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Durante más de tres siglos, los faraones del Imperio Medio, con su firme política interior y sus victorias en el exterior, depararán al país los beneficios del poderío militar y de la civilización, juntamente. En el interior, el hecho más interesante es la debilitación progresiva de los poderes de los nomarcas, hasta la desaparición casi total de este cargo durante el reinado del faraón más importante del Imperio Medio, Sesostris III, en el siglo XIX a. de J.C. El hecho económico más notable es el acondicionamiento de El Fayum, gran oasis al sudoeste de El Cairo, regado por un brazo del Nilo (el Bahr-Yusuf) que desemboca en el lago Moeris (actualmente Birket-el-Kerum). Cerca del lago Moeris, el faraón Amenemhat III mandó construir un inmenso palacio, admiración de Heródoto y de los antiguos, del que hoy no queda nada. En el exterior, el Imperio Medio recupera Nubia, prácticamente independiente durante el período intermedio. La frontera avanza así hasta más allá de la segunda catarata del Nilo y ello permite el libre acceso a las minas de oro del desierto, situadas entre el Nilo y el mar Rojo, a la altura de Uadi Halfa. En el este, el problema es, sobre todo, defenderse contra los beduinos del Sinaí, los "asiáticos". Los faraones lo resuelven organizando expediciones de castigo y levantando una muralla de fortificaciones al este del Delta. Con Siria-Palestina (Biblos) se restablecen las relaciones comerciales y políticas (¿protectorado?), y el imperialismo egipcio actúa de forma mucho más pacífica que en Nubia. Anotemos, finalmente, la existencia de relaciones con los cretenses bajo la XII dinastía. En Egipto ha sido hallado gran número de cerámicas cretenses. Bajo las dinastías XII y XIV (1785-1680 a. de J.C.), Egipto sufre un nuevo período de desórdenes y de confusión, análogo al que cierra el Imperio Antiguo. La división del reino va acompañada de la invasión del país: Al sur, por los pueblos negros que dominan Nubia; al nordeste, por los enemigos tradicionales de Egipto, los semitas del desierto. Esta vez ya no se trata de simples tropas beduinas, sino de verdaderos ejércitos organizados que invaden el Delta y fundan allí un reino propio. Los egipcios los llamaron hicsos (se tienen dudas sobre la etimología de este término; parece que la palabra significa: "Soberanos extranjeros").
Bajo su reinado (se refiere al rey Didumes) la cólera divina sopló contra nosotros, no sé por qué y, de improviso, unos hombres de raza desconocida, venidos de Oriente, tuvieron la audacia de invadir nuestro país, y sin dificultad ni lucha se apoderaron de él por la fuerza (...). Nombraron rey a uno de los suyos: Salitis. Este residía en Menfis, recaudaba tributos de la provincia superior y de la inferior, y dejaba guarniciones en las plazas más convenientes. Fortificó especialmente la región del este, porque preveía que los asirios se volverían algún día más poderosos y, ambicionando su reino, le atacarían. Como había encontrado (...) una ciudad de situación muy favorable (...) llamada, según una tradición teológica, Avaris, la reconstruyó, la fortificó con sólidas murallas y dispuso cerca de 240.000 soldados, fuertemente armados, para guardarla. Acudía allí solamente en verano, tanto para medir el trigo y pagar a los soldados como para ejercitarlos en maniobras, con el fin de inspirar temor a los extranjeros... A este pueblo se le llamaba "hicsos", que significa: "reyes pastores", porque "hic", en lengua sagrada, significa "rey", y "sos", en lengua vulgar, "pastor". La unión de las dos palabras da "hicsos" (Contra Apión, Libro 14, párrafos 14 y 15). La etimología de Manetón es falsa, pues
sos procede de la palabra egipcia khasut, "país extranjero".
En sus bandas se agruparon semitas sedentarios, convertidos en emigrantes por las circunstancias, semitas nómadas, reclutados al paso, en su huida hacia el sur, elementos hurritas y, al llegar al Sinaí, beduinos. Es posible que su rápida victoria sobre los egipcios fuera determinada por la utilización del carro de guerra tirado por caballos, obsequio técnico de los arios a los semitas. Sea como fuere, los hicsos se instalan en el Delta hacia 1750 a. de J.C.. Fundan una capital (Avaris), asimilan las costumbres egipcias, adoptan el idioma del pueblo vencido e imitan sus instituciones. Sus jefes inscriben su nombre en escarabeos y se hacen llamar hijos de Ra. Las dinastías de "soberanos extranjeros" (XV y XVI) dominan Egipto, por lo menos el Delta, de 1730 a 1580 a. de J.C.; pero no sabemos mucho de su historia. Durante este tiempo, en Tebas se suceden reyezuelos que forman la XVII dinastía y que pagan tributos a los reyes hicsos. Durante el reinado de Kamés (Kamose), último soberano de la XVII dinastía, empieza la lucha del pueblo egipcio por su liberación. El acontecimiento nos es relatado en una tablilla descubierta en 1912, en Tebas, la tablilla Carnarvon (en honor de su descubridor y principal intérprete, lord Carnarvon). El texto es interesante porque nos da a conocer el estado de ánimo que reinaba en Egipto al final de este segundo período intermedio. El rey Kamés se queja a sus cortesanos de estar obligado a soportar las leyes de un soberano negro, en Nubia, y las de un asiático, en el Delta, y anuncia su intención de liberar al país; pero choca con la falta de entusiasmo patriótico a su alrededor. Sus cortesanos le contestan que una guerra es siempre incierta y que más vale contentarse con la prosperidad de un Egipto pequeño que correr el riesgo de una derrota. Kamés desiste de la campaña de liberación que pueda expulsar del país a los soberanos extranjeros, los hicsos. Sabemos por una inscripción funeraria, hallada en la tumba de un oficial de la marina del faraón, que la victoria definitiva sobre los hicsos la obtuvo el sucesor de Kamés, el rey Ahmosis, fundador de la XVIII dinastía, el cual persigue a sus enemigos hasta Palestina. En 1580 a. de J.C., Egipto era liberado de la dominación extranjera. Se abría una nueva era de esplendor: el Imperio Nuevo. La superioridad militar de los hicsos se explicaría por la posesión del caballo, que ellos introducirían en Egipto, pero no es más que una hipótesis. Lo seguro es que su presencia se manifiesta con la difusión de innumerables e historiados escarabajos.
Durante el Imperio Medio existe una doble corriente religiosa, marcada por el culto de Amón-Ra, símbolo del poder faraónico, y por el de Osiris, más popular, símbolo de la democratización religiosa señalada más arriba. Bajorrelieve del templo de Hator. Dendera (Egipto). Arquitectura Entre centenares de ellos, merecen ser destacados dos monumentos: el templo funerario de Deir-el-Bahari (Mentuhotep II y Mentuhotep III) y el templo erigido por los reyes Amenemhat III y Amenemhat IV en honor de Rennut, diosa de las cosechas. Las pirámides y mastabas del Imperio Medio son de pequeñas dimensiones y están construidas principalmente con ladrillos (sólo los templos eran de piedra). La arquitectura subterránea es inteligente; las capillas están excavadas en la roca misma, y su decoración, sobre todo en las tumbas de los dignatarios, es rica y viva. Bajorrelieves, altorrelieves y estatuas Como recordatorio citaremos en primer lugar las obras de factura tradicional que siguen la técnica del Imperio Antiguo. Los talleres de Menfis, que producen "en serie" estatuas reales, conforme a unas reglas estéticas bien definidas, siguen haciendo escuela en el Imperio Medio. La revolución artística se produce en el sur, en Tebas, donde los escultores abandonan el estilo suave del norte (rasgos regulares y redondeados, estilización que a veces llega a la falta de vigor) por un realismo expresivo. Entre las obras más conocidas, vulgarizadas por innumerables copias y reproducciones, citemos: - En estilo tebano: la estatua del rey Mentuhotep II, hallada en Deir-el-Bahari; la máscara de Sesostris III; las estatuas descubiertas en Medamud, y algunas piezas procedentes de Tanis. - En estilo menfita: La estatua de madera del rey Hor, la de Sesostris I y la de Amenemhat III.
El hecho de que algunas veces abandonasen las cifras, las listas de impuestos, los censos y los contratos, nos ha proporcionado algunos trabajos literarios cuyo valor, sin embargo, no ha de exagerarse. Los signos jeroglíficos en el sistema de numeración
egipcio. En el Imperio Medio no hay ni poetas ni novelistas, al menos según los escritos hallados. Nada hace posible, por ejemplo, un paralelo con el período medieval de las literaturas europeas. Los géneros literarios son, ante todo, moralizadores. Por ejemplo, las Enseñanzas, puestas en boca de un rey o de un alto personaje, son normas de mundología o guías profesionales, al estilo de: "Cómo se llega a ser un buen visir" o "El A, B, C del perfecto faraón", o la Sátira de los oficios, atribuida a un tal Kheti, hijo de Duaduf. Conviene citar, igualmente, el género profético, en el que el autor deplora la situación desastrosa de Egipto y anuncia el fin de las desgracias del país, merced al advenimiento de un faraón salvador. Las profecías se hacen generalmente después del advenimiento del rey en cuestión, de modo que son simple literatura panegírica. Particularmente conocidas son las profecías de Neferti y las Advertencias de un sabio egipcio. Al dominio específicamente literario pertenecen los cuentos populares, en los que se entremezclan lo sobrenatural, la magia y la aventura. Entre los más conocidos citemos el Relato del náufrago, que evoca las aventuras en el mar Rojo de un precursor de Simbad el Marino, y el Relato de Sinuhé, que narra el exilio del héroe en el país de los beduinos y su regreso, a raíz de una amnistía, a la corte de Sesostris I. El egiptólogo alemán Erman publicó en 1896 un papiro "filosófico", del tiempo del Imperio Medio, titulado Diálogo de un hombre, cansado de la vida, con su alma, que desarrolla el tema del hastío de la vida y deduce de él la conveniencia del suicidio. Es el único texto de este tipo que poseemos. |
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