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A su cabeza, el inca (es decir, según el sentido original de la palabra, "el jefe") era un descendiente directo del Inti, el dios Sol, y participaba de su divinidad. El imperio sobre el cual reinaba estaba dividido en cuatro regiones, cada una de las cuales era dirigida por un apo (generalmente un hermano o un tío del inca). Las provincias tenían a su frente gobernadores de linaje imperial. Por último, ciertos dignatarios, llamados curacas, eran altos funcionarios o jerarcas religiosos y solían ser elegidos en el seno de las comunidades rurales (los ayllu). Cada año, en el mes de mayo, los gobernadores y los curacas iban a Cuzco a rendir cuentas al inca de su actuación y de su administración. Como puede verse, la organización política del imperio se fundaba sobre un sistema de castas: el imperio era hereditario y el cargo de curaca también. Fuera de esta jerarquía oficial, en la que el hijo sucedía al padre, existían los orejones, un cuerpo de representantes del emperador (semejante al de los missi dominici de Carlomagno) cuya autoridad era temida con razón. El inca era, a la vez, jefe civil, religioso y militar. Su papel y sus funciones pueden ser comparadas a las de un faraón egipcio (sin olvidar que no existió ninguna comunicación entre ambas civilizaciones).
Los incas encontraron un territorio ya ocupado. Por tanto, ellos lo colonizaron -antes que los españoles- y su método de colonización es muy interesante: muchas veces se apropiaron de las costumbres de los países vencidos y asimilaron los elementos positivos de las civilizaciones que habían llegado a dominar (fenómeno clásico en materia de conquista en la historia de las civilizaciones). La historia de los incas corresponde a los reinados de "catorce emperadores". Los ocho primeros son más legendarios que históricos. He aquí la lista:
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