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Los antiguos griegos y los judíos del tiempo de los profetas conocieron la Babilonia de Nabucodonosor y de los aqueménidas (siglos VI y IV a. de J.C.). Esta "Gran Babilonia" fue la que describieron Heródoto y Diodoro de Sicilia. Diodoro estableció la leyenda de que la ciudad fue fundada por una reina llamada Semíramis. Este personaje puede ser identificado con una reina asiria cuyo nombre era Sammuramat, regente, hacia 810 a. de J.C., durante la mocedad de su hijo, el rey Abad-Nirari III. De hecho, como sabemos, Babilonia tiene una historia mucho más antigua. Era ya una pequeña aglomeración acadia en la época de Naram-Sim, cuyo nieto (Sharkali-Sharri) consagró allí un templo a la diosa Istar (hacia 2170 a. de J.C.). Hacia 1830, el amorrita Sumu-Abum se hizo proclamar rey en Babilonia, y la rodeó de una muralla. Los reyes de la primera dinastía enriquecieron progresivamente a la ciudad con monumentos ( templos y palacios), de los que se han encontrado vestigios. Más tarde la ciudad conoció la historia de todas las grandes capitales: Ambicionada, destruida, reconstruida y destruida otra vez, hasta que las ruinas se adueñaron de ella. Las investigaciones de R. Koldervay, entre 1889 y 1917,
han permitido reconstruir su historia a grandes rasgos.
Fue un amorrita (el Amurru o País del Oeste era un auténtico vivero de semitas nómadas que se infiltran en Babilonia desde principios del II milenio). La correspondencia hallada en los archivos del palacio de Mari muestra el carácter del personaje. Al contrario de los reyezuelos de la época, no es orgulloso ni impulsivo, sino prudente, astuto y diplomático. Su personalidad podría parangonarse con la del rey de Francia Luis XI. Es verdad que peleó contra sus rivales (Eshnuna, Asiria, la ciudad de Mari), pero nada indica que fuera un gran conquistador como Sargón el Antiguo. Hábilmente, dejaba que las relaciones entre sus enemigos (e incluso entre sus aliados del momento) se deteriorasen, y así llegó a lograr que todo el país estuviese bajo su autoridad, desde el golfo Pérsico al río Habur. Al final de su vida reorganiza por completo su imperio, dándole unas estructuras sociales, jurídicas y religiosas que sobrevivirán a las invasiones y destrucciones posteriores (la centralización política desaparecerá, pero numerosos elementos -el derecho, el culto, ciertas innovaciones culturales- subsistirán incluso en la época neobabilonia, después de la caída de Nínive en 612 a. de J.C.). Sus reformas principales fueron: 2 - La religión: Marduk, dios de Babilonia, llega a ser el dios nacional (monoteísmo político). 3 - La vida cultural: El sumerio se convierte en una lengua muerta. Los textos científicos y religiosos, escritos hasta entonces en sumerio, son redactados ahora en acadio, y de esta época data una serie de textos bilingües (listas, léxicos, gramáticas, etc.). Se opera una refundición de todas las tradiciones pretéritas (semíticas o sumerias). Las primeras versiones del Poema de la Creación y de la Epopeya de Gilgamesh fueron redactadas en esta época. El idioma del primer Imperio babilónico se convierte en una verdadera lengua clásica, que irá siendo copiada sucesivamente y sin variaciones durante siglos. La obra de Hammurabi fue continuada por su hijo Shamshu-lluna (1685-1648 a. de J.C.). En total, ochenta años de reinado durante los cuales Babilonia alcanzó un esplendor muy superior al de las otras ciudades mesopotámicas y que sobrevivió a la destrucción del Imperio.
Sin embargo, de Sumer a Accad se produce una importante transformación, relativa al espíritu religioso: los sumerios profesaban el culto de las fuerzas de la naturaleza; en cambio, los semitas ven en los dioses el fundamento de la armonía natural y de la vida moral. Las religiones de Mesopotamia son politeístas. Como cada ciudad tiene sus propios dioses, el panteón es de una terrible complejidad, y las listas de divinidades plantean numerosos problemas a los investigadores. Un mismo dios puede tener varios nombres, y cada denominación indica una de las funciones del dios. Marduk e Istar, por ejemplo, han absorbido progresivamente la personalidad de diferentes divinidades. En la época del Antiguo Imperio babilónico, los escribas y los sacerdotes emprenden un esfuerzo de síntesis que da como resultado un sistema coherente, aunque artificial. El politeísmo evoluciona en dos direcciones: hacia un cierto monoteísmo, cuando el dios Marduk de Babilonia llega a ser el dios mesopotámico por excelencia, y hacia un culto astral, también de origen babilonio.
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