EGIPTO: IMPERIO NUEVO (1580-1090 a. de J.C.)


La documentación que poseemos de este período es muy rica:
- Tebas, con sus santuarios de Karnak y Luxor y sus necrópolis;
- Tanis, la capital de Ramsés II;
- Tell-el-Amarna, capital de Akhenatón;
- los templos nubios de Amada, de Abu-Simbel, etc., son prodigiosos lugares arqueológicos.

Las estelas, los papiros, las inscripciones en las tumbas reales (el Libro de los reyes), los textos que se escribían o se copiaban sobre trozos de caliza (los ostraka), etcétera, nos proporcionan una cantidad impresionante de documentos.

 

Imperio Nuevo: Historia


El Imperio Nuevo fue conquistador. Es la época en que Egipto alcanza mayor extensión: abarca desde Nubia al Eufrates. Las consecuencias de este imperialismo fueron múltiples: enriquecimiento del país (y de ahí, mayor lujo y prodigioso desarrollo de las artes menores); aportaciones culturales extranjeras, que transforman el pensamiento religioso, el género de vida cotidiano y la literatura; y, finalmente, agotamiento del país a causa de las constantes guerras.

La historia de Egipto en este período se distingue por la personalidad de sus reyes. Si nos permitiéramos un paralelo podríamos comparar a los faraones del Imperio Antiguo con los reyes de la Reconquista española y a los del Imperio Nuevo con los grandes monarcas de España (Isabel la Católica y Fernando el Católico, Carlos I de Austria, Felipe II, etc ).

Los papeles más espectaculares fueron representados por los siguientes soberanos:

a) Hatseput (1520-1484 a. de J.C.) usurpadora del trono de su yerno, llevó a cabo una política pacífica (bajo su reinado, el arquitecto Sedmut edificó el gran templo funerario de Deir-el-Bahari).

Hatseput, que fue la "reina Cristina" de Egipto, se vestía como un hombre y se atribuía títulos y nombres masculinos (sus súbditos, al hablar de ella, decían "el rey", y no "la reina").

Tutmés III (Tutmosis, 1484-1450 a. de J.C.) recupera el trono a la muerte de su suegra.

Es el mayor conquistador egipcio: Llevó sus ejércitos hasta el Eufrates. Se le considera, excepción hecha de Ramsés II, el más grande constructor que ha tenido Egipto.

Amenofis IV es el autor de la gran reforma religiosa llamada atonismo. Traslada su capital a Tell-el-Amarna.

La historia ha conservado el recuerdo deslumbrante de su esposa Nefertiti y de su sucesor y yerno Tutankhaton, que tomó el nombre de Tutankhamon después de haber abjurado el atonismo.

Este desvaído personaje tenía nueve años cuando subió al trono, y dieciocho cuando murió. Apenas tuvo importancia en la historia de Egipto: Su celebridad -completamente fortuita- se debe a que su tumba, en el valle de los Reyes, fue la única que logró librarse de los violadores de sepulturas.

Caso único en la arqueología egipcia, el tesoro de Tutankhamon fue hallado intacto. Hoy está expuesto en el museo de El Cairo.

Ramsés II (1301-1235 a. de J.C.), guerrero y diplomático, fue el mayor constructor egipcio (se le debe en particular la ciudad de Tanis).

Bajo su reinado se llevó a cabo, en 1278 a. de J.C., el tratado de paz entre Egipto y los hititas (reparto de Siria).

Delante de la tumba de Ramsés II, en el valle de los Reyes se encuentra la mastaba que sirve de tumba a los 50? hijos varones del Faraón.


Imperio Nuevo: Decadencia final


Después de Ramsés II, Egipto conoce la repercusión de las invasiones indoeuropeas y la guerra con los libios. Los reyes Mernepta I y Ramsés III lograron mantener, con sus victorias, el poderío egipcio. Después de Ramsés III, el Imperio Nuevo inicia su ocaso.

Extraña que un país tan rico, poderoso y bien organizado pueda desaparecer bruscamente del concierto internacional, aunque existan múltiples razones para ello, una de las cuales es la reaparición del mal crónico de Egipto: los feudalismos.

Altos dignatarios de las provincias sustituyen a los nomarcas, cuya independencia hace mella en el poder real, que carece de medios para obligarles a obedecer.

Los países conquistados tenían que entregar anualmente tributos en objetos preciosos en metales, maderas, productos exóticos como los aromas, por ejemplo.

Nubia era el tributario de Egipto por excelencia, pués quedó sometida casi ininterrumpidamente, desde el imperio Nuevo en adelante.
Una princesa nubia, precedida por siervos, rinde homenaje al faraón. Tumba de Huy, Tebas. Imperio Nuevo.

El clero de Amón, cada vez más poderoso, aplasta poco a poco a la monarquía tebana. La crisis moral se señala en el siglo XII por la violación y el saqueo de las tumbas reales, sacrilegio que ningún tribunal castiga.

Por otra parte, Egipto es incapaz de ponerse al nivel material y económico del Oriente Medio. Le falta una materia prima fundamental: el hierro, justamente cuando el Mediterráneo oriental entra en la edad del hierro. Le falta también un ejército bien equipado y poco costoso.

Durante los cinco siglos siguientes, Egipto, replegado sobre sí mismo, vivirá su decadencia: es la Epoca Baja, que se inicia con la dinastía de los "reyes-sacerdotes" (XXI dinastía, 1090-950 a. de J.C.) y se termina con la dominación persa (525-333 a. de J.C.).

La sociedad egipcia


Egipto, con sus templos, sus monumentos funerarios, sus tesoros y la magnificencia de sus faraones, era considerado en la antigüedad como un país fabuloso.

Heródoto, con la "ingenuidad" que tradicionalmente se le atribuye, fue el propagador de esta idea, fundada, como veremos, en muy pocos elementos. Porque no podemos engañarnos: Si Egipto era rico, los egipcios eran en su conjunto pobres y estaban oprimidos por el "zarismo" de los faraones.

La riqueza del país es la fertilidad del valle del Nilo, que en los tres meses de crecidas anuales recibe el limo fértil arrancado a la meseta abisinia, varios millares de kilómetros al sur.

Para los griegos, acostumbrados a trabajar una tierra pedregosa y pobre, este suelo fértil es un milagro que se repite sin cesar. Egipto es, sin duda, según expresión de Heródoto, un don del Nilo.

Campesinos
Pero el don no es gratuito: Es preciso realizar constantemente grandes obras de riego y construir diques y embalses. El campesino egipcio, en cuanto cesa de sembrar o de recolectar, queda sometido a verdaderos trabajos forzados.

Las tierras pertenecen al faraón, quien concede propiedades en vitalicio a los sacerdotes y dignatarios; los campesinos que las trabajan tienen un estatuto de hombres libres, pero están agobiados por el fisco.

Los gusanos han hecho desaparecer la mitad del grano, y el hipopótamo se ha comido el resto; las ratas pululan en el campo y las langostas invaden las cosechas; los pájaros buscan su alimento.

Lo que queda, lo roban los ladrones... Llega el recaudador de impuestos, acompañado de siervos armados con bastones y de negros provistos de fustas de palmera. Todos claman: "¡Vamos, el grano!". Y (si el campesino no tiene) le pegan, le atan y le arrastran al canal. Le echan de cabeza y se queda chapoteando cabeza abajo. Delante de él, su mujer y sus hijos son encadenados.

Artesanos
Los artesanos, segunda clase social de Egipto, viven sobre todo en las ciudades, en las proximidades de los templos: Ceramistas, orfebres, ebanistas, canteros, escultores, pintores, embalsamadores y perfumistas.

Trabajan la madera, la piedra, el hueso y el cobre, pero desconocen el hierro. Los intercambios se llevan a cabo por la vía natural de comunicación del país, el Nilo.

Las maderas de calidad, necesarias para la construcción de los palacios y de las naves, llegan de la costa siria (Biblos).

Precisemos que en Egipto se desconoce la moneda; los cambios se hacen por el principio del trueque (en el Imperio Nuevo se evalúan ciertos bienes en relación con unos pesos de oro o de cobre, pero aún no existe un sistema monetario).

Los egipcios son un pueblo de trabajadores. Aunque los faraones tienen moradas suntuosas, sus súbditos viven en chozas, con un mobiliario rudimentario.

La comida es pobre: Tortas de cebada, cebollas, ajos, habas y pescados del Nilo, y la bebida es una cerveza insípida, no fermentada (el vino del Delta se reserva para la mesa del faraón y de los funcionarios).

En contraste con esta miseria, que alcanza a la casi totalidad de los habitantes del país, la opulencia de los faraones y de los dignatarios es impresionante. La abundancia de objetos de lujo (tejidos de lino, perfumes, joyas) ha sido siempre la admiración de los investigadores.

A fin de cuentas, la situación del egipcio "medio" no era envidiable, y por grande que sea la admiración que se profese al arte casi perfecto del antiguo Egipto, no se puede olvidar que tal poderío estuvo basado en una gran pobreza.


La sociedad egipcia: Militares y sacerdotes


Ejército

A la cabeza del país se encuentran, al lado del faraón, el visir, el virrey de Nubia, el gran sacerdote de Amón y el general de los ejércitos.

En este período, el ejército es una organización profesional. En tiempo de paz está dividido en dos cuerpos; uno vigila el sur y el otro el nordeste. Los soldados son reclutados sin contemplaciones:

El soldado es llevado al cuartel cuando aún es niño; pronto tiene el vientre cubierto de cicatrices, las cejas partidas y su cabeza es una pura llaga. Le ponen en el suelo y le pegan como a un papiro.

En campaña transporta los víveres y el agua sobre su espalda, como si fuese un asno. Bebe agua corrompida. Ante el enemigo no es más que un pájaro tembloroso, y cuando regresa a Egipto no es más que un viejo madero roído por los gusanos (Sátira de los oficios).

Pero también hay en el ejército un gran número de mercenarios: Amorritas, nubios, sardanios y libios.

La jerarquía militar se establece claramente en el Imperio Nuevo. Hay divisiones (5.000 hombres), compañías (200 o 250 hombres) y secciones (50 hombres). Los cuadros del ejército están integrados por oficiales (superiores o subalternos), escribas y "especialistas" (el "cuerpo de tren").

El clero.
El clero, dedicado al culto de Amón, adquiere preponderancia. La institución se remonta al Imperio Medio (XII dinastía).

A grandes rasgos, se descompone de la siguiente forma:

Alto clero

- Gran sacerdote (primer profeta de Amón).
- Los padres divinos (segundo, tercer y cuarto profeta de Amón).

Bajo clero

- Purificadores (uabu).
- Lectores (kheriu-hebet).
- Personal subalterno: Sacristanes laicos (onmut) y prostitutas sagradas concubinas del dios y cantoras (shemait).


La decadencia de Egipto (1085-333 a. de J.C.)


Entregado de nuevo al desorden y a la división política, eclipsado en Oriente por los gigantes mesopotámicos, Egipto va a desaparecer lentamente de la escena del mundo oriental.

Una sucesión de faraones incapaces de realizar la unidad del país, la inexistencia de una política exterior (excepto en tiempos de Sheshonk I (950-929 a. de J.C.) que reconquista Palestina, donde se había organizado el poderoso estado judío del rey David) y la anarquía casi total que reina en el país son los rasgos característicos de la Epoca Baja.

Hacia fines del siglo VII, un rey nubio, Pranki, se adueña del poder (751-716 a. de J.C.), pero no aprovecha las consecuencias políticas de su victoria. Estamos en la época en que el poderío asirio hace temblar a Oriente Medio. Asarhadón y luego Asurbanipal saquean Menfis y Tebas y expulsan a los "reyes etíopes".

Suceden a éstos los faraones de la XXVI dinastía (633-525 a. de J.C.), que llevan la capital a Sais, en el bajo Egipto, y cuyo reinado (Psamético I, Necao, Amasis) reaviva la grandeza egipcia.

Los reyes saítas, apoyándose en mercenarios griegos, reorganizan la administración e intentan una "vuelta al pasado", que se aprecia tanto en la evolución religiosa como en el arte de la época.

Durante el reinado de Necao II (609-594 a. de J.C.) comienza la perforación de un canal del Nilo al mar Rojo, trabajo que concluirán los persas.

Los dueños del mundo son, en aquella época, los persas. El hijo del gran Ciro, Cambises, conquista Egipto desde el Delta hasta Nubia. Después de cien años de dominación persa, Egipto conoce un último período de independencia (415-338 a. de J.C.) y recae, definitivamente, en el rango de país conquistado.

Darío III, emperador persa (341-333 a. de J.C.), será su último dueño antes de la aparición de Alejandro Magno.

El macedonio llega con su flota a Pelusium, en 333 a. de J.C., y remonta el Nilo hasta Menfis. Decide fundar una ciudad que inmortalice su nombre, Alejandría, y con ello traza una raya simbólica bajo la historia del Egipto antiguo.

La época de Menfis, de Tebas, de Tanis ha pasado, y los templos de Luxor y de Karnak y las pirámides ya no son más que lugares de turismo. En el Delta se enciende una nueva luz; a Egipto le surge una nueva misión que no se revelará hasta la época helénica.


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