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El imperio maurya habría durado veinticuatro años, hasta la muerte de Chandragupta (298?), y se habría extendido por toda la India del norte. Chandragupta fue sucedido, primero, por su hijo Bindusara, y, después, por Asoka (hacia 264-226), que fue algo así como el Marco Aurelio de la India antigua. Este "rey-monje", convertido al budismo tras una sangrienta expedición a la región de Orissa, consolida el imperio nórdico de los mauryas, extiende el budismo por la India y se revela como un rey constructor, preocupado por la prosperidad de su pueblo (fundación de Srinagar, capital de Cachemira, donde edifica quinientos monasterios; construcción de Deo-Patan, en el Nepal, y embellecimiento de su capital, Pataliputra). Llevó a cabo su misión como rey de acuerdo con el ideal budista de lucha contra el sufrimiento, pero fue también un monarca muy hábil, que tendió a establecer un orden universal. El proselitismo de Asoka llegó hasta Ceilán y Gandhara. El último soberano maurya fue asesinado hacia 185. La cohesión del imperio de Asoka estaba amenazada en los confines indo-iraníes por la existencia de unas naciones particularmente dinámicas: Entre 160 y 140 a. de J.C., el Punjab y Kabul están en manos de un griego llamado Menandro, que hacia 155 llega hasta las tierras del Bajo Indo y, después, a Pataliputra. De este reino indo-griego, cuya duración fue breve, surgiría el arte grecobúdico de Gandhara. Aproximadamente en la misma época (hacia 138 a. de J.C.), existió una dominación parta en la región de Taxila (Mitrídates I). Pero indo-griegos e indo-partos iban a ser eliminados muy pronto en beneficio de unos nuevos invasores: los escitas. |
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