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La implantación del imperio nipón en el Yamato (en el sur) se atribuye a un descendiente de la diosa solar Amaterasu, Jimmu Tenno, en 660 a. de J.C. En realidad, la fundación efectiva de un estado nipón, conquistado por un clan meridional establecido en el Yamato, se remonta -y en ello concuerdan todos los historiadores- a los comienzos de la era cristiana. Antes de esa conquista, que señala la entrada del Japón en la protohistoria más que en la historia, las islas japonesas estaban habitadas por complejas poblaciones, la más antigua de las cuales eran quizá los ainos,que todavía encontramos en la isla de Hokkaido y cuyo carácter no mongoloide es muy patente. Parece ser que sucesivas oleadas de inmigrantes se superpusieron a este pueblo autóctono: Razas altaicas llegadas de Siberia, malayo-polinesios procedentes del sur, pueblos de origen coreano, etc. De este Japón prehistórico, carente de edad paleolítica, sólo poseemos escasos vestigios, testimonios de la vida y de la civilización de los ainos: Los kaizuka, depósitos de conchas y de restos de alimentos, y la alfarería, del tipo denominado jomon (decoración en relieve) y la más tardía del tipo yayoi (realizada a torno). A principios de la era cristiana aparece la civilización del bronce (los detaku: objetos de bronce en forma de campana, espejos adornados).
Las consecuencias de estos contactos con el continente (sobre todo en el Kudara) fueron la introducción de la escritura con el Japón, en 405, por el letrado Achiki y el escriba Wani (a decir verdad, el japonés, lengua polisilábica, se habría adaptado mejor a una escritura fonética o alfabética. La escritura ideográfica destinada a transcribir la lengua monosilábica de los chinos pareció al principio, en el Japón, una complicación lingüística, y no se extendió hasta el siglo VIII, cuando fue utilizada para propagar la fe budista). También provienen del Kudara las influencias religiosas: El rey de Kudara envía, en 552, estatuas y libros budistas al emperador Kimmei Tenno, y en 554, dos bonzos coreanos. Tonei y Doshin, inician la predicación del budismo. La obra de Shotoku Taishi Estos jefes, dirigentes de una aristocracia militar y terrateniente, conservan intacta su autoridad sobre los propios territorios y detentan funciones más o menos importantes, según el poder de su clan, en el seno de la asociación de clanes que constituye el naciente estado japonés. La introducción del budismo, que rivaliza con la religión popular "nacional", el shinto, tiene por efecto enfrentar entre ellos a los clanes en una serie de guerras civiles en las que el antagonismo religioso sirve de pretexto a las querellas políticas. El budismo, defendido por el clan de los Soga, dirigido por Soga No Iname, triunfa gracias al apoyo de la familia imperial: La emperatriz Siko, que reina de 593 a 629, y sobre todo el príncipe heredero -de hecho, soberano del Japón- Shotoku Taishi. Este último (muerto en 622) implantó el budismo en el país y fundó la primera organización política del Japón (Constitución de los Diecisiete Artículos): Un Estado centralizado, dirigido por un rey absoluto y por una jerarquía de funcionarios escogidos a la manera china, es decir, en función de su competencia y no de su nacimiento. Fue también en esta época cuando se estableció el minucioso protocolo que regulará las relaciones de la jerarquía y cuando se construyeron los siete grandes templos, al mismo tiempo que penetraba en el Japón la ciencia china y coreana. La familia Nahatomi -cuyo nombre fue cambiado en Fujiwara por el emperador Tenchi- era la gran rival de los Soga. Su jefe -Nahatomi No Kamatari- toma el poder tras un golpe de estado en 645, y promulga, al año siguiente, el Edicto de la Gran Transformación (Taika), que instaura en el Japón un sistema de gobierno calcado de la organización china de los T'ang. Esta reforma era ambiciosa: Se trataba de suprimir los poderes de la nobleza clásica, de dividir el país en provincias dirigidas por un gobernador imperial, de instituir un censo, un catastro, un reparto de los impuestos, un código civil y penal (el Taiho, en 702), de organizar el poder central, etc. En realidad, la estructura política china no pudo adaptarse al Japón, donde, a fin de cuentas, las grandes familias conservaron el control del poder. Sin embargo, el programa de Fujiwara Kamatari sentó la idea de la preeminencia del emperador sobre toda la nobleza, la cual, teóricamente, poseía a través de él su poder y sus bienes: Veremos cómo los Fujiwara -en el poder durante cinco siglos- supieron mantener este estado de cosas.
Es notable que los cambios políticos del Japón (ocupación del poder por una familia o por un grupo religioso preponderante, shogunado, etc.) no hayan perturbado jamás la dinastía solar: nadie ha tenido jamás la idea de derrocar al emperador, con la única excepción, tal vez, de un monje llamado Dokyo, favorito de la emperatriz Koken, hacia 769.
Durante todo este período, el poder está en manos de la familia Fujiwara, que favorece el desarrollo del budismo. El crecimiento de los monasterios fue, por otra parte, uno de los grandes motores económicos del siglo VIII japonés, y lo que subsiste de los templos de la era de Nara constituye todavía una prueba de su pujanza (la gigantesca estatua del Buda de Nara, Daibutsu, fue consagrada en 752: Su ejecución había requerido quince años de esfuerzos colectivos y centenares de toneladas de cobre y de oro). La época de Nara es un verdadero siglo de oro cultural. La filosofía religiosa se ilustra con el monje Gyogi (670-749), verdadero Leonardo da Vinci japonés, a la vez economista, arquitecto y filósofo, y el primero en intentar la síntesis del sintoísmo y del budismo (que el monje chino Kien Chen reforma a partir de 754). La literatura hace su aparición: El Kojiki hacia 711, el Nihongi hacia 720 y, sobre todo, el Ramillete de las Diez Mil Hojas (Manyoshu), antología poética que reúne cerca de cinco mil pequeños poemas de un refinamiento extremado.
Esta fue edificada por el emperador Kwammu, y su nombre -Heian-kyo- significa "la Ciudad de la Paz" (es la actual Kyoto). El traslado se realizó a instancias de los Fujiwara, cuya preeminencia estaba amenazada por el clero de Nara. He aquí los rasgos principales del período de Heian: Los emperadores, que hasta entonces gobernaban más o menos por sí mismos, van a ser apartados del poder efectivo por los Fujiwara, del modo siguiente: Un joven emperador se casa con una heredera Fujiwara y abdica en favor del primer hijo que ésta le da. El miembro más importante de la familia Fujiwara toma entonces el título de regente (sessho) durante la minoría de edad del nuevo emperador, y después el título de kampaku (regente permanente, dictador civil). Los Fujiwara se transmiten la regencia en forma hereditaria a partir del siglo X, así como todos los cargos gubernamentales importantes, y se libran sistemáticamente (casi siempre enviándolos al exilio) de sus rivales. El más famoso kampaku fue Fujiwara Michinaga (966-1027), que se mantuvo en el poder durante treinta años, desde 995 hasta 1025. A finales del siglo XI, los emperadores recuperan por algún tiempo el poder: atados por el carácter de "dios viviente" atribuido a su persona (y que les situaba "por encima de las nubes" o, dicho de otro modo, fuera de los asuntos de Estado), abdican, se retiran a un monasterio y desde allí dirigen la política de su país (se les ha dado el nombre de emperadores retirados). Esta reconquista del poder tuvo una corta duración: hacia el final del período Heian se constituye una clase feudal poderosa que amenaza a la corte y a los propios Fujiwara (los monjes soldados de los grandes monasterios, las familias Taira y Minamoto en particular). Más adelante veremos cómo se formó esta clase feudal. Retengamos por ahora que los Taira toman el poder en 1160, tras la victoria de Taira Kiyomori (muerto en 1181), y que a su vez son derrocados por los Minamoto (batalla naval de Dannoura, el 25 de abril de 1185), quienes organizan el Japón a estilo feudal y militar. En el plano cultural, el período de Heian es prolongación de la era de Nara. La ruptura de relaciones con China y el retroceso del budismo permiten el desarrollo de una cultura nacional, cerrada en sí misma y enteramente original. Rasgo característico de la civilización intelectual y artística de esta época: Es una civilización cortesana (como la de la Francia de principios del siglo XVIII), una civilización hedonista, frívola hasta la licencia e incluso hasta el libertinaje, que exalta los placeres espirituales tanto como los de la carne. También en esta época se funda la secta shingon. Las mujeres Entre las numerosas y elegantes obras de este período, hay que citar los dos grandes clásicos de la literatura japonesa: El Genji Monogatari (la Novela de Genji), que relata la vida amorosa del príncipe Genji y proporciona valiosos datos sobre las costumbres de la corte en el siglo X, escrito hacia 1004 por Murasaki Shikibu, dama de honor de la emperatriz Akiko; y el Makura No Soshi (Notas de la almohada), ensayo de rara delicadeza, escrito en la misma época por otra mujer, Sei Shonagen.
Este no gobierna desde Heian, sino desde Kamakura, centro de las posesiones familiares de la familia Minamoto, donde instala una administración conocida con el nombre de Bakufu (el "gobierno de la Tienda"), que subraya su carácter militar. Recibe del emperador el título de cisei-i-tai-shogun; es decir, de generalísimo. A la muerte de Yoritomo y a causa de la incapacidad de sus dos hijos, se instituye por encima del shogun un regente, el shikken, que ejerce el poder efectivo. Los shikken pertenecen hereditariamente a la familia de los Hojo (la viuda de Yoritomo era una Hojo). Nos encontramos así, en esta época, con una duplicidad del poder a todos los niveles. En Heian, el emperador titular es duplicado por un kampaku, que a su vez es duplicado -en algunas ocasiones- por un antiguo emperador, retirado en un monasterio. Pero todos ellos no ejercen más que un poder formal: La verdadera autoridad reside en Kamakura, ejercida teóricamente por el shogun, pero en realidad en manos del shikken. Asimismo, la administración imperial es ilusoria: el verdadero gobierno está en manos del Bakufu. La época de Kamakura es una época de guerras feudales tanto interiores como exteriores. El peligro extranjero está representado por los mongoles, que se apoderan del mandato celeste en China (Kubilay, nieto de Gengis Kan, emperador en Pekín, en 1260) y se lanzan al asalto del archipiélago nipón en dos ocasiones: en 1272 y en 1281. Los dos ataques fueron rechazados gracias al arrojo de las guarniciones japonesas de las islas Tsushima e Iki, y a la habilidad y a la energía del regente Tokimune, pero también gracias a los elementos naturales, que la primera vez obligaron a los mongoles a reembarcarse y la segunda, en forma de tifón providencial, hicieron naufragar a la armada mongola (14 de agosto de 1281). Los japoneses, salvados por un tifón, dieron a este meteoro el nombre de "Viento divino" (Kamikaze). Sin embargo, la guerra precipitó la caída del régimen militar de los Hojo: al final de cada guerra victoriosa, distribuían entre sus administradores tierras tomadas al enemigo, pero en esta ocasión no se había producido ninguna conquista territorial sobre los mongoles y, por lo tanto, no había tierras que distribuir. El descontento fue general, tanto más cuanto que los preparativos defensivos habían empobrecido al país y el clero reivindicaba la victoria, la cual, según los bonzos, se debía a que sus plegarias habían producido el Kamikaze. El régimen quedó desacreditado, y un emperador, Go Daigo, intentó restablecer la autoridad de Heian y derrocar el Bakufu (1324-1332). Sigue una fase de guerras civiles que ponen fin al poder de los Hojo. En el norte, en Kyoto, la familia de los Ashikaga toma el poder y crea un nuevo Bakufu, a la vez que se atribuye el shogunado. En el sur (en Yamato), siguen existiendo la corte imperial y el "poder legítimo". Este período, llamado "de las Cortes de, Sur y del Norte" (Namboku-cho), dura desde 1336 hasta 1392, año en que los sudistas se inclinan ante el shogun Yoshimitsu (1358-1408). Señalemos, por último. que en el período de Kamakura nacen las tres grandes sectas budistas: Yodo-Shin-Shu, Nichiren-Shu y Zen-Shu, y que la literatura pierde su carácter preciosista y femenino. El autor más famoso es un ermitaño: Kamo-No-Chomei, autor de las "Crónicas de una cabaña de diez pies de lado" (Hojoki, hacia 1212). De la época Namboku-cho data la perfección del drama lírico japonés, el no.
Aparece un hecho nuevo en la estructura política y social del Japón: las relaciones comerciales con el continente y la utilización de la moneda metálica (plata). Los gobernadores provinciales (shugo), que hasta entonces sólo eran funcionarios encargados de mantener el orden en las provincias, se enriquecen, mantienen tropas personales y se hacen cada vez más poderosos. Se han convertido en "grandes nombres" (daimyo), en señores, y escapan a la autoridad del shogun, al que se enfrentan en múltiples guerras privadas. Pero estos gobernadores-señores (shugo-daimyo) son superados a su vez por sus propios vasallos, grandes propietarios locales que también pasan a ser daimyo y a los que, para diferenciarlos de los precedentes, se da el nombre de sengoku-daimyo. Al mismo tiempo, se desarrollan las ciudades y, con ellas, la clase de los, negociantes, agrupados en corporaciones (za). Se va concretando una economía de ferias y se multiplican las vías de comunicación. A fines del siglo XVI, el Japón es un país activo que exporta arroz y productos manufacturados (armas, biombos, abanicos, etc.) y que incluso posee un puerto franco, Sakai, puerto de Osaka; el caos político en que se debate (1573-1603: período sin shogun) no perjudica en nada su expansión económica. Las guerras privadas terminan a finales del siglo XVI, gracias a la eficaz acción militar del daimyo Oda Nobunaga (1534-1582), apoyado por su aliado Tokugawa Iyeyasu (1542-1616) y por su lugarteniente, el plebeyo Toyotomi Hideiyoshi (1536-1598). Sin duda, Nobunaga fue el primero en el Japón que triunfó sobre sus adversarios con ayuda de armas de fuego, los mosquetes de ánima lisa, introducidos por los portugueses alrededor de 1550. En una docena de años, el Japón es pacificado, reorganizado y unificado, gracias, sobre todo, al genio político y administrativo de Hideiyoshi, nombrado kampaku en 1584. Se fijan las clases sociales: En lo sucesivo, ningún samurai puede establecerse en la ciudad, los campesinos deben permanecer en sus tierras y entregar todas sus armas (la "caza de sables"), y los daimyo quedan neutralizados.
Establece la sede de su gobierno -su Bakufu- en la ciudad de Yedo (hoy Tokio), y comparte el poder con su hijo Hidetada, en cuyo provecho abdica. El shogunado queda en propiedad de la familia Tokugawa hasta 1868 (decimocuarto shogun). Durante dos siglos y medio, el Japón, encerrado en sí mismo (apenas entreabre sus puertas a los chinos y a los comerciantes holandeses de la isla de Dejima), conoce la paz y la prosperidad dentro del marco de un régimen feudal de nuevo estilo elaborado por Hideiyoshi e Iyeyasu. El 15 de octubre de 1867, el decimoquinto shogun de la
familia Tokugawa, Yoshinobu, devolvía su poder al emperador Meiji,
que había de crear el Japón moderno. Japón bajo los Tokugawa
El poder central, cuyo jefe es el shogun, es ejercido por intermedio del Bakufu, que comprende en particular un grupo de funcionarios de gobierno: El tairo (Gran Anciano), cuatro o cinco "ministros" (roju) y cuatro secretarios de Estado (wakadoshiyori). Unos administradores (bug yo) están encargados
de los asuntos religiosos (jisha), de las finanzas (kanjo) y de los asuntos
municipales de la capital Las provincias son gobernadas por señores locales (daimyo) divididos en tres categorías jerárquicas, de arriba a abajo: los shimpan daimyo (de la familia de los Tokugawa), los fudai daimyo (que eran vasallos de Iyeyasu antes de la batalla de Sekigahara, en 1600, que estableció definitivamente el poder en aquél) y los tozama daimyo (señores sometidos a Iyeyasu después de 1600). Los señores, soberanos en sus provincias, eran vigilados por una red de funcionarios especializados (los "Grandes Vigilantes"). Las grandes ciudades, como Kyoto u Osaka, tenían una administración particular, igual que el dominio propio del shogun (que correspondía aproximadamente a la cuarta parte de las tierras del Japón). Una organización muy compleja imponía a los daimyo visitas regulares al shogun de Yedo y contribuciones que recibían el nombre de "embarazosos favores"; es decir, las cargas fiscales. Sus movimientos estaban controlados: Tanto ellos como sus familias eran espiados constantemente, para sofocar por anticipado cualquier veleidad de insurrección. Los daimyo más vigilados eran los adheridos a última hora, los tozama daimyo, tanto más sospechosos cuanto que eran ricos y poderosos. Con el apoyo de los tozama daimyo, el emperador Meiji derrocará al shogun en 1868. Las clases sociales, en número de tres, están
rigurosamente jerarquizadas. - Clase de los nobles de espada: 1-daimyo (vasallos directos del shogun).
Están agrupados en comunidades rurales llamados mura, dotadas de un alcalde y de "vigilantes" encargados de velar por los intereses de los campesinos de la comunidad.
ko (artesanos)
Los raros levantamientos de campesinos sólo fueron episodios esporádicos. Los únicos hechos notables son los relativos a las relaciones con los extranjeros.
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