Mayas: El Antiguo Imperio


Hace unos cincuenta años, la jungla de Yucatán y de las orillas atlánticas de México, así como las de algunas regiones de Guatemala, han restituido las ruinas de la más prestigiosa civilización de la América Central, la de los mayas.

Para los mayas, como para los otros pueblos de aquellas regiones, todo comenzó con el descubrimiento del maíz, que ellos aprendieron a cultivar. Desde entonces se hicieron sedentarios, y algunos de ellos pudieron dedicarse a actividades intelectuales, artesanales, artísticas, en las que rápidamente alcanzaron altos grados.
Mapa arqueológico de Honduras y Nicaragua.

La génesis de aquella civilización, que floreció antes en el Sur, en Guatemala (en Uaxactum) y en Honduras, fue muy larga, y hasta los siglos III y IV d. de J.C. no se manifestó una cultura muy avanzada, cuyos centros más importantes fueron las grandes ciudades de Palenque, Copán y Tikal.

En el curso del período de formación, se constituyó entre los mayas la jerarquía sacerdotal que dirigía todas las actividades.

Entre todos los pueblos antiguos de la América Central, los mayas parecen los más místicos, los más intelectuales, preocupados de sus deberes respecto a los dioses, de las investigaciones artísticas, de la escritura y de los cálculos astronómicos necesarios para la elaboración de un calendario exacto, más que de la organización de sus tribus en un poderoso pueblo imperialista.

Al final de esta época de formación, hacia el 200 y el 300 d. de J.C., la escritura jeroglífica maya estaba definida, y se habían puesto las bases del calendario: Cálculo del tiempo grabado en las estelas que recordaban el paso de un período al otro, haciendo mención de ciertos fenómenos celestes, conjunción de Venus, eclipses de luna o de sol, y permitiendo así establecer una serie ininterrumpida de fechas en un período de más de seis siglos.

Hasta entonces no comenzó la "edad clásica" (final del siglo IV d. de J.C.), con la creación de las grandes ciudades: Palenque era el centro artístico, Copán el centro religioso y científico, y Tikal el centro de los depósitos.

Las ciudades no eran esencialmente centros de habitación. El pueblo vivía en las aldeas de cabañas construidas de madera y tierra batida, cubiertas de palmas, fuera de los magníficos conjuntos arquitectónicos, cuya población permanente se reducía a unos pocos sacerdotes y jefes civiles.

El monumento principal de estas ciudades era la pirámide, coronada por un templo donde los sacerdotes se reunían en la terraza más alta, pintada en rojo, y celebraban las ceremonias rituales, saludando diariamente la salida del sol.

El papel de la ciudad de Copán, en el plano científico y en el religioso, está probado por un conjunto de estelas y de altares que se remontan a un gran congreso astronómico y astrológico que se habría celebrado en aquella ciudad, el 2 de septiembre del año 503.

Las estelas se levantaban al final de cada katun (cerca de 20 años). El año solar se dividía en 18 meses de 20 días, es decir, 360 días, a los que se añadían 5 días al final del año.

Los mayas conocían el cero, y sabían calcular con exactitud los eclipses y la revolución del planeta Venus.


Fin del Antiguo Imperio


Las informaciones de orden cronológico suministradas por las estelas-calendario acusan una interrupción que coincide con una crisis que ha debido de hacer sentir sus efectos en toda la América Central.

A partir del año 550 d. de C. parece que toda actividad constructiva, que todo desarrollo cultural experimentó un punto de detención en la América Central, así como en México, cuyas causas nosotros no podemos conocer aún.

Pero esta interrupción de las actividades y de la evolución de la civilización maya se vio pronto compensada, después del final del siglo VIII. Sólo en el año 790, más de 20 ciudades empezaron, de nuevo, a grabar estelas que recuerdan esta fecha.

Se levantaron nuevos conjuntos arquitectónicos como Comalcalco y Bonampak, único lugar que nos ha revelado, en un magnífico grupo, representaciones muy imaginativas, notables por su valor plástico y por su composición: El arte de la pintura maya.

A partir del siglo IX se dio, de nuevo, el fenómeno que se había producido en el año 550, y las ciudades abandonaron otra vez la erección de las estelas cronológicas, rito que había sido el signo de la grandeza de esta civilización. Las ciudades fueron languideciendo, y acabaron siendo abandonadas.

Los historiadores se pierden en conjeturas para explicar aquella brutal decadencia, aquel total abandono de los grandes centros político-religiosos. Algunos afirman que aquellas ciudades-estado fueron víctimas de movimientos revolucionarios populares que trataban de aniquilar a la clase sacerdotal.

Otros creen, no sin alguna razón, que el clima de Guatemala, de Honduras y del extremo sur de México sufrió en aquella época profundos cambios (más calor y más humedad), y que los mayas no podían luchar ya con sus utensilios de piedra pulimentada contra el bosque, que se propagaba cada vez más.

Bajo la dirección de los sacerdotes, decidieron emprender una nueva migración en busca de lugares más hospitalarios: a no ser que el suelo, cultivado desde hacía siglos por aquellos campesinos que no conocían la técnica de la rotación de los cultivos, estuviese, en aquella época, demasiado esterilizado para alimentar todavía a la población.

Algunos pueblos sometidos pudieron rebelarse también. En la época de la conquista española, cinco siglos después, las ciudades abandonadas estaban rodeadas ya por un espeso matorral y por el bosque. Pero la civilización maya renacería más al Norte, en Yucatán, con el Nuevo Imperio.


Principal Mas información cultural en El Rincón de Paco
Hosted by www.Geocities.ws

1