacios no es muy original. Las columnas que sostenían el techo eran poco numerosas, porque las largas vigas de cedro del Líbano eran ligeras. La Apadana (gran salón de audiencia del palacio de Darío) contaba con 36 columnas colocadas a 9 m de distancia entre ellas; lo que resulta relativamente poco para sostener un techo cuya superficie era de 1/2 hectárea. Las columnas aqueménidas -elemento de esta arquitectura-
son distintas de las columnas griegas: su base suele estar decorada con
hojas y con flores. Los capiteles suelen tener una doble cabeza animal (generalmente dos cabezas de toro).
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