El Islam en la India


La conquista musulmana
A principios del siglo XI, la presión turca, que se hacía sentir en toda Asia Menor, se manifestó en el Punjab con las incursiones de Mahmud de Ghazna (970-1030).

La dinastía de los ghaznawíes, debilitada por los ataques seldjúcidas en Persia, es eliminada por las tribus iranias oriundas de la ciudad de Ghor.

Son los mamelucos afganos de Mohamed de Ghor (1186-1206) quienes llevan a cabo la conquista del Punjab y de la cuenca del Ganges, no sólo para liquidar a los ghaznawíes sino también para combatir a los ismailíes, herejes musulmanes.

A diferencia de Mahmud de Ghazna, Mohamed de Ghor intenta organizar sus conquistas indias, que por otra parte tuvieron efectos desastrosos para la India, ya que Benarés fue saqueada y las universidades y monasterios budistas y brahmánicos de Bengala fueron destruidos.

La sucesión de Mohamed de Ghor recayó en una dinastía turca (la dinastía llamada "de los esclavos"), y más tarde en unos afganos, los Khalji (hacia 1290-1320).

Estos últimos dominan en particular el sultanato de Delhi (creado en 1206, y que se mantendrá hasta 1526), cuyo sultán Alá al-Din Khalji (1296-1316) asegura la dominación musulmana sobre la India durante cuatro siglos conquistando la India central y gran parte del Decán.

El Imperio de los Khalji se desmembrará a partir de 1320 bajo la dinastía Tughluk (1320-1412), que sufrirá también la invasión de Tamerlán (1398).


Un enjambre de estados


A partir del siglo XIV, la desmembración política -una de las plagas de la India- alcanza su más alto grado. Una multitud de reinos provinciales, de desigual fortuna, viven replegados sobre sí mismos.

Podemos señalar, entre todos estos estados:
- el sultanato de Delhi (musulmán, cuya potencia se ha debilitado mucho);
- Bengala, más o menos independiente a finales del siglo XV y cuyos soberanos (musulmanes) impulsan la vida intelectual y las artes (Hussain Shah);
- el reino de Jaunpur, el "Shiraz oriental", etc.

Pero a finales del siglo XV, es el estado hindú (y no musulmán) de Vijayanagar (en la región donde se encuentra actualmente Mysore) el que cobra cierta extensión (de Bombay a Orissa) y sirve de refugio a los hindúes que quieren escapar al dominio musulmán.

Por último, en el extremo sur de la península, el territorio tamil (Pandya) se mantiene independiente.

Pese a estas dificultades políticas, que debemos considerar a la escala de un continente y que no son muy diferentes de las dificultades europeas de la Edad Media, la India es una región extremadamente rica.

Un comercio muy activo la relaciona con los países extranjeros, a los que vende piedras preciosas y joyería, muselina, etc.

Las artes plásticas y literarias ocupan un lugar destacado y se benefician de la confluencia de dos civilizaciones: La hindú y la musulmana.


El Gran Mogol


En 1526 aparece en la historia de la India el soberano de Kabul, Babur (1483-1530), turco descendiente de los reyes timúridas de Transoxiana, el cual, mediante la victoria de Panipat (1526), se apodera del sultanato de Delhi.

Babur fue el creador del imperio conocido con el nombre de imperio del Gran Mogol. En efecto, los turcos, fuertemente influidos por la cultura persa, se revelaron como unos invasores "clarividentes", y la sorprendente decisión de Babur de conquistar la India, a pesar de la hostilidad de las poblaciones y del miedo que este salto en el vacío inspiraba a sus guerreros, transformaría el curso de la historia de este subcontinente.

No es superfluo señalar que precisamente en esta misma época, el 20 de mayo de 1498, Vasco de Gama llega con sus portugueses a Calicut, en el golfo de Omán, y que, en 1510, Albuquerque se apodera de Goa y después de Malaca (1511).

Las bases del imperio marítimo portugués en la India son muy sólidas. Interesante fenómeno cultural: Hasta el siglo XVII, el portugués es utilizado como lengua comercial por los europeos de la India.

Si la conquista de Babur fue obra de un jefe genial, el reinado de su nieto Akbar (1556-1605; había nacido el 23 de noviembre de 1542) es uno de los hechos humanos más sorprendentes de la historia oriental.

En diez años, reconstruye el imperio tradicional del norte de la India, conquistando progresivamente Malwa, Gujarat y Bengala (1574-1576), imperio que amplía además con la anexión de Kabul (1585), Cachemira (1586) y Beluchistán (1594).

Akbar no sólo fue un conquistador, sino también un organizador. Intentó modificar la estructura de la sociedad india (sobre todo estableciendo la edad mínima de trece años para el matrimonio de las mujeres y prohibiendo la costumbre del sati o suicidio de las viudas) y, animado de un espíritu ecuménico, se esforzó por reconciliar entre sí todas las religiones que coexistían en la India, imponiendo a los ulemas musulmanes su propia Iglesia, a la que dio el nombre de Fe Divina (Din Ilahi).

En los últimos años de su reinado, preocupado por la actuación de los portugueses, se anexionó algunas plazas del Decán, entre ellas el reino de Ahmadnagar (defendido por la "Juana de Arco" de la historia de la India: Chanb Bibi), Berar y Khandesh.

A su muerte, Akbar dejó un imperio inmenso: Podía tratar de igual a igual con los grandes soberanos de su tiempo, como la reina Isabel I de Inglaterra o el rey Felipe II de España.


El esplendor y la decadencia del Imperio del Mogol


Durante medio siglo, los sucesores de Akbar tendrán que apaciguar las inquietudes religiosas y hacer frente a las guerrillas que levantan contra ellos las poblaciones mahratas, antimusulmanas.

Sin embargo, la primera mitad del siglo XVII puede ser considerada como un período de gran prosperidad, y los occidentales, que empiezan a entrar en contacto con la India (especialmente los británicos), quedan maravillados por las riquezas de Yahangir, primogénito de Akbar (1605-1627, dominado por una aventurera iraní con la que se casó, en 1611, dándole el nombre de Nurjahan, "Luz del Mundo"), y de Shah Yahan (1628-1658, el más fastuoso de los soberanos mongoles, que hizo construir el Taj Mahal, en Agra, mausoleo de su esposa Mumtaz Mahal, muerta en 1631).

Este esplendor y este poderío se prolongan todavía bajo el reinado de Aurangzeb (1658-1707), cuya política de intolerancia religiosa fue causa de numerosas revueltas. Aurangzeb había formado un ejército moderno, con armas de fuego europeas, pero sus campañas contra las tribus rebeldes, especialmente en el Decán, no tuvieron otro resultado que debilitar su ejército.

Decadencia y caída del imperio mogol
Tras la muerte de Aurangzeb, sus herederos combaten ferozmente entre sí y el imperio mongol se desintegra.

En las diversas provincias, los virreyes (subab) y los gobernadores (nabab) y, en los estados independientes, los vasallos del Gran Mogol, los señores locales (rajá), se esfuerzan por lograr la independencia.

Sin finanzas, sin administración, sin unidad, la India es ahora vulnerable a las invasiones. Nadir Shah realiza en 1739 una incursión espectacular sobre la capital, Delhi, y los últimos emperadores mongoles asisten impotentes al desmoronamiento de su imperio.

Unicamente los mahratas, que poseen todavía posiciones estratégicas fundamentales en el Decán, tienen, a mediados del siglo XVII, cierta organización, y son capaces de oponerse a los persas, que, no obstante, los derrotan, en 1761, en Panipat.

Tras esta derrota, no existe ya ninguna potencia militar mongólica en la India. Se inicia la era de la colonización. Sin embargo, es preciso señalar que la dinastía mongólica se prolongará hasta mediados del siglo XIX.

A partir de 1765 (Tratado de Allahabad), los emperadores quedan reducidos a meros fantoches (Shah Alam II, 1759-1806; Akbar Shah, 1806-1837; Bahadur Shah ll,1837-1858).

El imperio mongol concluye en 1858, aproximadamente al mismo tiempo que la Compañía de las Indias, con la sublevación de los cipayos, que dará inicio a la dominación británica.


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