EL IMPERIO ASIRIO


Los asirios eran semitas como los acadios. Estaban asentados en las regiones montañosas del norte de Babilonia, en tiempo de Kish y Agadé.

Pronto estuvieron en relación con los sumerio-acadios. Asur, la capital, tal vez fue fundada en la época de Ur III (fines del III milenio a. de J.C.): El documento real más antiguo que poseemos se refiere a un tal Zarikum, contemporáneo del rey de Ur, Bur-Sin. El idioma asirio se parece mucho al babilónico; también se escribe en signos cuneiformes.

Ya hemos visto que un jefe asirio, Shanshi-Abad (1748-1716 a. de J.C.), fundó un Estado poderoso, pero efímero, en el siglo XVIII a. de J.C.. En el siglo XVI a. de J.C., los reyes de Asur vuelven a la prosperidad, pero, poco a poco, deben ceder ante los mitanianos, de los que acaban siendo vasallos.

Asiria se deshace del yugo mitaniano hacia 1350, bajo el reinado de Asur-Uballit (1356-1320 a. de J.C.). Entonces se abre un período de guerra entre Asiria y sus vecinos hititas y babilonios, que dura hasta fines del siglo XIII a de J. C.. La vida cultural de Asirio-Babilonia es intensa en esta época.

Es entonces cuando se fijan en su forma definitiva los dos grandes poemas babilonios (el Poema de la Creación y la Epopeya de Gilgamesh). La vida religiosa se transforma. Los hombres se interesan por los problemas de derecho y de justicia. Pero, a partir del año 1200 a. de J.C., el despliegue de nuevas invasiones va a interrumpir este desarrollo.


El "tiempo de confusión" (siglos XIII-X a. de J.C.)


Las rivalidades y pequeñas guerras internas no son, en el fondo, más que hechos secundarios. Ciertos acontecimientos cuyas consecuencias serán considerables, se producen fuera de las fronteras de Asiria.

Los aqueos se manifiestan en Anatolia, los arameos empiezan a infiltrarse en Siria, los hebreos monoteístas se agrupan en el Sinaí y se establecen en Palestina (país bajo control egipcio), pero esto no rompe el equilibrio mesopotámico, que luego había de ser destruido brutalmente por las invasiones del siglo XII a. de J. C..

Los hititas son las primeras víctimas de los movimientos migratorios indoeuropeos que, saliendo de los Balcanes y del norte de Anatolia, van a derribar su imperio. Hacia 1200 a. de J.C., los Pueblos del Mar atraviesan Anatolia y destruyen el Imperio hitita antes de pasar a Egipto, donde son detenidos, en 1190 a. de J. C., por Ramsés III.

De Tracia llegan los frigios, y también algunas hordas septentrionales, como los mushki (o mosqueos) y los gasgas. La capital hitita, Hattusa, fue destruida por el fuego.

Los asirios, babilonios y elamitas, que resisten difícilmente el empuje de los bárbaros, continúan guerreando: entre 1200 y 1100 a. de J.C. los elamitas invaden Asirio-Babilonia.

La amenaza viene al mismo tiempo del norte (los mushki, que están a orillas del Tigris) y del oeste (los arameos llegan con ímpetu y ocupan Siria y el Eufrates Medio), sin contar a los hititas, que subsisten aún en el Taurus.

Los asirios, por el momento, resisten a las presiones (reinado de Tiglat-Pileser I, hacia 1112 a. de J.C.). Entre 1110 y 1050 a. de J.C., su resistencia se desmorona: los arameos se hacen los dueños del país. Sin embargo, los asirios se defienden con un valor salvaje que va creando entre ellos unas tradiciones militares sobre las que se fundará su poderío futuro.

Mientras que los grandes imperios sufren el azote de las invasiones, entre 1200 y 1000 a. de J.C., se fundan en Siro-Palestina unos pequeños Estados, en los que acaba el torbellino de los Pueblos del Mar. Los hebreos crean el reino de David y de Salomón.

En Siria, los arameos se desparraman en una multitud de pequeños estados: el Bit-Adini, el Sobah, el reino de Aram, alrededor de Damasco, fundado por Razon hacia 950 a. de J.C. y continuado por Bar-Hadad I, Bar-Hadad II y Bar-Hadad III (este reino estaba organizado como los imperios hitita y mitaniano), el Bit-Gabbari y el Bit-Agusi.

Enclaves hititas subsistieron hasta el siglo IX en Hamat, Hattina, Karkemish. En fin, es la época del gran empuje de los fenicios, que se convierten en los dueños del Mediterráneo.

El renacimiento de Asiria (siglo IX a. de J.C.)


El final de la confusión responde, seguramente, a dos causas: al poderío militar de Asiria, ejercitado, durante dos siglos de guerras brutales, en el pillaje, la devastación, el incendio y las matanzas (no siempre en legítima defensa) y a una política coherente de guerras y conquistas, dirigida por unos reyes en los que conviene insistir un poco.

Asur-Dan II (932-909 a. de J.C.), Adad-Niari II (909-888 a. de J.C.) y Tukulti-Ninurta II (888-884) ponen en marcha una "política" sencilla y eficaz: Empiezan por organizar cruentas incursiones en territorio enemigo (en general, Estados arameos prósperos) y, haciendo pagar regularmente un tributo al pueblo conquistado, acaban por anexionárselo.

Así fueron incorporados los estados arameos del Eufrates Medio, Nísibe, Harrán y la región situada entre los ríos Zab Mayor y Zab Menor.

Asurnasirpal II (883-859 a. de J.C.) inicia la conquista de Oriente (Kurdistán) y reprime ferozmente las rebeliones de sus vasallos, tapizando con la piel de los rebeldes, despellejados vivos, las paredes de un monumento conmemorativo de su victoria, empalando los cadáveres y construyendo pirámides con las cabezas de los enemigos.

Después de destruir 400 ciudades y pueblos, y de haber recibido tributos de los Estados siro-palestinos, restaura la ciudad de Nimrud (Kalakh), donde establece su capital.

Sus "grandes" hechos están inscritos en las estelas, los bajorrelieves y los obeliscos de la ciudad. Así conocemos las características del ejército asirio en esta época: Es un ejército móvil, cuya parte esencial son la caballería y la infantería; los cuerpos de tiradores (arqueros, honderos) son importantes; las máquinas de guerra se perfeccionan.

Prudentemente, este orgulloso guerrero no ataca a los estados poderosos que son sus vecinos: El reino arameo de Damasco y Babilonia.

Sea como fuere, Mesopotamia se reorganiza. Asiria es un imperio en pleno auge. Babilonia asume de nuevo su papel de centro intelectual y religioso, y los arameos saben hacerse respetar: es el final de la confusión.

Aparición de nuevas potencias
Al norte de Asiria, en las montañas de Armenia (región del lago de Van), se constituyó, en el siglo IX a. de J. C., un Estado que conocemos muy mal: Urartu. La lengua urartiana es asiánica, y la organización social se parece, sin duda, a la de Mitani y del Imperio hitita.

El arte es de tipo colosalista, las técnicas metalúrgicas están muy perfeccionadas y el panteón urartiano está encabezado por una tríada de divinidades: Tesheba, dios de la tempestad (comparado con el Teshub de los hurritas), Haldi, dios nacional, y Ardini, divinidad solar.

Por las inscripciones rupestres bilingües (en urartiano y en asirio) sabemos que Urartu dominó el mundo mesopotámico, en particular Asiria, a finales del siglo IX a. de J. C. y comienzos del VIII a. de J.C. (bajo el reinado de Shamshi-Abad V, de 824 a 810 a. de J.C., la regencia de Semíramis y el reinado de Abad-Nirari III, de 810 a 781 a. de J.C.).

Los urartianos fueron, además, los educadores políticos y militares de las primeras tribus de medos y persas que aparecen en el Zagros.

La Asiria de los Sargónidas (siglos VIII-VII a. de J.C.)


La verdadera conquista de Mesopotamia empieza con el reinado de Tiglat-Pileser III (745-727 a. de J.C.). Es él quien transforma la política de rapiñas y tributos de sus predecesores en una verdadera política imperialista: guerrea, no para explotar, sino para ocupar y anexionar nuevas provincias.

Es en esta época cuando el carro de combate, máquina pesada y embarazosa, desaparece de la estrategia asiria: la infantería (pesada y ligera) es la reina de las batallas. Y se crean cuerpos de piqueros, lo cual constituye una innovación. Con este rey conquistador, la guerra cambia de aspecto: un ejército asirio, poderoso y bien ejercitado, penetra en el territorio que quiere conquistar, deporta a los habitantes y deja guarniciones en todos los puntos cruciales del país ya conquistado.

Las guerras de Tiglat-Pileser III le llevaron hacia el Tigris (contra los arameos); a Siria, donde despoja a los urartianos (guerra contra el rey Sardur III); al norte, contra los medos; a Damasco, cuyo reino se anexiona; a Palestina, donde guerrea contra Israel y Judá. En Babilonia, donde las tribus llamadas caldeas acaban por dominar, Tiglat-Pileser III renuncia a la conquista total, sin que se sepa muy bien por qué, e inventa un principio de doble monarquía que respeta teóricamente la independencia de Babilonia: con el nombre de Pulu es rey de Babilonia, y con el nombre de Tiglat-Pileser III, de Asiria; astucia administrativa que prueba las cualidades o, por lo menos, la imaginación política de este rey.

Después del breve reinado de Salmanasar V (726-722 a. de J.C.), quien continúa la política de su padre, sube al trono Sargón II (721-705). No hay que confundirle con Sargón de Accad, que reinó en Sumer y Accad hacia el 2300 a. de J.C., ni con Sargón I, "rey" de Asiria hacia el año 2000 a. de J.C., cuando algunas tribus asirias habían fundado una colonia en Capadocia.

Sargón II, fundador de la dinastía de los sargónidas, extiende el Imperio asirio, deporta a los habitantes de Israel, se anexiona Hamat y Karkemish, y emprende algunas incursiones a Urartu. A las tres capitales tradicionales de Asiria (Asur, Nínive y Nimrud), Sargón II añade Khorsabad, donde manda edificar un suntuoso palacio. Toda Mesopotamia y Siro-Palestina están ahora bajo su dominación; incluso los reyes de Chipre reconocen su autoridad.

Las ciudades fenicias y el reino de Judá se doblegan bajo la conquista y solamente conservan su autonomía al precio de una política servil. En total, 70 provincias gobernadas por una administración central, que Sargón, ocupado en sus actividades militares, deja en manos del príncipe heredero, Senaquerib. Una enorme máquina política, en la que la policía secreta tiene una importancia capital, se establece en todo el país. Sargón tiene espías que le comunican, casi a diario, la más variada información.

Así es como se entera, al final de su reinado, de que Urartu y su rey Argisti II preparan una expedición militar contra Asiria. Esta expedición no se realiza porque unos nómadas indoeuropeos procedentes del Cáucaso, los cimerios, atraviesan Urartu, después de vencer a Argisti, y van a establecerse en Anatolia, en la frontera asiria. Cuando Sargón II se dirigía hacia esta región, en el año 705 a. de J.C., muere.

El arte de las estepas, difundido desde el bajo Danubio hasta el Dniéper y la Siberia, está relacionado con los cimerios y con los pueblos emparentados con ellos.

La expansión de la lengua aramea por todo el Oriente Medio militarmente unificado, data de la época sargónida. Al conquistar los reinos arameos y deportar a sus habitantes los reyes asirios contribuyen a introducir a los arameos en todo el imperio.

En los siglos VIII y VII a. de J.C., los cuneiformes empiezan a desaparecer ante la escritura alfabética, y se generaliza la costumbre de utilizar dos escribas: uno para el arameo y otro para los cuneiformes. Este esplendor del arameo se prolonga hasta la era helenística y romana: será el idioma de casi todo el Oriente Medio, hasta la llegada de los árabes (Jesús se expresaba, sin duda, en arameo, y asimismo los habitantes de Judea).

El reinado de Asurbanipal


Desde la muerte de Sargón II, el Imperio asirio ofrece síntomas de debilidad.

Senaquerib (705-680 a. de J.C.) ha de combatir las revueltas interiores, y llega a arrasar Babilonia en el 689 a. de J.C.. Este acto fue considerado como un verdadero sacrilegio, dada la importancia religiosa de la metrópoli, cuyo dios, Marduk, era el dios nacional de casi toda Mesopotamia.

Para evitar las consecuencias (sobrenaturales y políticas) de este acto, el sucesor de Senaquerib, Asarhadón (680-669), reconstruye la ciudad y devuelve la autonomía a Babilonia. Pero el peligro está también en las fronteras.

En el siglo VIII a. de J.C. se formó, en Anatolia, el reino frigio, integrado por pueblos afines a los cimerios y venidos de los Balcanes, a finales del II milenio a. de J.C., con los tracios. Los frigios participan en la destrucción del Imperio hitita de Anatolia, y lo reemplazan.

Poco sabemos de los frigios, que se establecieron en los valles de Halys y Sangamios (cerca de la actual Kayseri, en la provincia turca de Capadocia). Tenemos noticia de su capital, Gordion, y del poderío de su rey Midas, al que se refiere la leyenda del rey con orejas de asno y que por algún tiempo, a finales del siglo VIII a. de J. C., amenazó a los asirios de Cilicia.

Los frigios se distinguen de los hititas por el culto orgiástico de Cibeles, la madre de los dioses, y de su compañero Atis (el culto de Cibeles había de ser llevado a Roma en el 204 a. de J.C.).

Los movimientos migratorios de los cimerios conmueven también a Anatolia. Después de haber destruido el reino de Frigia, una de sus bandas se dirige a Cilicia, donde Asarhadón los detiene a duras penas.

La frontera del imperio se rompe por casi todas partes: Del lado de Elam, en Fenicia, hacia Arabia, al norte y al este, donde los medos y los persas dan señales de vida y donde desembocarán, desde el Cáucaso, los invasores nómadas, los escitas.

Asurbanipal (668-631 a. de J.C.), que sucede a Asarhadón en un clima de intrigas cortesanas, revueltas y conspiraciones, termina la guerra con Egipto, emprendida por su padre, pero desguarnece las fronteras del norte y ni siquiera puede socorrer a Lidia (reino compuesto también de poblaciones mezcladas y cuya capital es Sardes).

El lidio Giges -pastor convertido en rey y fundador de la dinastía de los Mermnadas- estaba en lucha con los cimerios, a quienes logró detener en su avance.

El Imperio de Asurbanipal es, verdaderamente, un coloso con pies de barro: cuando el rey asirio lanza una expedición contra Elam, tiene que abandonar Egipto; cuando los medos de Fraortes amenazan a Siria (653 a. de J.C.), sale del paso lanzando contra ellos a los escitas, pero este juego aumenta el poderío de los caucasianos y, sobre todo, libera a los persas de la dominación meda.

El ejército asirio, aunque sigue siendo temible, no puede hacer frente a los incesantes ataques de que es objeto en todas las provincias del Imperio. Asurbanipal, encerrado en su palacio de Nínive, donde funda una "biblioteca" de 20 000 tablillas (recuperadas por los arqueólogos), acaba su reinado en un ambiente de catástrofe.

Por otra parte, su personalidad no parece haber sido arrolladora en el plano político y militar; los lugartenientes generales, su esposa (Asurbarrat) y los gobernadores de las provincias, eran quienes dirigían el juego.

Por lo que sabemos, Asurbanipal no participó personalmente en ninguna expedición militar. Era un "emperador intelectual", perezoso y convencido sin duda de que su crueldad -que llevó a un grado extremo- era espíritu de conquista.

A la muerte de Asurbanipal, el imperio se desintegra. Los escitas devastan el país en el 631 a. de J.C.; los medos, persas, cimerios, babilonios, y pronto también los pequeños Estados más o menos vasallos de Asiria, se sublevan.

El ejército asirio resistirá veinte años. Serán los medos quienes, con una serie de expediciones metódicas (copiadas de la propia estrategia de los asirios), tomarán sucesivamente Asur (614 a. de J.C.) y Nínive (612 a. de J.C.), que sucumben entre llamas. El último baluarte asirio, en el alto Eufrates, cae en el 605 a. de J.C..

El Imperio de los Sargónidas ha vivido poco más de un siglo.


El Imperio Caldeo o neobabilonio


En Babilonia, después de la caída de las dinastías casitas y de las primeras infiltraciones arameas, se adueñan del poder los caldeos (en esta época, la baja Babilonia se llama Caldea, y este nombre es conservado por los antiguos, que a veces aplican el nombre de Caldea a toda Mesopotamia).

Una serie de reyes caldeos, Nabopolasar (625-605 a. de J.C.), Nabucodonosor (604-562 a. de J.C.) y Nabónides (555-539 a. de J.C.), reconstruyen un gran imperio que se extiende desde el golfo Pérsico al Mediterráneo. Nabucodonosor destierra a Babilonia a los judíos de Jerusalén (en 587 a. de J.C.).

Pero este vasto imperio es tan difícil de gobernar como lo fue el Imperio asirio, o más aún, porque los persas de Ciro entran en escena y, en pocos años, se hacen dueños del mundo oriental: La caída de Babilonia, en 534 a. de J.C., y su reintegración al Imperio persa señalan el final de la historia de Mesopotamia. La toma de la gran ciudad oriental es relatada por Heródoto como sigue:

Ciro recurrió al expediente que voy a referir... Distribuyó su ejército por el río, una parte hacia adelante, en el punto en que entra en Babilonia, y una parte hacia atrás, en el punto en que sale, y ordenó a sus tropas que penetrasen en la ciudad por los dos lados, tan pronto como vieran que el cauce del río era practicable...

Desvió el río hacia el lago convertido en pantano y secando el antiguo cauce, lo hizo practicable. Cuando sus soldados vieron que se retiraban las aguas y que, en el cauce del Eufrates, sólo les llegaban hasta medio muslo, se lanzaron a la ciudad como les había ordenado. Si los babilonios hubiesen podido prever el proyecto de Ciro, no habrían corrido ningún riesgo.

Les hubiera bastado con cerrar las puertas de las calles que conducían al río y, colocándose en los muelles, habrían cogido el enemigo en una trampa; pero los persas les atacaron de improviso, y ellos no pudieron recurrir a este medio de defensa. Por otra parte, la ciudad era tan grande que, por mucho tiempo, los que vivían en el centro no se enteraron de lo que sucedía en el extremo de la ciudad, caído ya en poder de los persas.

El azar quiso que fuera un día festivo, y la población siguió entregada al baile y a los juegos hasta que se enteró del acontecimiento. Así fue conquistada Babilonia por primera vez.
(Heródoto 1/191).


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