La decadencia de Persia


El Imperio persa era, considerándolo bien, un verdadero monstruo político. Las distintas provincias que se anexionó no fueron nunca asimiladas realmente, sin duda porque las conquistas fueron muy rápidas y, al mismo tiempo, demasiado heterogéneas.

Hemos hablado ya de las innumerables disputas de sucesión. Hay que añadir a ellas las secesiones, las revueltas y las arbitrariedades de los sátrapas, grandes señores feudales que a veces se consideraban iguales al Gran Rey y que estaban en posesión de un ejército y tenían sus propias finanzas y administración.

Toda la historia interna del Imperio persa es una larga serie de guerras civiles locales y de represiones feroces.
Lo más asombroso de la historia de los aqueménidas no es el que lograsen crear un imperio tan vasto, sino que su poderío haya podido durar tanto tiempo (dos siglos).

La razón fundamental de ello fue que no tuvieron ningún enemigo exterior lo suficientemente poderoso. Es de notar que las únicas guerras organizadas que los persas tuvieron ocasión de dirigir, las guerras médicas contra las ciudades griegas, terminaron en una derrota.

El triunfo de los coligados griegos es más sorprendente aún si tenemos en cuenta que su ejército era poco numeroso, sobre todo si se le compara con el inmenso ejército de Jerjes.

En definitiva, el Imperio persa sólo era temible por su extensión: el primer ejército importante y organizado que lo atacó, el de los macedonios, le venció sin gran dificultad.

Los griegos guardaban un mal recuerdo de las guerras médicas. Habían vencido, es cierto; pero conservaban la idea obsesionante de la invasión: El Gran Rey era, para ellos, una especie de enemigo hereditario.

Sin embargo, sus relaciones con Persia no se habían interrumpido nunca. Había mercenarios griegos en el ejército iranio y Atenas no titubeó en aliarse con el Imperio aqueménida, en 340 a. de J.C., para defender su posición en los estrechos, amenazada por Filipo de Macedonia.

Este, consciente del peligro que podía representar para sus empresas una alianza grecoirania (y animado por el orador Isócrates, partidario de una verdadera cruzada contra los persas), había proyectado la conquista de Asia Menor, entonces casi limitada a la actual Turquía.

En 336 a. de J.C., Parmenion, uno de los lugartenientes de Filipo, conquistó sin la menor dificultad la costa mediterránea de Asia Menor, y la Liga de Corinto, por orden del macedonio, prohibió que cualquier griego combatiera en el ejército del Gran Rey (lo que equivalía a privarle de sus mejores elementos guerreros).

Esta doble acción militar y política fue el presagio de una empresa de mucha mayor envergadura. Pero Filipo murió repentinamente en el mismo año 336. No obstante, Alejandro acabaría la obra de su padre.

Alejandro Magno logró borrar el Imperio persa de la Historia, en sólo seis años, con un ejército de apenas 40.000 hombres, pero, sobre todo, con un incomparable genio militar y político.

La prematura muerte de Alejandro, el 13 de junio de 323 a. de J.C., no le permitió llevar a cabo la gran obra que había soñado: La unificación de los griegos y de los persas.

Después de 20 años de querellas y de guerras de sucesión, su imperio quedó dividido en tres reinos, de los cuales la monarquía persa correspondió a Seleuco, sátrapa de Babilonia, que fundó la dinastía de los seléucidas (301 a. de J.C.).

Los seléucidas, como los aqueménidas, no pudieron realizar un Estado unificado.

Además, tuvieron que soportar los ataques de los partos, tribus nómadas de las estepas situadas entre el mar Caspio y el mar de Aral, que fundaron en la parte este del Irán el Imperio de los arsácidas (primer rey: Arsaces, hacia 205 a. de J.C.), que se fue desarrollando a expensas del Estado seléucida, el cual, en 150 a. de J.C., había quedado reducido a Asiria.


Alejandro Magno y la decadencia de Persia


Primavera 334 a. de J.C.
Alejandro atraviesa los Estrechos y pasa a Asia. Tiene como adversario a un mercenario griego, Memnón de Rodas, cuya estrategia es muy sencilla: Rehuir el combate, arrastrar al pequeño ejercito macedonio hacia el inmenso Irán, extenuarlo y, después aniquilarlo (ésta fue la estrategia que también emplearon eficazmente los rusos contra los ejercitos de Napoleón).

Pero los aristócratas persas se empeñan en librar la batalla decisiva.

Mayo 334 a. de J.C.
Alejandro sale victorioso en las orillas del Gránico.

Invierno 334-333 a. de J.C.
Contraofensiva persa llevada por Memnón. Alejandro establece sus cuarteles de invierno en Gordion.

Mayo 333 a. de J.C.
Después de la muerte de Memnón (acaecida en primavera). Alejandro atraviesa el Tauro e invade la Cilicia.

12 noviembre 333 a. de J.C.
Batalla de Isos contra las tropas de Darío III Codomano: 30.000 macedonios luchan contra un enemigo diez veces superior en número y lo desmembran después de una maniobra de aproximación que pone de manifiesto la gran estrategia de Alejandro Magno.

Bajas macedonias: 800 muertos; bajas iranias: Varias decenas de millares de muertos. Darío consigue escapar.

Enero-agosto 332 a. de J.C.
Asedio de Tiro, que había rehusado aliarse con Alejandro; después de la toma de la ciudad, todos los defensores son muertos y 30.000 civiles son vendidos como esclavos.

Gaza (Palestina) sufre la misma suerte.

Invierno 332-331 a. de J.C.
Alejandro pasa a Egipto en donde es acogido como libertador. Ofrece sacrificios al dios Apis y funda Alejandría.

Primavera 331 a. de J.C.
Alejandro se dirige hacia Mesopotamia.

Octubre 331 a. de J.C.
Batalla de Gaugamela o Arbelas, en la llanura Nínive, en donde acampa un inmenso ejército persa que es dispersado y aniquilado, como en Isos, en una sola jornada.

Fines octubre 331 a. de J.C.
Alejandro penetra en Babilonia y se hace reconocer rey del país.

Diciembre 331 a. de J.C.
Toma de Susa.

Enero 330 a. de J.C.
Toma de Persépolis, que es saqueada e incendiada (se desconocen los motivos de este acto de vandalismo).

Julio 330 a. de J.C.
Magnánimo como no podía ser menos, hace enterrar con gran pompa en Pasargada a Darío III Codomano, asesinado, mientras huía del macedonio, por el usurpador Bessos.

330-328 a. de J.C.
Marcha hacia el este: Conquista de la Bactriana y de la Sogdiana.

Verano 327 a. de J.C.
Fin de la conquista de Persia. Inicio de la conquista de la India.



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