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La historia de China es, en lo esencial, la historia de un pueblo único que usa una sola lengua y cuyo sistema de escritura no ha cambiado fundamentalmente desde su aparición, hace más de tres mil años. Nadie se asombra ante la antigüedad de tal tradición cultural más que los mismos chinos. Confucio pretendió basar su filosofía política y moral en el carácter y las leyes de los primeros reyes de la dinastía Chou. Conocemos la historia de este país, tan vasto como un continente, a través de textos y restos arqueológicos. Los textos llamados clásicos, establecidos entre los siglos X y VI a. de J.C. (fechas extremas), son crónicas, más legendarias que históricas, relativas a las primeras edades de la historia china, desde el siglo XVIII (?) a. de J.C. hasta la época de Confucio. Estos "clásicos" han sido agrupados en trece compilaciones canónicas. La más famosa de ellas se titula Las primaveras y los otoños. Estos escritos, transmitidos respetuosamente por generaciones de mandarines, constituían todavía la base de la enseñanza oficial en China a principios del siglo XX. Una exégesis difícil ha permitido revelar algunos aspectos de la historia primitiva de China partiendo de estos escritos. En cuanto a las excavaciones arqueológicas, emprendidas en forma sistemática a partir de 1928 en el norte del Ho-nan (Yang-chao, Anyang), han permitido reconstruir algunos aspectos de la civilización china en el neolítico (2500-1800 a. de J.C.) y en la Edad del Bronce (1700-500 a de J.C. aproximadamente). La lista ortodoxa de los monarcas chinos empieza con un
año que corresponde al 2852 a. de J.C. La primera de ellas es oscura, y algunos historiadores
han dudado de su existencia real. Los primeros siglos de la dinastía Chou, que reinó desde el 1027 a. de J.C. (o el 1122 a. de J.C., según la cronología más aceptada), están mucho más documentados por escritos históricos, y desde el 842 antes de Jesucristo, sus acontecimientos pueden fecharse con exactitud. Las dinastías Han temprana y tardía (207 a. de J.C.- 200 de nuestra Era) gobernaron en una China unida, de extensión casi igual al territorio.
En el norte (cuenca del río Amarillo): primera
comunidad lugareña (errante o sedentaria); establecimiento de los
primeros ritos (¿religión agrícola?); cría
del gusano de seda. Formación de pequeñas ciudades, con una nobleza guerrera que domina a los campesinos. Las ciudades se transforman poco a poco en los pequeños reinos, expuestos a los ataques de los "bárbaros" instalados en la periferia. - Hechos concretos del periodo: Aparición de técnicas superiores: Carro
de tiro, trabajo del bronce, arquitectura, etc. 1700-500 a. de J.C. (Edad del Bronce) Creación de ciudades-palacio, rodeadas de murallas, que son a la vez centros religiosos y políticos. - Hechos concretos del periodo: Descubrimiento de restos de ciudades-palacio y de numerosas tumbas relacionadas con el culto a los antepasados. Fijación de los ritos y de la religión ancestral; aparición de la escritura. Los TCHEU occidentales (1027-770 a. de J.C.) Continuación de la evolución iniciada por los Chang; organización piramidal de la sociedad (el rey, los príncipes vasallos, los señores, los pequeños nobles -que constituían el núcleo del ejército-, los artesanos y los campesinos). Los TCHEU orientales: Período de los Principados
Hegemónicos (770-481 a. de J.C.) Formación de principados periféricos en los que la organización política y administrativa se hace más rígida. Cinco reinos establecen sucesivamente su hegemonía sobre las ciudades confederadas (los Cinco Hegemónicos); los tres más importantes son los Estados de Ts'i, de Tch'u y de Tsin (no hay que confundir con éste con el de Ts'in). Roturación, generalización de la agricultura. Oposición entre los reinos del centro (tradicionales y respetuosos de los ritos) y los hegemónicos (periféricos, extraños a la mentalidad "china"). - Hechos concretos del periodo: Suavización de las costumbres, desaparición
de los sacrificios humanos y aparición de los torneos cortesanos
entre las ciudades. Se inicia un período de rivalidades, caracterizado por sangruientas guerras entre los diversos reinos combatientes. A partir del siglo IV, el reino de Ts'in, a la vanguardia de las transformaciones políticas y sociales, domina progresivamente a todos sus rivales. - Hechos concretos del periodo: 221 a. de J.C. (Cronología según el sinólogo sueco B. Karlgren)
Los vasallos están ligados a sus soberanos por un compromiso de honor (los principales de entre ellos se denominan duques). Los señores locales se combaten (cortésmente o con encarnizamiento, según los casos), y cada uno intenta imponer su autoridad a los vecinos. En el curso de este período feudal, la civilización alcanza un alto grado de perfección, tanto en lo que se refiere a obras materiales (vasos, espadas, objetos decorados, etc.) como a creaciones intelectuales (en esta época es cuando se establece la filosofía clásica china). Entre todos los "principados" que se hacen la guerra, el de Ts'in (en el valle del Wei, en Chen-si) sobresale por su organización totalitaria, despiadadamente elaborada, entre 356 y 348 a. de J.C., por el ministro Wei-yang y generalizada por quien puede ser considerado el "Julio César" chino: El rey Cheng (nacido en 259 a. de J.C., rey en 246 a. de J.C., muerto en 210 a. de J.C.), que da remate a la obra de conquista de sus predecesores, arrebata a los Tcheu el mandato celeste y se constituye en el primer emperador de China.
La unificación territorial realizada por Cheng estuvo acompañada de una extensión a todos los países conquistados de las importantes reformas de este extraordinario personaje, que realizó quizás en la China de entonces una obra comparable a la de Mao Tsé-tung en la China contemporánea. Después de la caída de los Ts'in (en 209 a. de J.C.), cambian las dinastías, pero la obra de centralización y de absolutismo subsistirá hasta los tiempos modernos. He aquí las principales medidas adoptadas por los predecesores de Cheng y por el propio Cheng, que, a partir de 221, toma el nombre de Primer Soberano Emperador (Huang-ti) de la casa de Ts'in, es decir Ts'in Che Huang-ti y que debe parte de su obra reformadora a su ministro Li Sseu: - División de todo el imperio en treinta y seis territorios (las encomiendas), administrado cada uno de ellos por un gobernador civil, un gobernador militar y un superintendente que dependen del gobierno central. A la vez: supresión de los títulos y los privilegios de la antigua nobleza, reemplazada por una nobleza militar (de veinte grados). - Transformación de la sociedad campesina: unas comunidades de cinco a diez familias constituyen las unidades agrícolas, responsables colectivamente de los delitos que se cometen en ellas y que obligatoriamente deben ser denunciados a las autoridades. El código penal y las recompensas son imitación de las leyes marciales y de las recompensas militares. Al mismo tiempo tienen lugar grandes desplazamientos de población a través del país. - Unificación de la escritura en todo el país (reforma de Li Sseu); creación de un sistema oficial y único de pesos y medidas; implantación de una red vial normalizada, con la obligación de dotar a todos los carros con ejes de iguales dimensiones. - Organización rigurosa de la policía y la justicia: control severo de los desplazamientos, sanciones contra el vagabundeo y la ociosidad. En la época Ts'in aparecen las primeras "fichas de policía" en los hoteles chinos. - Revolución cultural: en 213 a. de J.C., el emperador ordena que sean quemados todos los libros excepto las obras técnicas. De este modo desaparece de golpe la producción literaria y filosófica vinculada a Confucio, Mencio, etc. (reconstituidos más tarde, los king clásicos fueron desvirtuados en parte). La escuela oficial de juristas (Fa-ki-a), teóricos de la acción política pura y del Estado hipercentralizado, triunfo de la vieja tradición china. Después de haber extendido estas medidas a los países del sur y de haber realizado una peregrinación espectacular al T'ai-chan, el monte más alto de China; después de haber enviado (en 215 a de J.C.) 300.000 hombres para que construyeran sobre tres mil kilómetros de frontera, en el norte, un sistema continuo de fortificaciones (La Gran Muralla) destinadas a proteger el imperio de las invasiones turco-mongolas, que con tanta frecuencia lo habían afectado, el emperador Ts'in Che Huang-ti muere en 210 a. de J.C. Fue enterrado en una tumba gigantesca, junto con sus mujeres, sus tesoros y los obreros que los habían transportado, cerca del emplazamiento actual de Sin-fong. Después de un período de anarquía, el poder pasa a la dinastía de los Han, cuya duración excepcional (cuatro siglos, de 206 a. de J.C. hasta 220 d. de J.C.) le confirió el prestigio de la legitimidad, hasta el extremo de que el pueblo chino se ha designado a sí mismo con el nombre de "Hijos de los Han", aunque debería haber ostentado, en justicia, el de "Hijos de los Ts'in". Un holocausto de victimas acompañaba a los entierros
de los soberanos Shang. Esta tumba muestra la fosa central para el ataúd
real, con esqueletos humanos alineados alrededor del borde, y los esqueletos
de varios caballos detrás de la rampa ascendente.
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