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Las grandes etapas de esta historia se han caracterizado, en el interior, por crisis dinásticas y por el eterno problema del mantenimiento de la unidad, y, en el exterior, por la lucha contra los bárbaros y por la expansión hacia el centro de Asia e Indochina.
En la corte, las conjuras, las intrigas de harén, los celos de las concubinas y las conspiraciones de los cortesanos son moneda corriente. Los personajes más influyentes son los servidores de los harenes, los eunucos, que tienen fácil acceso a los jóvenes príncipes y facilitan sus placeres y sus vicios. Cada vez toman mayor parte en el gobierno imperial y constituyen verdaderas oficinas en las que todo se negocia: títulos, tratados, remisión de penas, ascensos, etc. Su papel puede compararse al de los libertos del Alto Imperio romano. La clase de los eunucos da origen, en el siglo XVII, a una auténtica burguesía a la que, a veces, se opone la clase de los letrados. En definitiva, el inmenso imperio chino, pese a ser notablemente estable en su administración y en su estructura básica, tiene la cabeza frágil: La perversión de los emperadores y de la corte fue la causa de la decadencia de China.
Se opusieron al renacimiento del confucianismo, y después, a partir del año 125 a. de J.C., bajo el reinado de Wu-ti (reinado ennoblecido por la obra de quien ha sido llamado el "Heródoto chino", el historiador Sseu-Ma Tsien, que vivió de 145 ó 140 a 86 a. de J.C.), se decidió que la carrera administrativa se efectuaría según un sistema de exámenes y de oposiciones basado en el conocimiento de los Cinco Clásicos (los cinco king), que habían sido reconstituidos cincuenta años antes. Este fue el origen de la importante clase de los letrados, esos funcionarios públicos que los portugueses llamaron más tarde -con un término tomado del malayo- mandarines. A través de las intrigas palaciegas, las revueltas y los períodos de división, la institución del mandarinato, con sus innumerables complicaciones, su jerarquía y sus prolongaciones, que hacen de ella una gigantesca tela de araña administrativa extendida por todo el país, subsistió e imprimió carácter a todo el Extremo Oriente. .
A título de ejemplo he aquí las líneas mayores de su organización en la época de T'ai-song: El nivel superior de la pirámide oficial de gobierno está ocupado por cargos de confianza (familiares o políticos). De ahí para abajo, entran en función los mandarines, los letrados de mayor o menor escala en el funcionariado. De los seis ministros dependen los diferentes servicios públicos (represión de los fraudes, control fiscal, policía, universidad, tesoro, graneros del Estado, etc.).
Desde antes de la era cristiana, el mundo grecorromano conocía la seda de Chansi y de Honan: la ruta de la seda atravesaba los desiertos que bordean China por el oeste y pasaba por una serie de oasis hasta llegar a Pamir, al sur de Cachemira, y de allí se dirigía hacia Bactriana, Merv, Chahrud, Rey, Hamadán, Alepo, Antioquía. En conjunto, los chinos se opusieron siempre a la llegada de extranjeros -aun en son de paz- a su territorio. Habrá que esperar a la época de la dominación mongola (siglo XIII) para ver la desaparición de esta xenofobia: Los primeros misioneros llegan entonces a China, y se establecen algunos contactos diplomáticos (el franciscano italiano Giovanni dal Pian del Carpine, en Karakorum, en 1245; Jean de Montcorvin, "arzobispo" de Pekín, en 1307; Marco Polo en China, en 1271-1291; Odoric de Pordenone en Pekín, hacia 1326). En la época Ming aparecen los portugueses de Fernao
Peres de Andrade, que llegan a Cantón. Holandeses y españoles llegan por mar y fundan algunos establecimientos (principales fundaciones de la época: Macao por los portugueses, Islas Pescadores y Formosa por los holandeses). El primer tratado firmado por China con una potencia occidental es el de Nerchinsk, en 1689, con los rusos, relativo a Siberia. Entre los siglos XVI y XVIII, las misiones católicas intentarán, con más o menos éxito, su establecimiento en China (el padre Ricci, hacia 1590; el padre astrónomo Adam Schall, cincuenta años más tarde, etc.). Seguidamente, las misiones serán expulsadas de China: En ocasiones son admitidas por el emperador y gozan de una relativa protección en Pekín, pero en las provincias su situación es peligrosa.
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